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Las redes de Fort Cochín pescan turistas a falta de peces

Las redes de pesca chinas en Fort Cochin / Foto Cochin.org.uk

Las redes de pesca chinas en Fort Cochin / Foto Cochin.org.uk

Los pescadores de esta zona de la India reciben a los turistas para recibir dinero a cambio de sus “explicaciones” en vista de la merma de la pesca, debido a la contaminación y falta de ayuda oficial

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Las tradicionales y peculiares redes de pesca chinas de la costa de Fort Cochín, sur de la India, han sido durante siglos la principal fuente de ingresos para unos pescadores que hoy se resignan a ser un simple reclamo turístico, ante la falta de ayuda oficial y la contaminación de las aguas.

Desde hace más de 500 años, cuando el descubridor portugués Vasco da Gama tocó el litoral de Fort Cochín para terminar muriendo allí en 1524, la bahía de la localidad muestra las “palam nets”, como se llama en mayali esta particular estructura pesquera.

Miden entre diez metros de largo y alto y se extienden desde el paseo marítimo hasta la orilla del mar, sostenidas por dos grandes vigas desde las que caen al agua con un sistema de cuerdas y contrapesos con el que son lanzadas y arriadas.

Sin embargo, ya no tienen qué pescar. “En mis 71 años nunca he visto que las redes estén tan paradas como ahora”, comenta Michael, capitán de una de las doce redes de la orilla, que actualmente permanece parada.

Sentados en una barraca de madera, Michael y otros cinco pescadores esperan a que, a falta de peces, los turistas se interesen en el arte de elevar las redes y les dejen algo de dinero, a cambio de sus explicaciones y alguna que otra foto.

Al ritmo de la canción Hei jala que entonan para llevar el ritmo al izar las redes tirando de las cuerdas, los turistas sonríen mientras participan en el ritual de la captura.

Sin embargo, bajo la red de Michael y otras tantas que la acompañan, la basura se acumula desde hace años en una mezcla de pescado podrido y vegetación que el agua arrastra desde los canales interiores de agua dulce de la localidad que desembocan en el mar Arábigo.

La ciudad sigue atrayendo turistas, pese al deterioro de uno de sus bienes más preciados y la falta de ayudas del Gobierno local para limpiar un área “contaminada y llena de basura” que la corporación municipal no se responsabiliza de cuidar.

Tampoco ayuda a la conservación del entorno la procesión de grandes barcos de carga que cruzan por la bahía hacia la Terminal Internacional de Carga y una refinería que se encuentran en la orilla opuesta.

Los pescadores denuncian la situación de abandono por parte de las autoridades locales, pero mantienen la esperanza de que los tiempos de bonanza vuelvan en los primeros meses del año.

Todos ríen cuando hablan de las buena época de pesca, entre enero y febrero, cuando los peces gato y tigre emergen del agua al izar las redes.

“Cuando hay una buena captura, alguno de nosotros va al bar y podemos comer arroz ese día”, dice sonriente Franglin, pescador con 25 años de experiencia en las redes, que se queja de no tener nada ahora que llevarse a la boca.

La falta de pesca y el paso del tiempo, que no perdona ni a la arcaica ingeniería de las redes ni a los pescadores, muchos mayores de 50 años, comienzan a dictar sentencia sobre el futuro de esta tradición.

Las nuevas generaciones ya decidieron que no quieren seguir el camino de sus padres y buscan un futuro mejor lejos de un negocio que ya no es fructífero y que se mantiene más por costumbre que por su productividad.

“Nuestros hijos van a la escuela y no quieren ser pescadores, buscan trabajos mejores”, asegura uno de los pescadores, consciente de que es cuestión de tiempo que su red no vuelva a ser tirada al agua.