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La Gran Sabana, entre el esplendor y la miseria

Sobre la laja de jaspe corre el agua en Sorerek | Foto Pisapasito

Sobre la laja de jaspe corre el agua en Sorerek | Foto Pisapasito

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La sabana está muy verde porque ha llovido. Los ríos están caudalosos y los saltos caen contundentes y felices. Los puri-puris se alborotan y espantan a la visita que es muy poca porque la temporada es baja. La soledad es tremenda aliada en un recorrido por los orígenes del planeta. Mientras la naturaleza muestra su esplendor, un grupo de pemones, cuya obligación por ley es proteger su territorio, se dedican a la minería en pleno parque por lo que destrozan bosques y ríos

“Están destruyendo mi tierra. Es una violación a todas las mujeres pemonas porque se trata de la madre tierra y nuestros mismos hermanos la están acabando”. Así nos recibe Mercedes Castro, a quien le corresponde resguardar el Salto Kawi donde tiene su campamento Non Pomoi junto con su marido y sus tres hijos, todos pemones nacidos y criados entre tepuyes.

“Mis hermanos dicen que es por necesidad, pero nuestros abuelos siempre vivieron de la agricultura. Lo que pasa es que llegó el capitalismo. Un gramo de oro cuesta mucho dinero. Vienen, hablan con el capitán de la comunidad y le piden que convenza a sus hermanos de trabajar la minería. ¿Quién no lo va a hacer con lo que ganan por el oro? Están en Aponwao, Kamá, Mirador del Oso, Jaspe. Tengo mi constitución. Le pedimos al presidente Chávez que nos entregara el resguardo de nuestras tierras. Tenemos que cuidarlas. Les digo a las mujeres que les digan a sus maridos que no destruyan. ¿Qué ejemplo les estamos dando a nuestros hijos? Un día viene cualquier gobierno, entrega nuestra tierra y ¿qué vamos a reclamar si no hemos dado el ejemplo? Sin todos los pemones nos unimos ¿quién puede entrar a nuestra tierra?

La naturaleza mantiene su esplendor

Recorrimos la Gran Sabana durante una semana. No hay visitas. Llueve bastante, los puri-puris atacan con fiereza, los tepuyes se esconden a cada rato, pero cuando aparecen lo hacen radiantes entre una ventana de verdes porque la sabana está luminosa. Sus lomas tienen las redondeces de las mujeres embrazadas y el color de las esmeraldas. Las lajas de jaspe encandilan cuando el agua les corre por encima y el sol les pega de ladito. No hay incendios. No hay humo. El cielo se nubla y en cuanto llueve queda limpiecito con las nubes blancas y esponjosas.

Acampamos una noche en las Cascadas de Manakachi. Es el impecable campamento de Rommel Mauricio Montero, un fajado que protege el ambiente, no permite música después de las 9:00 de la noche, exige que se lleven la basura, coloca indicaciones de cada poza con la profundidad, ha hecho jardines y diariamente limpia y desmaleza su sitio.

En el kilómetro 870 queda El Sorerek, un sencillo campamento con tres churuatas, sin baños, área de carpas y una gigantesca laja de jaspe por donde corre feliz el río Soroape. Al fondo, una lomita de grama preciosa. Caminas buscando cascaditas y pozas, te das masajes, baños, sacudones y te lanzas por los toboganes.

En el kilómetro 866 deben fijarse en un senderito de tierra de pocos kilómetros por donde se llega hasta El Oasis. Verán una churuatica solitaria en la lomita, se asoman y ahí está la poza por la que cae una cascada contenta. Bajan por un caminito malandro con mucho cuidado y se lanzan. Yenchitón es el campamento de Eleuterio y Dilia, los dueños de la posada Minina en San Francisco de Yuruaní, una pareja de pemones esmerados y trabajadores. Son unos cuantos kilómetros desde la entrada en el kilómetro 865. Verán el letrero. Sigan el camino más trillado y deben llegar. Cuando piensan que se perdieron, ahí es. Un sitio atómico. Una poza gigante frente a las churuatas con su arena de playita rica, una loma con un arbolito en la cima, toboganes, más pozas, una cascada, dos tepuyes que se asoman a un lado, aquel silencio, aquella luz. Es una gloria de la naturaleza. Un regalo de Dios. Le hizo unos baños bien buenos, pero la erosión los separó de la cocina. Puso un puente y parece que también se le va a caer, pero lo que nunca falla es el esplendor de la naturaleza.

La angustia

La Gran Sabana pertenece a las tres millones de hectáreas del Parque Nacional Canaima, patrimonio de la humanidad. Ahora hay un grupo fomentando una iniciativa de bautizarlo Auká porque Canaima significa diablo. Siempre el empeño por cambiar nombres en lugar de atacar los verdaderos problemas. No se puede practicar la minería en el Parque Nacional Canaima. Está prohibido por ley. Los pemones no pueden ir por encima de la ley que debemos respetar todos los venezolanos. Se trata de los inicios del planeta. De la tierra más anciana del mundo. Confío en la fortaleza de la naturaleza para defenderse si los pemones –sus guardianes naturales por nacimiento y por la nueva ley– no son capaces de cumplir el mandato.



Datos
Vitales
Campamento Ecológico Manakachi
Km. 796. 9 churuatas, baños

El Oasis
Km 866. Una churuata

El Sorerek
Km. 870.  Dos churuatas. Área de carpas

Yenchitón
Km. 865.  Churuatas, área de carpas, cocina, baños
Teléfonos: (0414) 8866771, (0416) 5997977, (0426) 8988778.