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Vista general del estadio Camp Nou de Barcelona /   EFE/Toni Garriga

Vista general del estadio Camp Nou de Barcelona / EFE/Toni Garriga

El 26 de octubre de 1863, hace ahora 150 años, se sentaron las bases del fútbol en una taberna de Londres. Una fecha apropiada para viajar a los lugares emblemáticos que todo fanático del deporte rey no debe perderse

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La vieja taberna londinense The Freemasons Arms, ubicada en Long Acre Street, en el corazón de Covent Garden, una de las zonas privilegiadas de la ciudad, se ha convertido en uno de los santuarios del fútbol.

Aquí fue donde los representantes de 11 sociedades inglesas constituyeron la Football Asociation (FA), la actual Federación Inglesa de Fútbol, y sentaron las bases del balompié actual con 14 reglas, que han servido como “mandamientos” del deporte más visto y practicado del planeta.

Desde aquel 26 de octubre de 1863, Freemasons no ha dejado de recibir la visita de millones de futboleros, en una ciudad donde este deporte es algo más. La capital británica es uno de los destinos preferidos para los amantes del balón debido a los numerosos equipos londinenses que participan en la Premier League: Arsenal, Chelsea, Tottenham, Crystal Palace, West Ham o Fulham, pues no hay fin de semana en el que no se ofrezca algún interesante partido, sin olvidar una visita obligada: el estadio de Wembley.

Sin duda, es el más famoso del mundo. Con capacidad para 90.000 personas, el más grande del Reino Unido, su majestuosidad se observa cuando se enfila el Olympic Way, el paseo principal por el que millones de aficionados han acudido emocionados, desde 1923, a “la catedral del fútbol”, como lo definió en una ocasión el mismísimo Pelé.

Con un paréntesis de cuatro años, desde 2003 a 2007, tiempo en el que se destruyó el viejo Wembley y nació el nuevo y grandioso Wembley, con su techo retráctil de 7.000 toneladas y el espectacular arco de 133 metros que corona su estructura, obra diseñada por el arquitecto Norman Foster, que ha conservado la vieja escalera de 39 peldaños que lleva al Palco Real, por la que han subido tantas leyendas del fútbol mundial.

Personajes que también han disfrutado del ambiente de Anfield, en Liverpool, donde se encuentra otro de los estadios emblemáticos de Gran Bretaña, que ya nota el paso del tiempo, aunque no pierde su fuerza inigualable con las notas del “You’ll Never Walk Alone” (“Nunca caminarás solo”), el cántico con el que la grada de The Kop recibe a sus jugadores en cada partido.

Asistir a un encuentro del Liverpool C. F. y escuchar el cántico de la afición “red”, en una ciudad invadida por el espíritu de los Beatles y este equipo, justifica un viaje y una entrada a esta cancha.

La crisis ha frenado el proyecto de buscarle un sustituto y actualmente se trabaja en su remodelación, con la que pasaría de 45.000 a 60.000 asientos.

En la península ibérica

Más grande e imponente es el Santiago Bernabéu, en la capital de España, sede del Real Madrid, un estadio para 75.000 personas cuyo museo es el cuarto más visitado de Madrid, detrás del Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, según el portal especializado en turismo Hosteltur.

El estadio madridista se ha convertido en un lugar de referencia para la mayoría de los turistas que llegan a Madrid, principalmente franceses, ingleses, italianos, mexicanos, brasileños, argentinos, japoneses y ecuatorianos, los extranjeros que más se dejan ver por las gradas del Bernabéu.

En Barcelona, el estadio Camp Nou recibe más visitas que el Museo Picasso o el Museo Dalí de la cercana localidad de Figuras. La casa actual de Messi y Neymar es, como ocurre en Madrid con el Santiago Bernabéu, un lugar de peregrinaje de la mayoría de turistas que llegan a esta ciudad. Su museo, con más de 1.400.000 visitas al año, es el tercero de más afluencia en España, solo por detrás del Museo del Prado y el Reina Sofía, reseña el club en su página web.

El estadio barcelonés, como el feudo del Real Madrid, preparan proyectos para su remodelación y pretenden entrar en la modernidad de la arquitectura del fútbol.

De avanzada

El Allianz Arena de Múnich, en Alemania, entró hace unos cuantos años en esa modernidad. La sede del Bayern de Múnich fue inaugurada en mayo de 2005 y construida en menos de tres años con una inversión de 340 millones de euros (cerca de 460 millones de dólares) en el barrio de Fröttmaning y se ha convertido en uno de los íconos de la ciudad bávara.

Conocido como el “bote inflable”, la seña de identidad más característica del Allianz son los 2.874 paneles romboidales de etileno tetrafluoretileno (ETFE) que se iluminan de color blanco, rojo o azul, en función del equipo que actúe como local (Bayern o el 1860 Múnich), con una permeabilidad solar de 95% y con un avanzado sistema de autolimpieza.

Otras joyas arquitectónicas del fútbol europeo lo representan el Ámsterdam Arena y el Olímpico de Berlín.

Una vuelta por América

A este escalón se ha incorporado el nuevo Maracaná de Río de Janeiro (Brasil), el estadio por excelencia del fútbol mundial, renovado y reformado para la pasada Copa Confederación y que lucirá brillante en el próximo Mundial de 2014.

El nuevo Maracaná, que originalmente tenía capacidad para 200.000 personas, luce una cubierta de lona tensada y un único piso de gradas con 76.804 asientos que crean un mosaico amarillo, azul y blanco y que, junto al verde del césped, forman los colores de la bandera brasileña.

El recinto carioca reabrió el 16 de octubre para las visitas de los turistas, suspendidas desde el 2 de junio, un tour guiado que consta de un recorrido por los principales lugares del estadio, tales como la tribuna de honor, la sala de prensa, los vestuarios, los banquillos o las zonas vip, y que está pensado como una atracción turística más de la ciudad de Río de Janeiro.

“Un lugar tan importante para la historia del fútbol como el estadio Maracaná debe ser visitable”, señaló el historiador Bruno Lucena, durante un encuentro con periodistas para enseñar el nuevo recorrido.

Más modesto, pero igual de visitable, resulta La Bombonera, de Buenos Aires, la casa del Boca Juniors, situado a pocas cuadras del emblemático barrio de La Boca, pero con una “mística ganada en muy buena ley. Tanto, que los turistas que vienen a Buenos Aires no se van sin antes conocer nuestro estadio”, señalan en la web boquense. “La Bombonera no tiembla, late. Late al compás de los corazones azul y oro que todos los domingos sufren, ríen y lloran por esa pasión inigualable”, añaden.

Una pasión que también se deja sentir en las gradas del Azteca de México, un enorme estadio que acoge a más de 100.000 espectadores y que conserva el aire festivo que se vivió en las dos finales de los campeonatos del mundo que acogió: en 1970, dominada por el Brasil de Pelé; y en 1986, cuando ganó la Argentina de Diego Armando Maradona.

Son estadios con un gran pasado, presente y mucho futuro, a los que se pueden añadir el de Old Traford, en Manchester; San Siro, en Milán; Olímpico de Roma; el Parque de los Príncipes de París; San Mamés, en Bilbao; o el Centenario, de Montevideo... La lista sería inabordable, como el fútbol, que 150 años después de que se sentaran sus actuales reglas, cuenta con un calado social y económico para celebrar muchos, muchos cumpleaños más.