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Gourmet y obras de arte rodantes en un solo lugar en Miami

Este espacio ofrece una experiencia donde vista, gusto y oído se mezclan con el lujo de los automóviles que rodean al visitante / Foto EFE

Este espacio ofrece una experiencia donde vista, gusto y oído se mezclan con el lujo de los automóviles que rodean al visitante / Foto EFE

Miami Supercar Rooms es un espacio donde se da una fusión entre el arte culinario y tesoros sobre dos y cuatro ruedas

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Los Ferrari Daytona y Testarossa de la popular serie de televisión Miami Vice fueron de las primeras formas sugerentes que se vieron sobre el asfalto de la “Magic City” estadounidense, convertida en la actualidad en una galería de obras de arte rodantes.

Y si algo caracteriza a lo artístico es su capacidad para adaptarse a cualquier forma. Y de formas, vehículos y arte, el fundador del Museo del Motor de Londres y creador del espacio Miami Supercar Rooms, Elo, tiene mucho que decir.

Elo parte de la base de que el “sex appeal de Miami se lo dan los súper vehículos”, que para este exmodelo y diseñador de moda son auténticas obras de arte, dignas de ser admiradas al mismo nivel que un Picasso.

Al igual que le ocurrió con un Rolls Royce, este londinense sintió amor a primera vista al llegar al barrio de Wynwood, que acoge en Miami a lo último del arte, y encontrarse con sus muros de vistosos colores, donde los grafitis eran considerados piezas de arte.

Y así, tras descubrir un área floreciente en el negocio creativo, quiso poner la guinda de “lujo” entre tanto spray de pintura con su colección privada de vehículos clásicos.

Con un repertorio de doce joyas sobre ruedas, Elo trajo a Miami su toque de “vanidad”, ingrediente principal que, según el coleccionista, hace tan especial a la ciudad floridiana.

Mil trescientos metros cuadrados ha necesitado este coleccionista para ofrecer a los locales y turistas Miami Supercar Rooms, un espacio donde se da una fusión entre el arte culinario y el que, con una inyección de fuel, se desplaza por la carretera.

Este espacio ofrece una experiencia donde vista, gusto y oído se mezclan con el lujo de los automóviles que rodean al visitante, que al mismo tiempo puede disfrutar de una nada económica cena (3.000 dólares por una mesa de seis comensales) mientras un DJ ameniza desde su cabina de mezclas, una camioneta Chevrolet C30 de 1971.

Y es que el fundador del Museo del Motor de Londres ha querido unir en un solo espacio, una oferta gourmet cosmopolita con auténticos tesoros de dos y cuatro ruedas.

Ser un amante de los vehículos, y sobretodo de los clásicos, ha hecho que el inglés haya metido en su garaje una colección envidiable para cualquier aficionado al mundo del motor.

Esta especie de museo-restaurante tiene un repertorio que va desde un Pacific by Delahaye USA (1935), único modelo existente en la actualidad, hasta un Shelby Supercar Ultimate Aero TT (2007), considerado el automóvil más rápido del mundo entre los años 2007 y 2010 por romper entonces el récord de velocidad.

Desde Italia muestra dos vehículos vintage, un 450 S Maserati (1958) y un 196 SP Ferrari (1961), conocidos respectivamente uno por ser el primer automóvil italiano en tener un motor de ocho cilindros, y el segundo por ser el primer vehículo diseñado por Enzo Ferrari junto a su hijo Alfredino.

También en Europa, en este caso Alemania, adquirió un SL 300 Mercedes Gullwing (1955), considerado por Elo una de las siete maravillas del mundo de los súper vehículos.

Los autos de película también han encontrado su sitio en la colección, como es el caso de Eleanor, el famoso Ford Mustang GT 500 (1967) del filme 60 segundos con Nicolas Cage, o el Ferrari Testarossa (1988) de Miami Vice, del cual sólo se fabricaron once unidades de color blanco.

Y desde Florida a California llegan respectivamente un DeTomaso Pantera GTS (1972) y un DeLorean DMC-12 (1981), archiconocido por su aparición estelar en las película de la saga Back to the future.

Todo en la galería desprende un aire exótico y de lujo, como el Ford Hot Rod Sling Shot del año 1931 e incluso el tractor Lamborghini del año 1953, del cual solo queda un ejemplar en América, de los tres que han logrado superar el paso del tiempo.

Pero si hay un automóvil especial dentro de la colección para Elo es un Rolls Royce Bootch de 1929, vehículo considerado entonces la quinta esencia de los autos clásicos británicos y único ejemplar fabricado.

De esta manera, Elo trajo su “trabajo de toda una vida” a Miami, la capital de la “extravagancia y el lujo”.