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“Estambul es majestuosa”

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El escritor Eduardo Sánchez Rugeles da señas de su recorrido por las calles de Estambul

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El escritor de Blue Label y Liubliana se paseó por las calles de Estambul, Turquía, para deleitarse con el esplendor de la ciudad que desde el primer momento lo arropó.

Lo mejor. La vista nocturna de Santa Sofía y la Mezquita Azul. Los edificios son imponentes.

Lo peor. El clima. Para aprovechar una oferta de la línea aérea, viajamos a mediados de enero. Nos quedamos varados en medio de un frente frío siberiano. La sensación térmica era de -12°C.

¿Dónde comer? Hamdi, cerca del puente del Galata.

¿Qué comer? Algo que llaman Testi Kebak, cocinado en un pote de arcilla cerrado con salsa de yogurt.

Un trago. Siempre he sido un cervecero aficionado. Vale la pena probar la Efes y la Tekel Birasi.

¿Dónde quedarse? En cualquier lugar del Sultanahmet o casco antiguo. Hay alternativas para todos los gustos y presupuestos. La zona es práctica para organizar recorridos por la ciudad.

¿Qué comprar? Té, especias, cachivaches.

Para pasear. Santa Sofía y la zona del antiguo hipódromo, el bazar de las especias, el Puente Galata de noche. Como despedida, un paseo en barco por el Bósforo.

¿Es caro o barato? Hay de todo. El regateo en los bazares es un asunto cultural.

¿Cómo son sus habitantes? Amables, discretos. Tenía la impresión, quizás condicionado por ciertas filmografías y literaturas, de que los turcos eran algo escandalosos, pero no lo sentí así.

Una anécdota. Vi un partido de Champions League en un bar del centro. Jugaba el Besiktas, club de Estambul, contra un equipo italiano. Me llamó la atención como el barman celebró con euforia un gol de los italianos. Luego, en un inglés instrumental, me contó que él era aficionado al Galatasaray, el otro equipo de la ciudad. “Si quieres entender la historia de mi ciudad, debes conocer la historia de nuestros tres equipos de fútbol, eso somos los turcos: el Besiktas, el Galatasaray y el Fenerbahce. Uno es de los ricos, otro es de los obreros y el otro es de los turcos asiáticos, que no cuentan”, dijo con convicción. Aquel barman era un comprometido sociólogo.

Una palabra para describirla. Majestuosa.

¿Escribirías un libro sobre el lugar? Me hubiera gustado haber escrito el Museo de la inocencia, pero ya lo hizo Pamuk.