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Kutná Hora la ciudad de plata

Durante la visita al palacio, un hombre se encarga de mostrar cómo se acuñaban las monedas a la antigua usanza | Fotos Pixabay/Wikipedia

Durante la visita al palacio, un hombre se encarga de mostrar cómo se acuñaban las monedas a la antigua usanza | Fotos Pixabay/Wikipedia

A una hora de Praga, una localidad recibe cientos de viajeros ansiosos por conocer su pasado como el cofre del tesoro de la República Checa

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Los turistas en la ciudad checa de Kutná Hora se distraen un buen rato con la feria ocasional que se arma en esta localidad a apenas una hora de Praga. Montañas rusas, calesas con caballitos, música, puestos de dulces, artesanías y comidas típicas abundan en el lugar. Pero lo que realmente resulta atractivo es su pasado como ciudad de la plata, en la época medieval, cuando fue uno de los sitios más ricos del este de Europa.

Se calcula que 40 % del abastecimiento de plata entre el siglo XIV y XVI en toda Europa provenía de esta localidad.

Y si había mucha plata, había riqueza, prosperidad. Entre el siglo XIII y el XVI fue el tesoro de la corona checa, la ciudad más rica e importante de la región, que hasta llegó a competir con Praga como capital. En la época medieval alcanzó los 50.000 habitantes (ahora se cuentan menos de la mitad). El rey Wenceslao II unificó las monedas en el reino, donde había más de 17 y otorgó a Kutná Hora el privilegio de tener la Casa de la Moneda Real.

En la Corte Italiana, como se llamaba la casa de la moneda, se acuñaban metálicos para todo el reino. Cada moneda, que se llamaba groszes, era de muy buena calidad: 95 % de plata y 5 % de cobre.

Un golpe millonario. Durante la visita al palacio, un hombre se encarga de mostrar cómo se acuñaban las monedas a la antigua usanza y hasta se puede probar y aplastar con un gran martillo una moneda como souvenir... de humilde chapa, no de plata, claro. Un trabajo peligroso, (más de un dedo debe haber quedado aplastado) pero codiciado. Para tener una idea, un minero ganaba 6 groszes por semana y los que las fabricaban, 20 por día.

Ya no quedan minas activas, pero en la época de esplendor había cientos de kilómetros de minas subterráneas, a más de 500 metros de profundidad y en varios niveles. Muchas incluso todavía sin descubrir. Suele suceder que cada tanto aparece un agujero en el piso, profundo, que lleva a nuevos yacimientos que no se conocían.

Como en otros centros mineros, se pueden conocer las minas, aunque solo se desciende 30 metros.

La catedral de Santa Bárbara, patrona de los mineros, es una enorme iglesia de estilo gótico, que se comenzó a construir en 1380, con vitrales que recuerdan el pasado minero y uno de los órganos más importantes de la región.

Otra de las tradiciones locales es la fabricación de estos instrumentos musicales para iglesias, por la gran cantidad de metales que había en la zona. Además de plata, extraían zinc y bronce. Ahora solo queda una fábrica que se ocupa de restauración de órganos antiguos.

En el pueblo hay más de 10 órganos que todavía funcionan. El de la catedral tiene 4.000 tubos. Pero hay uno más grande en la iglesia de Santiago, que tiene 6.000. Todos los años se realiza el Festival de Música en Órgano.


Capilla de huesos

Quizá la visita más memorable en Kutná Hora es el osario de Sedlec, uno de los barrios de la ciudad. Es una pequeña capilla subterránea debajo de la iglesia del cementerio donde el interior está decorado del piso al techo con huesos humanos.

Dicen que hay restos de más de 40.000 muertos, todos expuestos como obras de arte, algunos decoran columnas, otros paredes, arañas, forman cruces y altares.

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII un abad del monasterio viajó a Tierra Santa, juntó tierra del Gólgota y al regreso, la esparció en el cementerio de Sedlec. Pronto todos quisieron este lugar para el descanso eterno en Europa Central. Fueron muchos, la peste negra y las guerras husitas hicieron crecer rápidamente el cementerio.

Hacia el siglo XV, muchos huesos del camposanto fueron trasladados a una capilla subterránea que se construyó para hacer más lugar en el cementerio. En 1870 se contrató a un artesano para que pusiera los huesos en orden y los convirtió en parte de la decoración.