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Ilusión danesa en California

Solvang, un pueblo danés en California, Estados Unidos

Solvang, un pueblo danés en California, Estados Unidos

Solvang, a dos horas de Los Ángeles, cultiva el espíritu de Dinamarca con sus molinos de viento y casas de techos en punta con tejas oscuras

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Solvang

Else Marie se despierta todos los días para abrir una de las tiendas más concurridas de Solvang: Ingeborg's Danish Chocolates. De camino al trabajo se cruza con sus vecinos y se saludan con un god morgen (en danés). En su local fabrica bombones nórdicos típicos con mazapán, licor o menta. Su vida transcurre normal, como si viviera en su tierra, Dinamarca. Pero está en California, Estados Unidos. Muy cerca de las montañas y con sol todo el año.

Entre 1850 y 1930, Estados Unidos recibió inmigrantes daneses que buscaban un horizonte económico más próspero. A principios del siglo XX muchos se asentaron en el condado de Santa Bárbara, a dos horas de Los Ángeles. Dicen que fueron dos maestros quienes tuvieron la idea de recrear allí una villa danesa, para crecer sin olvidar sus raíces. Otros compatriotas los siguieron. Y nació Solvang (tierra soleada, en ese idioma), con sus molinos de viento; tiendas con carteles de tipografía gótica y letras que no pertenecen a nuestro alfabeto; casas de techos en punta con tejas oscuras, y listones de madera en sus fachadas, y restaurantes, cervecerías y panaderías que convidan la gastronomía del país europeo.

Hoy viven en Solvang 5.200 personas, pero la visitan 1 millón de turistas al año, que duermen en alguno de sus 15 hoteles y compran en 150 tiendas. Si bien Dinamarca tiene edificios modernos y arquitectura de vanguardia, nada de eso se ve en Solvang. Porque aquí se vive como antaño. “Somos más daneses que en Dinamarca”, se ríe el hombre detrás del mostrador en un local de delicatessen.

A bicicleta. La ciudad es pequeña, pero bastante grande para conocerla a pie. Lo ideal es alquilar algunas de sus bicicletas para cuatro y seis personas, que parecen autos de pedal, para verla en su totalidad.

Hay algunos molinos escondidos, como el de Hamlet Square. Y todo circuito conducirá a Copenhagen Dr, una de las principales calles. Es válido parar en cualquiera de las variadas panaderías para comer un hanekam, un dulce, o probar –cómo no– unas galletitas danesas en The Solvang Bakery.

Hay tiendas para saborear vinos, comprar muñecas, antigüedades o coleccionables, y recuerdos de los típicos y no tanto. Para completar la ilusión de estar en el país europeo hay una réplica de la Sirenita de Copenhague, el busto del escritor Hans Christian Andersen y el museo que lo rememora.

El tranvía (también conocido como Honen) es un vagón histórico de madera, réplica de los escandinavos de 1800, arrastrado por dos caballos. Provee tours guiados por toda la villa por un costo de 10 dólares.

Otra de sus características es la intensa vida en comunidad. Hay festivales, encuentros y fiestas típicas durante todo el año. Pero la fiesta con mayor convocatoria es el Danish Days Parade, tres días de tributo a las raíces de esta ciudad.

Más información en www.solvangusa.com.