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Diego Rísquez: París me nutrió desde el punto de vista intelectual

París, la Ciudad de la Luz, parece que tiene un futuro brillante, hasta el punto de que aparece como la cuarta con mejores previsiones, con un acertado equilibrio entre innovación, influencia económica, infraestructuras y aspectos sociales

París, la Ciudad de la Luz, parece que tiene un futuro brillante, hasta el punto de que aparece como la cuarta con mejores previsiones, con un acertado equilibrio entre innovación, influencia económica, infraestructuras y aspectos sociales

El director de cine considera que lo mejor de la ciudad son sus calles, el cine, la cultura y los museos

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El director de cine Diego Rísquez viajó a la capital de Francia en 1984 para representar a Venezuela en el Festival de Cannes, y en 1986 para estrenar su película Orinoko, nuevo mundo.

Luego de un tiempo, esta urbe lo recibió una vez más ­por un año­ para incursionar en el Teatro N de París.

La experiencia lo ayudó a conocer la cultura cinematográfica de la Ciudad Luz.

Lo mejor. Sus calles, el cine, la cultura y los museos. En especial el Museo Delacroix.

Se distingue por ser íntimo y tranquilo. Es un lugar pequeño con pocos visitantes.

Lo peor. Viví un año en la ciudad. No tengo nada malo que decir sobre ella.

¿Dónde hospedarse? En L’Hotel. Es un lugar que sólo tiene 12 habitaciones. Allí hay un restaurante excelente.

¿Dónde comer? En el restaurante Poupoule. Es un lugar típico francés, al cual van más de 300 personas. El sonido de ese sitio es increíble.

¿Qué comer? Caracoles, un plato típico del Poupole, además de los mejillones.

¿Qué tomar? Martini.

Para pasear. La isla San Luis.

Es un lugar encantador que vale la pena conocer.

Lugar para comprar. El mercado de las pulgas. Allí venden variedad de antigüedades y se consigue de todo.

¿Qué comprar? En París se pueden adquirir libros interesantes.

¿Caro o barato? Hoy en día para el venezolano es caro, lamentablemente.

¿Cómo son sus habitantes? La gente es amable. Tienen una cultura realmente particular. Los venezolanos solemos ser cercanos a las personas, pero los parisinos son más apegados.

¿Caracas o París? Caracas. Yo siento que pertenezco a ella.

Además, tiene un clima privilegiado que no tiene París.

¿Una anécdota? Tuve la oportunidad de trabajar en el Teatro N de París con un grupo que había ganado el Premio de Vanguardia. Es una ciudad que me nutrió desde el punto de vista intelectual, alimenticio y que me permitió conocer más sobre la cultura cinematográfica. Estoy muy agradecido con todas las personas que me abrieron las puertas mientras estuve allí.