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A Europa con niños

Amsterdam | Archivo

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Viajar con menores de edad –sobre todo si son pequeños– siempre es un reto; sin embargo, cuando se trata de visitar ciudades europeas es necesario tener en cuenta las particularidades propias del destino. Una mamá relata su experiencia y ofrece consejos para escoger hospedaje, lidiar con los largos trayectos y disfrutar cada momento

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Cuando anuncié entre familiares y amigos que iría a Europa con mi hija de 18 meses me miraron con cara de horror. Mencionaban el frío (viajamos en octubre), las largas horas en avión y el trajín como nuestros principales enemigos, y nos vaticinaban días agotadores y caóticos. Aunque las observaciones eran válidas y hasta ciertas, la experiencia fue placentera y libre de mayores contratiempos.

Organizarnos y manejar nuestras expectativas fue clave. Así, mi esposo y yo asumimos que pasaríamos más tiempo visitando plazas y jardines que museos e iglesias donde el acceso era complicado y los niños tienden a desesperarse. Planificar itinerarios flexibles nos permitió concentrarnos en cada actividad. Nuestra regla era “más vale calidad que cantidad”; menos lugares por visitar, pero mayor disfrute. Aquí algunas recomendaciones:

*Investigar previamente: Pasar horas en Internet o hablar con amigos que hayan viajado por Europa con niños. Averiguar qué opciones (ciudades, atracciones, alojamiento) funcionaron mejor y por qué. Leer reseñas de hospedajes en páginas como www.booking.com y www.tripadvisor.com.ve y preguntar si tienen corrales o cunas disponibles, si hay ascensor en cada piso o si en su defecto los pueden ubicar en un piso bajo.

*Estar al tanto de las comodidades para familias con niños: Una opción es preguntar en el hotel o a los mismos habitantes de la ciudad sobre qué lugares son más amistosos para visitar con hijos pequeños. En Alemania, por ejemplo, hay espacios acondicionados para cambiar a los bebés en casi todos los centros comerciales, estaciones de trenes y en tiendas por departamentos.

*Hacer al menos una actividad diaria que sea de interés para el niño: Variará de acuerdo con la edad y gusto del pequeño y no tiene que ser rebuscada o costosa. A mi hija le gustaba observar a los músicos de calle, así que nos asegurábamos de escucharlos cada vez que podíamos.
Lo bueno de Europa es que en muchas de sus ciudades hay jardines, parques infantiles y zoológicos donde los niños pueden jugar y correr. Incluso en muchas tiendas y locales comerciales hay juguetes o atracciones para que se diviertan mientras los padres compran.

*Prepararse para imprevistos: En nuestro segundo día en Berlín, el coche de la bebé se reventó. Tuvimos que correr a comprar uno que más o menos se ajustaba a nuestro gusto y presupuesto. Por eso es recomendable viajar con uno que sea resistente, pero tipo paraguas (de lo contrario no permiten llevarlo en el avión).

Es indispensable si se viaja en invierno o época de lluvia vestir al niño adecuadamente, y tener siempre a mano una cobija pequeña, un paraguas y un cobertor especial para el coche.

Otros dos contratiempos comunes son que se enferme o que llegue la hora de la comida y no haya un restaurante cerca. Para combatir el primero es fundamental tener siempre a la mano todos los medicamentos de uso regular y comprar un seguro de viaje. Para hacerle frente al segundo bastará con cargar meriendas saludables como frutas, compotas y yogurt.

*No limitarse: Una noche en Berlín, unos amigos nos invitaron a una especie de bar/bistró y a falta de con quién dejar a la bebé la llevamos con nosotros. Para estos momentos es imprescindible –independientemente de la edad– explicarle con mucha asertividad la situación: “Iremos a un restaurante, probablemente estará oscuro y habrá bulla, pero no te preocupes que mamá y papá estarán allí y te llevaremos libros para colorear y tus juguetes favoritos”.

Un largo viaje
Una de las preocupaciones más frecuentes son las largas horas que deberán pasar en el avión. Para esto es fundamental llevar juguetes, películas, incluso un DVD portátil, iPad o videojuegos. Algunas aerolíneas que viajan a Europa tienen a bordo libros para colorear y un menú de comida infantil. Igualmente es fundamental llevar una pañalera con muda de ropa, teteros (en la aduana los dejan pasar sin problema), fórmula, chupón, pañales, toallitas húmedas. Los infantes hasta los 2 años viajan gratis y hasta los 12 años pagan desde 50% hasta la totalidad del boleto, dependiendo de la aerolínea.

También por tierra
Es común desplazarse en más de un solo medio de transporte para visitar las distintas ciudades, así que es probable que sea necesario ir en tren, metro e incluso autobús. En los tres casos los niños menores de cierta edad no pagan y suele haber un espacio designado para colocar el coche. En taxi es necesario recordar que probablemente deba ir en una silla especial para carro. Muchos no la tienen instalada, por lo que es mejor llamar a una línea y solicitar uno que sí la tenga. Si se va a rentar un automóvil será necesario comunicárselo al negocio de alquiler y pagar un precio extra.

Diversión en el museo
Ir con niños no tiene por qué ser catastrófico. Aquí sugerencias:
* Prepararse con antelación. Averiguar precios, horarios y exposiciones especiales.
* Planificar la visita para el momento del día en que el niño esté de mejor humor y evitar las horas y días “pico”. Si se trata de un bebé, se puede ir a la hora de su siesta para que él descanse en el coche mientras papá y mamá exploran.
* Visitar las salas que sean de su gusto, ya sean los fósiles de unos dinosaurios o las armaduras de la época medieval.
* Jugar a que los niños son los guías del recorrido y hacerles preguntas como “¿por qué te gusta?”, “¿cuál es tu favorita?”.
* Al fin del recorrido, visitar la tienda de souvenirs y dejar que escojan un cuento, un llavero o cualquier otro recuerdito.

Capitales para los más pequeños

Londres. Los museos como el Británico y el Tate organizan programas para niños, y el de Ciencias tiene un área donde pueden jugar con agua, armar torres y moverse entre más de 50 exposiciones para tocar. El zoológico es sin duda visita obligatoria, al igual que el Parque en Memoria de la Princesa Diana, también llamado de Peter Pan, pues el personaje fantástico es el tema central.

París. Los parques Astérix (inspirado en los dibujos animados Astérix y Obélix) y Disneyland (ubicados a 40 kilómetros) suelen ser favoritos; sin embargo, la ciudad como tal ofrece varias posibilidades: desde un picnic frente a la torre Eiffel o jugar con barcos de juguetes en Tullerías o el Jardín de Luxemburgo. El museo La cité des enfants (para niños entre 2 y 12 años) es otra alternativa.

Berlín. Una parada infaltable cuando se viaja a esta capital son los Kinder Cafés, sitios donde las familias con hijos pequeños pueden comer, tomar algo y jugar juntos (www.luvaville.com/travel-with-kids/berlin/restaurants-cafe/great-kinder-cafes).
El zoológico es hermoso y tiene un área de contacto para los más chiquitos. Y, aunque no es especialmente para niños y sus orígenes son poco festivos, el Monumento del Holocausto, construido como un laberinto, suele fascinarlos.