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Ise tierra sagrada de Japón

Puerta torii, arco tradicional japonés que marca la frontera entre el espacio profano y el sagrado | Foto EFE

Puerta torii, arco tradicional japonés que marca la frontera entre el espacio profano y el sagrado | Foto EFE

Las riberas del río Isuzu son consideradas las más limpias y puras del archipiélago

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Situada en la prefectura de Mie, en la región centrosur de Japón, la ciudad de Ise es un paraje rodeado de frondosos bosques bañados por las aguas del río Isuzu, cuyas orillas son uno de los lugares más limpios y puros del archipiélago, comenta Nobuyoshi Sugiura, sacerdote del Gran Santuario desde hace más de 26 años.

Los libros más antiguos de Japón, el Kojiki y el Nihonshaki, cuentan que fue allí donde hace más de dos mil años la princesa Yamatohime, hija del undécimo emperador nipón, tuvo una revelación tras recorrer el país en busca del lugar idóneo para establecer un templo en el que adorar a la diosa Ise.

Ese fue el origen del Naiku, uno de los dos templos principales, donde desde tiempos que escapan a la memoria se venera a la deidad y se guarda el Espejo Sagrado, uno de los tres tesoros imperiales de Japón, y donde se esconde Amaterasu (diosa del Sol).

El segundo santuario principal, el Geku, se construyó en la era del vigésimo primer emperador, hace unos 1.500 años, consagrado a Toyouke, diosa de los cereales, los alimentos y la industria.

Cada año cerca de seis millones de personas visitan el Santuario, cuyo área tiene aproximadamente el tamaño de París y en la que se distribuyen 125 jinja (templos sintoístas) menores. Los peregrinos recorren sus idílicos parajes desde el Geku hasta el Naiku, como marca la tradición.

Una cifra que puede llegar a duplicarse cuando tiene lugar el Shikinen Sengu, una ceremonia de purificación celebrada cada 20 años, en la que alternamente, tanto el Naiku y el Geku, como los tesoros del Santuario y el puente Uji, que se alza sobre el río Isuzu en la entrada al Naiku, se reconstruyen con las técnicas artesanales tradicionales.

Aunque el mayor reclamo de la zona es el Santuario, existen en Ise otros lugares que merecen la pena visitar, como Meoto Iwa (literalmente rocas casadas), un par de islotes rocosos situados en el mar del pequeño pueblo de Futami, que se encuentran atados por una pesada soga hecha de paja de arroz denominada shimenawa. Cada 5 de mayo, 5 de septiembre y el primer o segundo fin de semana de diciembre, residentes y curiosos se congregan frente a ellas para ver el cambio de soga.

Los sacerdotes la consagran, pero son los lugareños quienes con mimo y orgullo guían la cuerda hasta los encargados de unir las rocas nuevamente.

Reconstrucción única
Con el fin de mantener las edificaciones en buen estado y haciendo gala del desapego a lo material y la creencia sintoísta de que la naturaleza muere y renace en un período de dos décadas, se lleva a cabo la ceremonia del Shikinen Sengu: los dos santuarios principales vuelven a erigirse empleando la madera del ciprés japonés (kiso hinoki), manteniendo el estilo arquitectónico del shinmei-zukiri, un estilo autóctono previo a la llegada del budismo y que no puede utilizarse fuera del santuario.