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A Kavak con el asombro del Auyantepui

Opciones para disfrutar de Canaima/Ariana Arteaga Quintero

Opciones para disfrutar de Canaima/Ariana Arteaga Quintero

Cuando resulta complicado subir al Salto Ángel por falta de caudal en el Carrao, los campamentos suelen ofrecer el paseo a Kavak. Se vuela en avionetas de 6 pasajeros y en 30 minutos te asomas por la ventanita para delirar con la visión de la caída de agua más alta del mundo

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Cómo llegar

Hay que volar hasta Puerto Ordaz o Ciudad Bolívar y de ahí a Canaima en un trayecto de 35 minutos. Suelo hacerlo con Trasmandú en aviones de 19 pasajeros. Tienen sus oficinas en el aeropuerto de Puerto Ordaz. Desde Canaima se ofrece el paseo a Kavak y el sobrevuelo al Salto Ángel, especialmente en verano, cuando resulta complicado llegar al Salto en curiara

 

 El acontecimiento de subir por el Carrao hasta isla Ratón para luego caminar entre la selva y encaramarse en el mirador a observar la caída de agua más alta del mundo, es una euforia que marca los sentimientos. Un hito en la vida de un viajero. La foto de rigor para compartir y echárselas en todas las redes sociales. Pero quienes somos viajeros frecuentes de naturaleza y entendemos el bienestar que producen estos encuentros cercanos con el mundo sin intervenciones, somos capaces de apreciar otros paisajes menos notorios, sin la publicidad del “más alto”, “más grande” o “con más fauna”.

Cuando el río Carrao tiene poco caudal, se vuelve una odisea subir hasta el Salto Ángel desde Canaima. Hay que bajarse montones de veces de la curiara, empujarla, remontar los rápidos por el pedreguyero y pasar siglos en la travesía. O simplemente no se puede. Es aquí cuando aparece la gloriosa opción de volar a Kavak y pasarle por encima al Auyantepui para llegar hasta el Cañón del Diablo y ver el salto de agua más alto y famoso del planeta. También pueden solicitar el paseo durante todo el año o ir directamente a Kavak desde Ciudad Bolívar.

 Kavak muestra sus encantos. Esta pequeña comunidad de pemones al pie del Auyantepui estaba tan acostumbrada a la extraordinaria naturaleza que les daba la bienvenida cada mañana, que jamás se les ocurrió que la humanidad estuviera interesada en visitarlos. Fray Víctor de Carvajal, cura misionero encargado de la misión de Kamarata, fue quien los convenció de abrir “esa mina de bondades naturales” al mundo. Desde 1988, Aereotuy  se ocupó de llevar a los viajeros, quienes eran atendidos por los pemones. Recibían hasta 9.000 turistas al mes. Por algunos impasses entre las partes el convenio llegó a su fin y las visitas bajaron a 100  turistas mensuales, aproximadamente. Pero los campamentos seguían ahí, junto a los regalos de la naturaleza, así que la comunidad insiste en reactivar el turismo, manejarlo ellos mismos, hacerlo con un criterio más amable con la naturaleza y la visita. Ahora entienden que no es un destino de muchedumbres.

El paseo más glorioso y práctico es a la cueva de Kavak. En apenas media hora se llega. El primer trayecto es por un senderito de tierra y piedras junto al río, luego se camina por las piedras o por el agua, lanzándose a esas pozas suculentas y frescas cada vez que el cuerpo lo pide. Agua pulcra que viene directamente del Auyantepui, sin un solo ser humano que las contamine. Al final nadas o te agarras de la cuerda en una poza muy grande y luego entras por un cañón –angosto y de paredes de piedra muy altas, como todos– hasta una suerte de cueva, pero sin techo. Desde lo alto cae un chorro enloquecido. Cuesta acercarse nadando, pero si te fajas lo logras. La estrategia es hacerlo pegadito de la piedra y pasarle por detrás, emoción que sólo es posible en verano.

Hay otros paseos. Me encanta subir hasta La Toma, el sitio desde donde baja el agua para la comunidad, gracias a los buenos oficios del misionero visionario. Se asciende por un caminito estrecho, a veces al borde del río y otras por selvita. La vista es gloriosa. Al final la recompensa es una poza preciosa, varias cascadas más arriba, una piedra loca en la mitad a la cual han subido algunos audaces. Lo hice para Bitácora, pero desde que me caí de la liana me volví cauta. No hay necesidad de hacer maromas. Desde Kavak también se sube hasta el Auyantepui en un viaje de siete días. No lo he hecho, pero está pendiente.

 Quedarse por aquí. Son lindos, genuinos, sencillos y pulcros los campamentos construidos por los pemones para recibir a sus huéspedes. Si bien desde Canaima se ofrece el paseo ida por vuelta –salen 10:00 am, aterrizan, suben a la cascada, almuerzan pollo asado delicioso y regresan con el sobrevuelo– es posible pasar 2 días muy activos y dichosos con los paseos. En los 3 campamentos las cabañas son de barro con techo de paja y tela metálica. Kavak Lodge es el más grande con 8 habitaciones, cada una con su baño. Se ocupa Hortensia, quien hizo una habitación nueva y preciosa con terraza. El Campamento Makunaima ofrece una churuata para guindar chinchorros, su comedor y baños compartidos. El de los hermanos Eulalia y Marino Sandoval se llama Campamento Pemón y tiene 2 habitaciones lindísimas. Lo que necesitaban para salir adelante era teléfono, vital para hacer las reservaciones y conectarse a Internet. En diciembre llevaron la antena. Sólo falta que la instalen. A mí me fascina Kavak. Lo recomiendo muchísimo. He ido en varias ocasiones y siempre soy la más feliz. 

 Datos vitales

 Kavak Lodge

Pertenece a la comunidad

Encargada: Hortensia Berti

8 habitaciones dobles. 1 matrimonial

Capacidad 19 personas

Correos: dariku@hotmail.com, kavak_lodge@hotmail.com

Teléfono: (0414) 858 9727

 

Campamento Makunaima

Familia Calcaño

Encargado: Rubén Cova

2 habitaciones dobles

1 churuata para hamacas

Correo: rubendario83@hotmail.com

Teléfono: Zulay Calcaño (0416) 145 2451

 Campamento Pemón

Encargado: hermanos Eulalia y Marino Sandoval

2 habitaciones dobles

Churuata para hamacas

Correos: camppemon@gmail.com, msandoval­_7@hotmail.com, eulaliasandovalkuk@gmail.com

Web: www.cuevakavak.blogspot.com