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Frascati: una experiencia gastronómica de lujo

"Tuvimos la fortuna de probar una degustación fabulosa de comida típica italiana" / Ángela González

"Tuvimos la fortuna de probar una degustación fabulosa de comida típica italiana" / Ángela González

En un pueblo de Italia está el restaurante Belvedere del 1933, de Roberto y Nelson Rosica, venezolanos que emigraron a la tierra de su padre hace 13 años

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Viajar tiene muchos atractivos: conocer lugares, historia, gente y además deleitarse con la gastronomía de cada país. Si a eso se añade encontrar un sitio con comida local exquisita preparada por venezolanos, pues es como dicen ahora: ¡lo máximo! Esa experiencia la viví en Italia.

Saliendo de Roma hacia Florencia paramos a comer en un pequeño y hermoso pueblo llamado Frascati, situado a 20 kilómetros al sureste de Roma, en las Colinas Albanas, reconocido por las antiguas Villas del Papado y por su vino blanco Frascati. Nos habían recomendado el restaurante Belvedere del 1933, de Roberto y Nelson Rosica, venezolanos que emigraron a la tierra de su padre hace 13 años, y que han logrado ser referencia para los clientes locales y para los que llegan de Roma y otras zonas cercanas. Y no es para menos, pues Roberto es un chef de leyenda, y tuvimos la fortuna de probar una degustación fabulosa de típica comida italiana que nos preparó.

Las entradas fueron quesos artesanales de ovejo y de ganado, curados y con mosto de vino, mezclados con miel y mermelada de mandarina; croquetas de parmesano y albahaca con culís de tomate; además flores de calabacín rellenas de ricota, envueltas en tocineta. Luego de estas delicias, cominos de primipiatti, como dicen los italianos, un carpacho de hongos porcini –los más grandes que he visto en mi vida– con queso, mosto de uva actuando como balsámico, limón y aceite de oliva; luego una pasta casera con crema de queso pecorino romano, pistacho y pimienta. El secondi piatti fue un tagliatelle con setas, tocineta y aceite de trufas blancas. Todo acompañado de vinos de la región: DGT Capolemole (Denominación Geográfica Típica), y Ferrato, este último mezcla de uvas Syrah y Cabernet. Para rematar estas delicias, el postre fue helado de vainilla con piñones, pistacho en polvo y salsa de caramelo, acompañado con un licor que allí utilizan como típico digestivo, elaborado con semillas de hinojo salvaje.

La exquisitez y delicadeza de los platos, sumado a la grata compañía y excelente atención de Roberto y Nelson, en el escenario de una hermosa y vieja casona ubicada sobre la campiña italiana, logró la magia de que saliéramos de allí felices y sobre todo muy orgullosos del éxito y habilidades de nuestros compatriotas.