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Por casi 20 dólares, los taxistas continúan el pavoroso camino por el Santuario de Jesús Malverde | Fotos www.mexicodesconocido.com.mx/Archivo

Por casi 20 dólares, los taxistas continúan el pavoroso camino por el Santuario de Jesús Malverde | Fotos www.mexicodesconocido.com.mx/Archivo

Tours organizados en los bastiones de Pablo Escobar o el Chapo Guzmán son prueba de cómo algunas localidades sacan rédito de sus vecinos y visitantes menos ilustres

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Desde los tiempos en que piratas y bucaneros se ocultaban en oscuras grutas del Caribe, la fascinación por figuras que viven fuera de la ley ha acompañado a las sociedades en general, sin distinción de colores y banderas.

Cayastá, en Argentina, es el más reciente ejemplo de aquel curioso deslumbramiento. Sin tiempo que perder, la localidad santafecina intenta sacar rédito de su repentina fama para seducir a turistas con una insólita propuesta: una visita guiada por los caminos donde recapturaron a los prófugos de un triple crimen, hace dos semanas. Con frases del tipo “Un pueblo que te atrapa”, “El pueblo más buscado” o “Cuando conocés los encantos de Cayastá caés rendido”, las autoridades municipales no quieren desaprovechar esta oportunidad.

Como tampoco lo hicieron los organizadores del “narco-tour” en la ciudad mexicana de Mazatlán, en el estado de Sinaloa, que vio crecer el turismo tras la primera detención de Joaquín el Chapo Guzmán. Su segunda captura, el pasado 8 de enero, promete agregar más paradas al trayecto original.

Hasta ahora, el edificio Miramar era uno de los principales hitos del tour y el lugar más fotografiado del puerto. En la habitación 401 de aquel condominio frente al malecón de Mazatlán, el líder del cartel de Sinaloa era apresado el 22 de febrero de 2014, luego de que semanas antes se hubiese fugado por un túnel secreto que estaba debajo de una bañera, y que él mismo había ordenado construir.

Por casi 20 dólares, los taxistas continúan el pavoroso camino por el Santuario de Jesús Malverde, considerado el santo patrono de los narcos, las paredes agujereadas por la balacera entre bandos enfrentados o el puente donde fueron colgados los cuerpos de varios enemigos de Guzmán. Quienes se quedan con ganas de más, pueden ir hasta Culiacán, a 200 km, y visitar el estacionamiento del centro comercial donde en 2008 asesinaron al Chapito, hijo del Chapo, o el cementerio Jardines de Humaya, también llamado el narcocementerio (“Único panteón del mundo donde todos los muertitos eran ricos”, vociferan los taxistas). En el lugar se pueden ver mausoleos con teléfono, aire acondicionado y hasta piedras preciosas en las lápidas.

Un peculiar parque temático. Si de narco-tours se trata, el de Pablo Escobar es pionero. El recorrido que da cuenta del poder que ejercía el capo colombiano –quien a mediados de la década de 1980 llegó a comercializar 85% de la droga que se exportaba a Estados Unidos– comienza en Medellín, en la casa donde la policía abatió al capo, en 1993. Continúa por su tumba, por los ostentosos edificios estilo “narc-déco” que le pertenecieron (construcciones geométricas con varios pisos y el frente de color blanco, en honor a la cocaína), por las ruinas del edificio Dallas (su centro de “negocios”) y por la cárcel cinco estrellas que se mandó construir.

Tras la muerte de Escobar, su famosa hacienda Nápoles, en las afueras de la ciudad –a 165 km de Medellín–, estuvo abandonada durante casi 15 años, antes de convertirse en un parque temático. Los visitantes aún pueden recorrer las ruinas del lujo mal habido, conocer algunos de los animales que el traficante había traído de África, las figuras de los dinosaurios en tamaño real que adornaban los potreros, y los automóviles de colección del capo, la mayoría de los cuales fueron calcinados por sus enemigos. También se conserva la entrada original con la avioneta que hizo la primera entrega de coca a Estados Unidos.

Hogar de mafiosos

Muchos turistas únicamente acuden a Corleone, en el corazón de Sicilia, para sacarse una foto a la entrada del pueblo junto al cartel de bienvenida y, sin más, dar media vuelta. Otros van en busca de la vivienda familiar de Bernardo Provenzano, la granja cercana en la que fue detenido el capo en 2006, una vivienda incautada a Totò Riina (el más cruel de los jefes corleoneses, que “gobernó” durante 20 años hasta su detención en 1993) o la casa donde se escondió Luciano Leggio, el primer padrino corleonés.