• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Eslovenia: Tierra de dragones

En el corazón de Europa yace un pequeño país con historias de criaturas fantásticas, fantasmas, espadas y emperadores. Se dice que en Liubliana, la capital de Eslovenia, habita un dragón

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Érase una vez, por allá por el siglo IX, una familia noble de nombre Spanheim que dio la orden de construir un castillo de gruesos muros en la colina que dominaba la ciudad de Liubliana. El privilegio les venía por ser los soberanos de la provincia. No eran los primeros en ocupar esta posición estratégica: ilirios, celtas y hasta romanos habían instalado fuertes en la cima. Pero tampoco serían los últimos porque en el siglo XIII los Habsburgo se hicieron con el control de la colina, de la ciudad y poco después del territorio de lo que hoy es Eslovenia.

Se cuenta que sobre lo que quedó en pie del primer castillo se levantó otro más grande y de forma circular por mandato de la entonces familia ducal de Habsburgo. Lo que ahora se observa en la colina, en las torres, la capilla de san Jorge, en fin en todos los espacios del Castillo de Liubliana son las obras realizadas en los siglos XV, XVI y XVII. Tal como en la antigüedad se le puede llegar por senderos a través de la colina, pero actualmente está disponible un funicular que conduce en pocos segundos desde la plaza cercana al mercado hasta el interior del edificio.

En las salas del castillo, las exposiciones interactivas invitan a conocer el pasado de este pequeño país. Desde los tiempos de la Edad de Bronce hasta la invasión fascista durante la Segunda Guerra Mundial, desde la integración como parte de Yugoslavia hasta la Guerra de los Balcanes en los noventa. Una réplica de una rueda de madera hallada hace unos pocos años en Eslovenia, y catalogada como la más antigua del mundo, es un claro testimonio de esta larga historia. De más reciente data es el restaurante en el patio del castillo, el cual se aprecia camino a la torre.

Ya alcanzada la cima de la torre, el premio es una panorámica de la capital eslovena con sus tejados rojos, parques, plazas y puentes.

De santos y héroes

Por cientos de años se ha dicho que en la colina de Liubliana habita un dragón, el símbolo de la capital eslovena. Cuenta una leyenda que el último dragón que aterrorizó a los pueblos balcánicos murió a manos de san Jorge, cuando en su misión de cristianizar se ganó el favor de un pueblo al aniquilar a la abominable criatura que les exigía sacrificios humanos. Eso dice la tradición cristiana.

Otros relatos apuntan que muchos siglos antes que él, otro héroe habría fundado Liubliana al dar muerte al último de estos monstruos: Jasón, el líder de los Argonautas. Vellocino de oro en mano y en camino al mar Egeo, el héroe se habría encontrado frente a frente con este ser sobrenatural que emergía de un gran lago entre las ciudades actuales de Vrhnika y Liubliana.

Sin menospreciar épicas de santos y héroes, el dragón aún vive en esta ciudad mágica. Estandartes, escudos, portones y hasta las tapas de las alcantarillas recuerdan la figura mitológica. Ondea en lo alto de la torre del Castillo de Liubliana en la bandera de la ciudad y cuatro efigies dragontinas en verde cúprico despliegan sus alas y abren sus fauces en cada esquina del puente más famoso de la capital y que no podía llamarse de otra manera: el Puente de los Dragones.

De la capital y los puentes

El de los Dragones es para autos y peatones. Es el más famoso, pero no el único en Liubliana. El Puente de los Zapateros, llamado así porque antaño allí se encontraban los talleres de calzado, hoy la referencia la evocan decenas de zapatos colgados en una de las calles aledañas.

El de los Carniceros, que pese al nombre ahora adquiere connotaciones culturales y románticas, gracias a sus extrañas estatuas de bronce y a los candados del amor que cuelgan en los pasamanos. Otro es el llamado Triple Puente que comunica la plaza Prešeren, lugar de encuentro de artistas durante el Festival de Verano de Teatro, con el centro histórico y que consta de un tramo principal y dos ramales adicionales a los lados.

Debajo de ellos corre la savia que nutre la capital, el río Ljubljanica. A bordo de botes, cientos de turistas admiran entre curiosidad y sorpresa los edificios coloridos que recuerdan los tiempos imperiales. Mientras, otros visitantes prefieren pasar el rato saboreando un helado o un aperitivo en los cafés y restaurantes en los bulevares al margen del río. Pasean y admiran aguas donde se cuecen leyendas: los arqueólogos han encontrado puntas de lanza y hasta espadas de guerreros medievales en el Ljubljanica.

En las calles del centro histórico de Liubliana las formas barrocas, románicas, neorrenacentistas, neoclásicas, art déco, góticas, y art nouveau se dan cita en las fachadas de las iglesias (como las de la Anunciación, la Ursulina de la Santísima Trinidad y la Catedral de San Nicolás), hoteles, tiendas (como la casa Urbanc), bibliotecas, museos, la Universidad de Liubliana, el Teatro de la Ópera o el Banco Cooperativo de Negocios.

Más allá del concreto, espera el Parque Tívoli, accesible a pie desde el centro de la capital, un punto verde con caminerías al estilo francés.

De aguas y santuarios

Las historias fantásticas no se quedan en la capital. A media hora de Liubliana, se encuentra Bled. Una plácida localidad alpina con un hermoso lago de aguas turquesas hoy pobladas por cisnes, pero que tiempo atrás bien podrían haber sido refugio de otro tipo de criaturas aladas (aquellas de tipo monstruoso).

En las orillas, turistas y locales se sientan a disfrutar del verano en una tumbona mientras leen, aguardan por un suculento almuerzo o merienda, se aventuran a nadar o toman asiento en algún restaurante cercano para saborear el célebre postre de Bled, la kremsnita o kremna rezina, una delicia de franjas de crema compactadas entre dos capas de hojaldre. Las escenas veraniegas evocan lo que ocurría décadas atrás cuando la aristocracia europea, siguiendo los pasos de los Habsburgo, se disponía a disfrutar del aire puro de este balneario escondido entre las montañas.

En el centro de la idílica masa de agua se encuentra una isla. La única en Eslovenia. Una donde los paganos honraban a Živa, diosa del amor y la fertilidad, un culto desplazado por el cristianismo, que erigió y reconstruyó en el mismo lugar, desde el siglo XII, una iglesia dedicada a la Virgen. El edificio barroco que se aprecia hoy día lleva por nombre Santa María de la Asunción, y detrás de él se encuentra una ermita.

La mejor manera de llegar a esta isla y su iglesia es con los botes de madera conocidos como pletna, una tradición de 800 años que pasa de padres a hijos.

En uno de los riscos que se asoma hacia el lago está el Castillo de Bled, testigo de la historia eslovena desde hace mil años. Hoy día restaurado y con exhibiciones arqueológicas e históricas de la región, desde su patio se avistan la isla y los senderos dedicados al esquí en las montañas circundantes.

A unos diez minutos en vehículo aguarda otro rincón natural donde el sonido del fluir de las aguas acapara todo el ambiente. El desfiladero Vintgar contiene un recorrido a pie en pasarelas de madera sobre un tramo del río Radovna. Una refrescante caminata entre las rocas durante el verano.

De bandidos y retoños

Como incrustado en la piedra está el castillo Predjama, a pocos kilómetros de Postojna. Está allí entre las cuevas y un precipicio desde hace 700 años. Alguna vez durante el siglo XV fue el refugio de un bandido, Erazem de Predjama, una suerte de Robin Hood balcánico perseguido por el ejército imperial. El edificio está abierto para los que sientan curiosidad sobre cómo era la vida durante la época de Erazem y para los más arriesgados está el tour a la caverna bajo el castillo, donde habita una colonia de murciélagos. Son 8 kilómetros a pie en la oscuridad iluminados con una linterna. Una atmósfera medio fantasmagórica, por lo que no extrañan los reportes de actividad paranormal.

En Postojna, el paseo por el Parque de Cuevas se hace a pie y en tren. Es un conjunto de galerías extendidas por 21 kilómetros donde sorprenden las esculturas naturales en techos, suelos y paredes, entre ellas una estalagmita de 5 metros. Es además el hogar de casi 150 especies animales, la más célebre de ellas, el olm. En este ambiente colmado de una temperatura de 10 grados centígrados se encuentra una exhibición de ejemplares de olm (también conocido como proteo o “pez humano”), un anfibio de aproximadamente 25 cm de largo, ciego, sin pigmentación en la piel y cuya singular apariencia hizo creer a los pobladores de antaño que se trataba de una cría de dragón. Otra prueba de que la fantasía y la realidad caminan de la mano en Eslovenia.

¿Cómo llegar?

Air France y Lufthansa vuelan hasta Liubliana. También se puede llegar desde Italia (Venecia y Trieste) por autobús. Una de las líneas de buses es DRD, en cuya página (www.drd.si) se pueden comprar los boletos.

Bestiario con historia

Otra criatura exótica forma parte del bestiario de Liubliana. Donde hoy se encuentra el hotel Slon (elefante en esloveno), cerca de la iglesia de la Anunciación, se dice que permaneció el elefante asiático que Juan III de Portugal regaló a su primo el archiduque Maximiliano de Austria en el siglo XVI. La travesía del paquidermo desde Portugal hasta su exhibición en Viena es recreada por José Saramago en una de sus últimas obras: El viaje del elefante.

En la web

El catálogo de atracciones turísticas, la lista de operadores y reserva de hotel en:
www.slovenia.info