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Hato El Cedral, paraíso de la fauna silvestre

Hato El Cedral | Foto: Arianna Arteaga Quintero

Hato El Cedral | Foto: Arianna Arteaga Quintero

En 53.000 hectáreas de tierras planas viven dichosos, en libertad y sin mortificaciones más de 10.000 chigüires, 120 especies de mamíferos y casi 367 especies de aves. Sobre las habitaciones de los visitantes duermen las aves en un garcero armando su alboroto al amanecer y al atardecer. Los venados se acercan a la casa y las cigüeñas ponen sus nidos en los alrededores. Apure quiere convertirse en la potencia turística de Venezuela

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“Tenemos la firme intención de convertir Apure en una potencia en turismo. Vamos a demostrar que sí se pueden hacer operaciones conjuntas de ganadería con ecoturismo sin que uno afecte al otro. El turismo mejora la economía del hato y la supervivencia de las especies autóctonas porque la vigilancia se mantiene los 365 días del año, contrario al manejo de la ganadería que solo está de lunes a viernes”, explica Tulio Aguilera, presidente de la empresa socialista ganadera agroecológica Bravos de Apure, la responsable del hato El Cedral.

El plan es crear un circuito de hatos. El Cedral, que ya funciona. El Frío, que fue totalmente devastado desde su expropiación, pero que tratan de recuperar. El Santa Elena, una casona frente a una laguna en una sabana muy cerca del río Cinaruco. Y La Trinidad, al cual se llega navegando por el río Arauca desde Elorza. Aquí está enterrada Pancha Vázquez de Carrillo, la dura mujer que inspiró a Rómulo Gallegos para crear su personaje Doña Bárbara.

¿La presencia de los visitantes que vienen atraídos por la riqueza de fauna ha sensibilizado a los llaneros para cuidar a los animales?

“Indudablemente. Todo el que llega a nuestro grupo de empresas no pasa un mes sin que entienda la realidad interna. Más bien se dan cuenta de que lo triste es no haber cuidado los animales toda su vida”, dice.

Uno de los cambios notables en el llanero que trabaja en las reservas de fauna es cómo en lugar de utilizar su conocimiento del comportamiento animal para cazar, lo aplican para mostrar sus características a la visita. Musiú –que así le dicen a uno de los guías más amorosos y conocedores de El Cedral– tiene algunos animales que lo esperan para mostrar sus habilidades a la visita. Roberto –el babo– aguarda en el caño Matiyure para que le den su pellejo de pollo. Da brincos desaforado, luciendo sus dientes hasta que se devora el manjar. El gavilán colorado está atento hasta que le lancen la piraña con su trocito de bora en la boca para que flote. En cuanto la ve desde lo alto del árbol vuela magistralmente, despacio, como en desfile de Ángel Sánchez, hasta que agarra su pecesito naranja con las garras y se retira a degustarlo con calma o a llevarlo a sus crías. Musiú les avisa a los anonadados turistas para que preparen sus cámaras de fotografía.

 Un paseo de asombro

Salimos con Musiú a recorrer el hato encaramadas en un camión. Nos bajamos en un terraplén junto al caño Matiyure. Los chigüires reciben sus primeros rayos de sol tranquilazos. Su único pendiente en la vida es lanzarse al agua, tomar sol y copular desatados. Logran hacerlo hasta 23 veces de una sola vez, siempre dando brincos por el agua junto a la dama de sus desvelos. Ahí estaba una madre orgullosa con su cría, chigüiritos de 4 días primorosos y peluditos. Uno se alejó a curiosear la naturaleza, el río lo cautivó, se acercó, oímos un escándalo de agua y ahí estaba la anaconda apretando al chigüirito. En segundos cambió el panorama. De la ternura al dolor. Del asombro a la angustia. La madre se quedó inmóvil con la esperanza de ver salir su cría. Nosotras impactadas con esa escena viva del comportamiento animal. Es lo que ocurre cuando los animales se sienten cómodos, libres, sin nadie que los cace, ni acose, ni persiga. Es “la vida misma”. La anaconda no se comió al chigüirito. Lo dejó flotando con los ojitos brotados. Musiú la sacó del agua para que la pudiéramos observar. Medía casi 6 metros, estaba gorda y robusta, se movía con lentitud. Son rápidas en el agua. La dejamos en paz para que regresara a su hogar. Ella es así. Caza a los desprevenidos. Todo animal tiene su depredador.

Los venaditos nos miran con esos ojazos, dan la vuelta y se retiran sin prisa. Vimos uno albino que casi nos modeló. Las cigüeñas o pionios anidan muy cerca del campamento. El garzón soldado sube hasta las copas de los árboles para hacer su nido. Jamás los abandona. Cuando él se va a buscar alimento, ella se queda, o lo contrario. Al final de la tarde, garzas, cotúas y corocoras vuelan como llamadas por las campanas del juicio final a posarse en el montón de árboles que dan sombra al campamento. Supongo que se ocupan de proteger el sueño de los huéspedes. Cuando dan las 5:00 de la mañana empieza el aleteo, el estiramiento, la alegría del día. Salen de nuevo a buscar otros paisajes. Este garcero tiene más de 40 años en los alrededores del campamento.

También cerquita del campamento quedan los zoocriaderos de tortuga arrau y caimán del Orinoco. Los crían hasta que llegan a un tamaño que les permite defenderse solitos, entonces los sueltan. Cada año son cientos de animalitos. Es una ternura verlos bebecitos protegidos por sus cuidadores. Los alimentan con afecto y hasta les da dolor desprenderse de ellos, pero saben que es para su bien. Igualito que los padres con los hijos.

El campamento

El hato El Cedral depende directamente del Ministerio de Agricultura y Tierras, pero tiene sus oficinas en el Alba Caracas para hacer las reservaciones. Tiene 25 habitaciones con aire acondicionado, TV y baños, muy sencillas, pero perfectas para descansar y ser feliz. La tarifa es de Bs 2.200 para turistas venezolanos y Bs 2.600 para extranjeros. En ambos casos incluye hospedaje, comidas y paseos. “Queremos ofrecer precios solidarios para que pueda venir mucha gente de todas partes de Venezuela”, nos indica Tulio Aguilera. Está ubicado cerca de Mantecal en el estado Apure. Se puede llegar desde San Fernando de Apure tomando la vía de Mantecal o desde Barinas. Es bueno informarles que la vía Mantecal-San Fernando está en perfectas condiciones. Hay vuelos Caracas-San Fernando viernes, domingo y lunes. A Barinas hay vuelos diarios desde Caracas excepto los sábados.

Cuando estuvimos en El Cedral en julio del año pasado hicimos algunas recomendaciones para mejorar la comida. Fueron tomadas en cuenta. La oferta es sencilla, muy llanera, con granos maravillosos, ahora ofrecen cachamas porque tiene un criadero, hay frutas en el desayuno y colocan vegetales cosidos o crudos. Ya los trabajadores no comparten el comedor con la visita. Era un enredo porque no había sitio para todos y la comida no alcanzaba. Están llevando pasantes del Hotel Escuela de Mérida para que los apoyen en el área gastronómica. Si algún cocinero ejemplar quiere prestar sus servicios durante una temporada, seguramente será bienvenido. Confieso que el cambio es notable.

Mi recomendación es que lleven a los niños al hato El Cedral. Admirar los animales en libertad hará que siempre los cuiden y respeten. Es una enseñanza para toda la vida.

 

Hato El Cedral

Vía Mantecal desde San Fernando de Apure

25 habitaciones

Teléfono: Glenis Cova (0416) 502 4064

Web: www.elcedral.com