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Lisboa Redescubre su Muralla Antigua

La construcción se viene recuperando con recorridos turísticos señalizados | EFE

La construcción se viene recuperando con recorridos turísticos señalizados | EFE

Los rastros de los muros datan de hace 2.000 años y algunos tramos pasan por el interior de restaurantes, museos y edificios

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El urbanismo anárquico de los barrios más antiguos de Lisboa esconde, en realidad, una columna vertebral, el trazado de la antigua muralla, cuya recuperación ha puesto en relieve los más de dos milenios de historia de la capital lusa.

Desde que la ciudad bañada por el Tajo se denominaba Olissipo, en la época romana, hasta la reconquista cristiana, siempre existió la Cerca Velha (Muralla Antigua), que hoy se viene recuperando con recorridos turísticos señalizados y continúa siendo descubierta, poco a poco, con constantes labores arqueológicas.

“Es un trabajo para generaciones y generaciones, no conseguiremos acabarlo”, explicó la arqueóloga Manuela Leitao, del Proyecto de Estudio y Valorización de la Cerca Velha.
 
Ruta circular

Las labores sobre la muralla empezaron cerca del año 2000, pero solo en 2009 se sistematizaron, gracias al apoyo de la cartera de Turismo de Portugal.

Aún hay tramos pendientes de restauración o excavaciones por abrir en varios puntos de la ciudad, en muchos casos en suelo privado.

Los resultados de ese trabajo todavía inacabado se pueden conocer desde el año 2014 a través de un recorrido señalizado con puntos de información, que suscita un interés creciente entre turistas y lisboetas.

Se trata de una ruta circular de un kilómetro y medio con 16 puntos informativos, desde el castillo de San Jorge hasta la orilla del Tajo, siguiendo el trazado de la muralla existente en la época de dominio islámico, cuando Lisboa se denominó Al Usbuna (del siglo VIII al XII).

Los trabajos consiguieron comprobar una hipótesis: que esa planta se corresponde a la perfección con el recorrido de una muralla anterior, de la época romana (siglo II a. C. al IV d. C.), y que incluso hay tramos en los que se aprovecharon bases y sillares romanos. Y es que esta muralla se apoda antigua por oposición a otros muros construidos en el siglo XIV luego de la conquista cristiana (1147) para defender perímetros más amplios de los piratas y los escarceos con los castellanos a medida que  Lisboa  crecía.

Incluso allí donde la Muralla Antigua es casi invisible, como en su descenso por la Alfama, la disposición de casas que crecieron pegadas a su sombra funciona como reflejo de la pared que una vez fue, siguiendo una línea semicircular en ese barrio laberíntico a primera vista. La bajada termina en la Casa dos Bicos, hoy sede de la Fundación José Saramago, uno de los varios palacetes del siglo XVI construidos sobre la parte de la muralla que transcurre junto a la desembocadura del río Tajo.