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Despliegue creativo en Hamburgo

Peterstrasse, una de las principales calles de Hamburgo

Peterstrasse, una de las principales calles de Hamburgo

Una visita a Hafen City y al Museo de Brahms. El puerto alemán es un vibrante centro de tendencias en el que se desarrollan proyectos arquitectónicos

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La segunda ciudad de Alemania tiene sólo 1,8 millones de habitantes que se mueven en un área tan extensa como Nueva York. O sea, que sobra verde y agua por todas partes. Es ciudad anfibia y marinera, con el tercer puerto de Europa; lo curioso es que el mar queda a 110 kilómetros. Pero el río Elba, en complicidad con el Alster, suple bien la ausencia.

El trajín marítimo está en los genes de la urbe, y le dio desde el Medioevo riqueza material. En el siglo XX, las bombas de la Guerra Mundial arrasaron más de la mitad de sus edificios y todo el puerto. Paradójicamente, eso ha servido para que Hamburgo se haya convertido en un laboratorio de arquitectura y vanguardia; hay planes hasta 2030. Y como es ciudad rica (con 13.000 multimillonarios, dicen) llueven las ideas, cunde el refinamiento, pero no faltan las voces alternativas.

Especias y ultramarinos. Conviene comprar la Hamburg Card o tomar una bicicleta. Y dirigirse a la Speicherstadt, ³la ciudad de las especias² que creció entre 1888 y 1927.

La actividad en muelles y almacenes con productos de ultramar obligó a crear, al fondo de ese barrio, otro dedicado a oficinas (Kontorviertel). Una de las pioneras fue la Casa Chile, que el arquitecto Fritz Höger construyó en 1922 para un comerciante de nitratos. El macizo edificio de ladrillo negruzco es obra capital del expresionismo alemán. Uno de los frentes recuerda la proa de un barco. Ahora aloja oficinas, restaurantes, galerías y la sede local del Instituto Cervantes. Se puede entrar en museos cercanos, como el de aduanas.

Ciudad de la utopía. La prolongación del barrio viejo es la nueva Hafencity.

Un proyecto colosal que arrancó en 2000 y no se completará hasta 2025. La idea es crear en antiguos terrenos portuarios una ciudad del futuro, en la que intervienen arquitectos como Richard Meier o Dietmar Feichtinger.

La ³guinda² de esta golosina es la Elbphilharmonie, edificio aéreo que está llamado a convertirse en el ícono de la urbe. Las desavenencias entre constructores han aplazado la inauguración hasta, se cree, 2014. Es como una ola traslúcida, o una gigantesca caja de música: síntesis de dos rasgos de Hamburgo, el tránsito marítimo y la música.

Milla musical. La guerra destruyó la casa donde nació Johannes Brahms, en Speckstrasse. Cerca de allí se dispuso en 1969 un Museo Brahms que alberga recuerdos y partituras. El año pasado abrieron otra casa dedicada a Teleman, que pasó en Hamburgo los últimos 46 años de su vida. Ambas están en la calle Peterstrasse.

La Fundación Carl-Toepfer quiere convertirla en la milla de los músicos y abrir otras casas dedicadas a Bach, Mendelssohn y Mahler, quien fue director de la orquesta de Hamburgo. La afición no se ciñe a lo clásico, Esta urbe es conocida como ³la ciudad de los musicales².

Altstadt, la vieja. Los canales (Fleet) del Alster llevan allí donde se encuentran el Ayuntamiento, las iglesias de San Petri y San Jakobi y las Alster Arkaden o el Jungfernstieg, el muelle-ágora a orillas del Alster donde el pulso ciudadano se dispara: terrazas, barcos. Por allí se ubican tiendas y locales. También los mejores hoteles y restaurantes.

Emprendedores. Cada barrio es un mundo. Unos más alejados, como Ballinstadt donde se abrió un fascinante ¿museo? sobre los 5 millones de emigrantes alemanes que, entre 1850 y 1939, salieron de ese puerto y llevaron al Nuevo Mundo inventos como la hamburguesa, los Levi¹s o el ketchup Heinz. Por el lado opuesto, aguas abajo del río, Altona es barrio creativo, con estación de tren, además de un precioso ayuntamiento y casas patricias. El barrio de Sternschanze, antes lleno de portugueses, está tomado por diseñadores.

Fronterizo con ³Schanze² y Altona, San Pauli carga con el estigma de ser el barrio rojo. Y es verdad que era alivio de marineros, cuando los barcos se demoraban días en cargas, y sigue habiendo una calle (Herbertstrasse) con escaparates de chicas. Pero en la arteria principal, Reeperbahn, las sex shops ahora se alternan con bares llenos de turistas.

Otro barrio noctámbulo es San Georg, cerca de la Hauptbahnhof, antes ocupado por emigrantes y ahora tomado por el ambiente gay. Su eje, Lange Reihe, está repleto de cafés, como Westerwind, donde se puede cenar bien.