• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Delta del Orinoco
Las venas abiertas del mundo

Un quinteto de atracciones componen el imán para llegar a esta porción de tierra cenozoica: el descubrimiento de la fauna y flora deltanas; la penetración en la selva; los recorridos por la ciénaga en canoas; la cultura warao y el plácido Campamento Ubanoco. Advertencia: el exceso de belleza le congelará los ojos

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Que cinco turistas franceses, un guía también francés y un criollo que no necesita traducciones atraviesen 90.000 km2 de ciénaga, el delta más grande del mundo, a pie y a canaletes, no significa que siempre se repetirá bajo la misma fórmula para aquel que no domine el idioma; pero, valgan banalidades, l’expérience est formidable! Así, y desde Maturín, luego de un trayecto de dos horas en una van confortable a través de un paisaje campestre hacia el puerto de Boca de Uracoa, no sin obviar la navegación por el caño Manamo para llegar al Campamento Ubanoco, penetrar el corazón de un universo vegetal de impresionante variedad edifica, asombra y conmueve.

El delta del Orinoco es el territorio de la etnia warao, cuya vida transcurre sobre el agua y entre curiaras, canoas y palafitos. Las plantas acuáticas tupen la orilla, recorriéndola como serpientes anfibias, como telescopios vegetales: son las boras o jacintos de agua que los locales llaman mosure. Grandes pájaros, los arucos, coronan los árboles con sus cuerpos fúnebres, y entre las 4:30 am y las 5:30 am se les unen todas las aves de la zona, coloridas y chillonas, cuyo efecto es el de la orquesta sinfónica con que se levanta la selva.

Una flor que sería la locura de un pintor: la de kakao d’eau (cacao de agua), y otra que sería la perdición de un perfumista de nicho: la fleur de couroupier (tapara), de pronto ornamentan solapas y sombreros.

Al tiempo que la aventura asoma frases como: paseo en la selva cerca del pueblo indígena Santo Domingo; pesca de piraña en el caño Guacajarita; recorrido por el caño Morichal Largo y las plantaciones de moriches; zambullida en El Playón; observación de delfines de agua dulce, numerosos loros, guacamayas y tucanes. Y al fondo, a cualquier hora, el perfectísimo “efecto espejo” que se sucede en la cópula del cielo con el plato fluvial: azul, oro, arrebol, negritud. Y por todos lados, el paisajismo no controlado, pero paisajismo; como si un Burle Marx descuidado, pero Burle Marx, hubiese dispuesto esas plantaciones entre costeñas y selváticas (con la sonería de aves y fieras escondidas) que explican el talento pictórico del eterno Alirio Palacios y justifican la inspiración en Heródoto del deltano Domingo Ordaz, cuando dice que este conjunto de islas y caños cercano a la desembocadura –producto de la constante acumulación de materiales que ese gran río que nace en el corazón del Amazonas ha arrastrado a través de su existencia milenaria– es “un presente del Orinoco”.

Silencio de cuerpo

Apenas se apagan los motores tras atravesar el caño Manamo y sobreviene el trasbordo de bote a curiara en la trocha de Guacajara, dirá “Balú”, el guía asignado para las excursiones de este viaje: “¿Saben qué es lo magnífico de la curiara? El silencio”. Y así empieza un trayecto a canalete (puro brazo y pulmón) por senderos de agua quietísimos, apenas saboteados por monos aulladores y aves deslumbrantes, hasta una porción de selva húmeda para conocer plantas medicinales, comer frutas desconocidas o palmito fresco, descubrir dónde se esconden los escorpiones y tener cuidado de no aferrarse a una liana sin antes corroborar que no se trata de una apacible serpiente.

Oh, Campamento Ubanoco

- Ideado y orquestado por Natura Travel, una empresa francesa especializada por décadas en el turismo venezolano, este lodge de construcción tradicional en madera cuida puntillosamente los detalles para una estadía de “lujo austero”, digna de un barón Humboldt contemporáneo.

- 23 habitaciones dobles (con camas individuales), una amplia casa de temiche de 7 habitaciones (ideal para alquilarla completa) o una churuata para guindar hamacas (a la orilla del río) conforman la capacidad de hospedaje.

- Cada habitación es una burbuja en medio de la selva: varias capas de tela metálica escoltan la entrada a la recámara, al tiempo que tupidos mosquiteros penden sobre las camas. Baños y decoración modestos.

- La desconexión es completa, y se agradece: cero wifi. El contacto con la naturaleza, total: cero aire acondicionado. Solo la electricidad nos recuerda que estamos en el siglo XXI.

- Todas las comidas están incluidas, incluso al descender del aeroplano procedente de Caracas. Una vez en el campamento, una nube de solícitos waraos (comandada por criollos) dispone suculentos desayunos à la française, almuerzos y cenas con la pesca del día (laulau) y alguno que otro plato típico (la arepa warao es una ricura).

Reservaciones: (58 414) 808 5673

Web: www.naturatravelvenezuela.com

Vuelo de pájaro

Tres aerolíneas nacionales –Aeropostal, Conviasa y Aserca– cubren diariamente la ruta Caracas-Maturín. Y aunque los tres servicios son estándar, la demanda copa los cupos.