• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Iván Artal comparte su Gran Sabana

La Sabana tiene otra luz desde lo alto / Arianna Arteaga Quintero

La Sabana tiene otra luz desde lo alto / Arianna Arteaga Quintero

Se mudó a la tierra de los tepuyes en la adolescencia. Se convirtió en campeón de motocross, aunque su primera carrera la ganó en una moto esperrujía. Recorrió todos los caminos a pie, en carro y kayak. Creó “Ruta Salvaje” para compartir sus hallazgos con la visita. Y ahora enseña su hogar desde el aire, con un paramotor

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Al papá de Iván Artal  le gustaba agarrar carretera. Los trabajos estables donde ganara demasiado real le estropeaban el semblante. Fue así como se retiró de la publicidad y fue a dar a Margarita.

Pero cuando unos amigos le hablaron de la Gran Sabana, no esperó ni dos semanas. Convidó a la familia, montaron los macundales en una vieja camioneta grande, pero bajita y sin modernismos 4X4, y arrancaron por la troncal 10 cuando pantanos y subidas eran la euforia de los viejos Toyotas.

Estamos escribiendo de los años setenta. Nada los detuvo. Así se encontraron padre, madre e hijos con los tepuyes, los ríos de colores, la sabana infinita, los cielos muy claros, los pemones, las leyendas de montañas sagradas e inexploradas. En Santa Elena de Uairén supieron que podían seguir más allá y así lo hicieron.

Por ahí consiguieron un terreno que alguien vendía. Ya estaban fuera del Parque Nacional Canaima. Ahí se quedaron los 2 hijos varones, de 15 y 17 años, duchos en las lides de construcción porque ya habían levantado la casa de Margarita junto con su papá. Su misión era hacer un techo, algo que resguardara a la familia por un tiempo hasta lograr el hogar. Se fajaron, lo hicieron con lo que consiguieron y algo de platica que les dejó su papá. A los pocos meses llegó el resto de la familia con la mudanza. Aquí viven, desde hace más de 30 años, rodeados de los tepuyes protectores, ahora en una colina cercana a Santa Elena de Uairén.

Él conoce su Sabana
A pie andaba por esos senderos, aprendiendo de pozas, tepuyes y corrientes. Luego la bicicleta lo llevó más rápido. Pero lo que añoraba era la moto de su hermano mayor. Cuando este compró una nueva, Iván vio su oportunidad. Le juró que se la pagaría a crédito.

Una mañana vio un letrero que anunciaba una carrera de motocross en Santa Elena. Se inscribió. Debía tener casco, guantes y botas. Consiguió hasta las botas prestadas de un viejo corredor que vivía en El Paují. Eran de cuero y cinco tallas más grandes, pero así se presentó a la partida. Era el único de Santa Elena y el más joven. Resulta que ganó en su categoría. El pueblo lo aclamó y el gran magnate de la época en este abandonado pueblo junto a Brasil resolvió patrocinarlo. Lo primero que hizo fue comprarle tremenda moto. Iván la buscó en Puerto Ordaz.

Ni sabía cómo manejar esa nave de lo duro que corría. Se convirtió en el héroe de todas las válidas. Nadie entendía de dónde había salido. Chiquito, flaquito y de Santa Elena de Uairén. Pero subió al podio como Campeón Nacional de Motocross en 1991 y 1992.

Ruta Salvaje
Para compartir sus hallazgos en la Gran Sabana creó “Ruta Salvaje”, una empresa que se reconoce por la churuata en toda la entrada de Santa Elena de Uairén. Es su dueño y guía ejemplar. Ahí tiene una maqueta del Parque Nacional Canaima, cientos de fotos y videos de sus expediciones –pues es fotógrafo– los equipos para hacer rafting, kayak, trekking, su camioneta y las pinturas de su papá.

Atiende siempre Uzbmerys Pérez, la más gentil de las jovencitas, orgullosa de su trabajo  conocedora de todos los destinos. El otro gran guía y conductor es Maikel Artal, hermano menor de Iván, habitante de la Gran Sabana desde hace 29 años. Se conoce los caminos más escondidos, las pozas más sublimes, los mejores instantes para ver y las épocas más felices para conseguir la paz y la energía que brinda esta geografía. Todo lo que hay que conocer en la Gran Sabana ellos se lo saben.

Lo atómico
Siempre que voy a la Gran Sabana llamo a Iván para compartir sus novedades. El único que ofrece kayak y rafting por los ríos de la zona es él. Hay expediciones de varios días en kayak por rutas poco visitadas, acampando en las riberas del río y remando muchísimo. El rafting en la corriente del río Yuruaní –al lado de San Francisco de Yuruaní, después de la cascada– es emocionantísimo. En ocasiones puede alcanzar niveles 4 y 5, pero en otras es accesible para principiantes con niveles 2 y 3.
Otra emoción es pasarle por detrás a la cortina del mismo salto.

Es loquísimo. Vamos en fila india tomados por los hombros, con salvavidas, cascos y medias. Imposible lucir glamoroso con ese atuendo. Si están empezando con un novio ni se les ocurra. Ya adentro ven el río a través de la cortina de agua, suena furioso, juras que te llevará por delante, pero no ocurre. Hay épocas en que puedes cruzar de un extremo al otro. En plena temporada de lluvia hay que ser cautos y atravesar unos pocos metros.

Pero para mí la gran aventura con Iván es compartir sus vuelos en paramotor. Es un experto piloto de parapente y paramotor. Tiene un equipo muy sencillo, pero muy confiable. Un motorcito pequeño que luce pegado a una especie de velocípedo y un ala de parapente. Si el motor falla siempre se puede volar en silencio. Tiene el equipo para volar en tándem –es decir dos personas– Iván atrás y el pasajero feliz adelante con la mejor vista. He hecho vuelos breves por la sabana sobre saltos y morichales, muy temprano en la mañana.

Es la mejor hora. Sobrecoge ver el mundo desde lo alto, pero tan cerca. Sentirse ave por algunos minutos. Entender las dimensiones de ese espacio. Flotar sobre su energía.

Arianna  mi única hija ha ido bastante más lejos. Subió con Iván hasta muy cerca de algunos tepuyes, más de 2.000 metros, en un amanecer glorioso donde los tepuyes aparecieron entre las nubes y mi papá la saludó desde alguna cima cuando ni siquiera sabíamos que ya estaba por esos lados.

Pasó casi dos horas llenándose de cielo y cimas de tepuy. Bajó frenética, cargada de luz, radiante de naturaleza. Son experiencias sublimes. Confieso que confío plenamente en Iván Artal. Adoro su respeto por la naturaleza, su prudencia cuando se trata de convivir con estos espacios, la plenitud que es su vida y la honestidad con la cual la comparte. Para mí un viaje a la Gran Sabana jamás está completo si no lo veo, si no me entero en qué anda, si no conversamos siquiera media hora.

Datos vitales
Iván Artal
Web: www.rutasalvaje.com
Teléfono: (0414) 889 4164/ (0289) 995 1134
Correo: rutasalvaje@gmail.com
Coordenadas: N4 36.525 W61 06.396
Oficina en toda la entrada de Santa Elena de Uairén, una churuata bella