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Llegó la hora para Santiago de Cuba

Castillo del Morro / Foto Wikipedia

Castillo del Morro / Foto Wikipedia

La ciudad cubana celebra 500 años de fundada y presenta como atractivos turísticos el ser la cuna de géneros como la trova, el bolero y el son, y un parque de barcos hundidos, producto de la guerra hispano-cubano-norteamericana del siglo XIX

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Huele a pintura fresca, a barniz recién colocado en las remozadas puertas de madera del casco histórico. Hay un nuevo malecón con canteros de plantas y con bancos de hierro para disfrutar de la brisa del mar. Las calles fueron saneadas y la ciudad, la segunda del país, que acaba de celebrar 500 años, está llena de farolas relucientes y brillantes luminarias.

Con La Habana saturada de miles de turistas de todos los rincones del mundo visitándola y la expectativa de que cada vez más estadounidenses viajen a Cuba para saborear la fruta prohibida, Santiago, a unos 800 kilómetros al este de la capital, espera recibir algo de la derrama económica que traen los visitantes.

Pero el camino, que muchos esperan haya comenzado finalmente con las obras de renovación para las festividades de conmemoración de sus 500 años este verano, todavía es largo, debido a la falta de infraestructura de excelencia, de actividades extra hoteleras, de carreteras adecuadas y de promoción internacional, entre otros.

Según las cifras de un estudio de la Universidad de La Habana del economista y profesor José Luis Perelló sólo un pequeño porcentaje de las 3 millones de personas que viajaron a Cuba en 2014 van hasta Santiago.

“No están vendiendo a Santiago, están vendiendo La Habana y el centro del país, de Santiago se han olvidado”, se lamentó Gladys Domenech, de 63 años y quien desde hace 12 alquila una habitación en su casa ubicada en el casco histórico de la ciudad, y que tiene una terraza amplia, con vista al mar, un oasis en el intenso calor santiaguero.

Pese a estar a unos 800 kilómetros de la capital, el viaje en autobús puede tardar unas 15 horas atravesando una carretera de una calzada para la ida y otra para la vuelta, donde se cruzan animales, bicicletas y carretas con productos agrícolas. Los cruceros aún son incipientes, aunque se espera puedan crecer al calor del deshielo con Estados Unidos.

Los vuelos desde La Habana son escasos y solo tres directos semanales llegan desde Estados Unidos, un mercado que los santiagueros esperan poder atraer ahora que la normalización de las relaciones binacionales anunciadas por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama lograron un incremento del 54,1% del turismo estadounidense a la isla y del 16% en general, según el estudio de la Universidad de La Habana.

Quienes logran llegar con éxito a Santiago se encuentran con una ciudad rica en historia, pero con algunos obstáculos como la carencia de alojamiento de alta calidad y actividades extra hoteleras sobre todo en la noche.

A comienzo de 2014, Cuba contaba con unas 60.000 habitaciones, pero según dijo a periodistas una funcionaria local solo unas 1.500 correspondían a Santiago.

Vicente González, coordinador del Centro de Gestión y Manejo del Patrimonio Cultural y Natural Subacuático de Santiago, enumeró algunos valores que cualquier visitante admiraría de la ciudad: la Tumba Francesa, una ceremonia musical en la que se baila, traída por esclavos haitianos en el siglo XVIII que pervive, las callecitas zigzagueantes y sus edificios coloniales de una de las primeras villas españolas en América o su destacado patrimonio musical, pues se trata de la cuna de géneros como la trova, el bolero y el son.

Además, tiene el parque de barcos hundidos durante la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898 que liberó a la isla de España y consagró a Estados Unidos como la nueva potencia del siglo XX. Allí yacen en el fondo marino a escasa profundidad cinco buques españoles y dos norteamericanos con sus mástiles, herrajes, parte de la artillería y proyectiles.

“La ciudad y la región tiene mucho que ofrecer, es sólo cuestión de tiempo antes de que el turismo de Santiago de Cuba se incremente”, dijo Tom Popper, presidente de la operadora turística estadounidense InsightCuba, que por años estuvo trayendo a la isla a sus compatriotas, quienes deben justificar su estancia como viajes culturales, deportivos o científicos debido a las sanciones que Washington impone a la isla.

El atractivo de Santiago es, para Popper, algo obvio al calor de las singularidades políticas y sociales de esta isla. “Sabemos que el mercado estadounidense, aunque pequeño en comparación con el mercado canadiense, prefiere visitar ciudades de Cuba por su historia, su gente y su cultura”, indicó Popper. “Ellos pueden viajar a cualquier parte en el Caribe para las playas, pero lo que quieren ver es la Cuba que les han dicho que no pueden por generaciones”.