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Hoteles y museos con pasado de alta costura

Aromas, colores y texturas en jardines y rincones de hogares confortables | Foto EFE/Wikimedia/Dior.com

Aromas, colores y texturas en jardines y rincones de hogares confortables | Foto EFE/Wikimedia/Dior.com

La villa que construyó y decoró mademoiselle Coco volvió a las manos de Chanel, un refugio para evadirse como lo fue Le Jardin Majorelle para Yves Saint Laurent o Casa Casuarina para Gianni Versace

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Que Chanel haya anunciado la adquisición de La Pausa trae a la memoria las moradas de otros grandes artistas cuya imaginación y creación se alentó gracias a los aromas, colores y texturas de los jardines y rincones de hogares confortables, en los que se dejaban llevar por los juegos y el relax. Donde, a pesar de alejarse de patrones, agujas e hilos, su mente iba almacenando tonos y nuevos diseños.

El 30 de septiembre de 1928, Coco Chanel compró el terreno donde haría construir la villa La Pausa, la única de sus casas que ella misma diseñó, construyó y decoró en la Riviera Francesa. Con impresionantes vistas al Mediterráneo, dominando Cap-Martin desde sus ventanas, la diseñadora encontró un lugar donde escaparse y rendirse al sosiego.

La decoró de forma sencilla y moderna, pero muy nueva, cosechando un éxito inmediato entre los amigos que la visitaban como Misia Sert, y artistas como Jean Cocteau, Serge Lifar, Paul Iribe o Salvador Dalí, entre otros. Una atmósfera relajada donde las ideas bullían.

En 1954 Chanel vendió esta propiedad, con todos sus muebles, a Emery Reves, un editor y escritor estadounidense que confirió un nuevo resplandor a la villa acogiendo a amigos de gran nivel, como Jackie Onassis, Winston Churchill o Greta Garbo.

Ahora vuelve a manos de la casa francesa, que después de otorgarle un aire de renovación, pretende recuperar su espíritu original, con el que volverá a nacer para hacer brillar la cultura y los valores Chanel, indican en la maison.

Versace en Miami. Casa Casuarina, construida en 1930, se ha convertido en uno de los puntos emblemáticos que deben visitar todos los turistas que pasan por South Beach, en Miami.

Gianni Versace compró la villa en 1992 y cinco años después fue asesinado justo frente a sus puertas. La lujosa mansión de estilo imperio romano dispone de 1.767 metros cuadrados, repartidos en 10 habitaciones, 11 baños, una espectacular piscina de mosaicos con incrustaciones en oro y está decorada con pisos de madera, esculturas y frescos mitológicos.

El jardín del refugio más íntimo del creador italiano lo preside una estatua de la voluptuosa diosa Afrodita. Esculturas de bronce y las simbólicas cabezas de Medusa –el sello personal de la firma– desarrollan un ambiente recargado de estucos y dorados.

Lo que fue un viejo edificio de apartamentos de estilo español se transformó, después de las reformas que realizó el modisto, en un palacio al más puro estilo romano.

Actualmente, el palacete pertenece a la familia Nakash, dueña de Jordache Enterprises, que pretende reconvertirla en un complejo hotelero, después de adquirirla en subasta a su anterior propietario, Peter Loftin, quien se había declarado en bancarrota.

Marrakech y Saint Laurent. Las esencias, los colores y las texturas del norte de África fueron las que atrajeron al diseñador francés Yves Saint Laurent hasta la ciudad marroquí, donde pasó largas temporadas en un exilio en el que resplandecía su creatividad.

El Jardín Majorelle fue, en un principio, un palacio de art déco, construido en 1922, donde residió el pintor orientalista Jacques Majorelle, fallecido en 1962 y, tras comprarlo en 1980, el modisto le añadió un jardín botánico de especies raras.

Al morir el diseñador, su compañero Pierre Bergé creó una fundación que se encarga de gestionar el espacio y abrirlo al público, un lugar en el que en 2017 está previsto que dé acogida al futuro Museo Yves Saint Laurent.

La Normandía de Dior

La exuberancia de los jardines de la normanda Villa de Granville –donde Dior vivió su primera infancia y el lugar en el que después pasara sus vacaciones estivales, en una gran roca sobre el mar– sirvieron para que el diseñador recreara después el tono de sus rosas en textiles y en perfumes (Granville de la colección Privée es buena muestra) y donde el gris de los días de lluvia y de bruma también quedan plasmados.

Dior pasó muchas tardes memorizando el nombre de las plantas con libros de horticultura en la mano y paseando por la magia de un jardín diseñado como un parque inglés, en un hogar que la ruina le arrebató a su familia, pero que hoy le rinde homenaje como el gran Museo Christian Dior.