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Haciendas con historias y aromas en México

Una de las zonas más bellas de la Hacienda Pacho Nuevo / Foto cedida Hacienda Pacho Nuevo

Una de las zonas más bellas de la Hacienda Pacho Nuevo / Foto cedida Hacienda Pacho Nuevo

México es mundialmente conocido por sus haciendas con grandes historias. Pacho Nuevo, con sus cuatro siglos de vida, está catalogada como Monumento Histórico y en su interior alberga relatos de caña de azucar, café y cine

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En la zona central del estado de Veracruz (Golfo de México), concretamente en las cercanías de la capital estatal, Xalapa, encontramos la Hacienda de Pacho Nuevo, también conocida como la Hacienda de Nuestra Señora de los Remedios.

Atrapada en el municipio de Emiliano Zapata es una de las propiedades históricas mejor conservadas de la zona y uno de sus principales atractivos turísticos.

Tiene más de cuatro siglos de vida y fue catalogada de Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) pero, además, su trayectoria está asociada a la ruta del prestigioso café veracruzano y también al séptimo arte, al haber albergado el rodaje de películas como la mexicana “El crimen del padre Amaro” o la estadounidense “Daño Colateral”.

Sus veinte hectáreas, divididas entre el antiguo casco de la hacienda y la plantación de café, pertenecen a un área geográfica abundante en agua por la humedad proveniente del Golfo de México, que al topar con el Cofre de Perote (montaña de más 4.000 metros sobre el nivel del mar) se queda en este territorio de frondosa y exuberante vegetación.

El origen de la hacienda “data de 1592, cuando un portugués inscribe en el Registro Notarial un ingenio de caña de azúcar ubicado a una legua de Xalapa” que se “llamaría Nuestra Señora de los Remedios de Nexapa”, explica Marisa Moolick Gutiérrez, ambientalista, productora de café, defensora del patrimonio histórico nacional y dueña de la finca.

Los antecedentes del lugar se remontan, sin embargo, a tiempos prehispánicos, cuando “indígenas totonacas vivían en un lugar que llamaban Nexapa, alrededor de un manantial”.

Por este punto, que fue habitado por la Compañía de Jesús, por un obispo y por otros españoles en tiempos de la colonia, pasaron muchos viajeros rumbo al centro de México, desde Hernán Cortés hasta dos personajes alemanes históricos como el explorador y naturista Alexander von Humboldt y el pintor Johann Moritz Ruhendant, “que tiene un cuadro que pintó de la capilla en 1829”, detalló Moolick.

Según la actual dueña, el nombre de Pacho Nuevo se lo debe a “un español que fue regidor en la Ciudad de México y que en 1620 compró la propiedad”, Luis Pacho y Mexía.

La casa familiar vigente fue construida por José Julián Gutiérrez, tatarabuelo de Marisa Moolick, después de la Independencia de España, de 1840 a 1848.

A Gutiérrez se le atribuye la modernización del proceso industrial de transformación de la caña de azúcar.

Pero la historia de la propiedad ha estado marcada por “años tumultuosos” y “llenos de reveses”, con la llegada del Ferrocarril Interoceánico, que atravesó los terrenos de la hacienda, en 1875, para conectar el Pacífico con el Atlántico, en este caso a través del Golfo de México.

La hacienda “tiene una vocación turística”, pues además de su belleza, forma parte de las rutas del café y del patrimonio histórico local que se realizan desde Xalapa y Coatepec, otra población veracruzana.

Pacho Nuevo tiene algo muy especial que hace de este lugar un sitio mágico: desde el patio de la finca puedes observar la hacienda en 360 grados.

Muchos grupos de estudiantes, desde alumnos de primaria hasta universitarios, la visitan atraídos por “la manera de vivir de la gente en el pasado, cada vez más diferente a la vida que llevamos hoy en día, pero también por su interés en la historia regional y de las haciendas”, según Moolick.

El casco “es un gran espacio didáctico”, ya que en él se puede apreciar que esos recintos “eran espacios de transformación agrícola” movidos por “ruedas hidráulicas”, que usaban tecnologías arcaicas pero efectivas.

Se puede vislumbrar una forma de vida ya desaparecida, también en lo que se refiere a “sus sistemas espirituales y laborales”, pues cuenta con una capilla.

Además de la atracción turística, el lugar es muy atractivo como escenario de eventos sociales, que van desde bodas a banquetes o reuniones en los hermosos jardines de la propiedad.

En el siglo XIX Pacho Nuevo comienza paulatinamente a cambiar del cultivo de la caña de azúcar por el del café arábigo.

Ya en el siglo XX, tras la Revolución Mexicana y como resultado de la reforma agraria, “las tierras de la Hacienda fueron expropiadas para formar cinco ejidos, y la finca dejó de existir como tal”, narra su propietaria.

Los antiguos edificios industriales, sus hornos, paredones y puente, el acueducto, las viviendas de los trabajadores, la casa y la capilla, que es del siglo XVII, permanecen como testimonio de cuatro siglos de historia social, laboral e industrial.

Los recursos naturales de los que disponía Pacho Nuevo, como el agua, los bosques, la madera y los pastos, permitieron que tuviera también “una fuerte actividad ganadera”.

Según Moolick los veracruzanos son los “acaparadores del agua nacional, pues en este estado cae el 30 por ciento del agua de lluvia en México”.

Esa abundancia de humedad y la calidad de la tierra son terreno fértil para la producción de café, que en Pacho Nuevo se cultiva “sin herbicidas” y “con muchas sombras”, según la propietaria.

Moolick se centra ahora más que nunca en las plantaciones de café para hacer frente “al crecimiento de la mancha urbana de Xalapa y a los efectos del cambio climático a nivel local”.

“Gracias a su conservación, los grandes árboles de sombra son hábitat para insectos, anfibios, aves, murciélagos, hongos epífitos y helechos, que ofrecen servicios ambientales importantes, como la polinización, el mantenimiento de la fertilidad de los suelos y el almacenamiento de carbono”, remacha Moolick.