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Custodios fieles de las ciudades

Dragones / RGBSTOCK/FREEIMAGES/RAQUEL SEIJAS

Dragones / RGBSTOCK/FREEIMAGES/RAQUEL SEIJAS

Tiempo atrás eran monstruos espeluznantes de leyendas, solo enfrentados por los más temerarios. Ahora son habituales en plazas, edificios, puentes y donde quiera que se les requiera como guardianes. Una corta guía de sitios donde sobreviven estas criaturas mitológicas

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Criaturas voladoras y escupefuegos de tiempos remotos, hoy sus caras visibles son Smaug y los Dracarys, pero mucho antes que ellos, los dragones dejaron las leyendas europeas y fueron “comisionados” para atemorizar a extraños, resguardar poblados y templos y representar el coraje de algunas naciones.

Son guardianes leales de la capital de Eslovenia, Liubliana. Cuatro de ellos custodian el puente de la ciudad antigua: son de bronce, un metal que luego de más de 100 años a la intemperie (la obra fue inaugurada en 1901) adquirió un color  verde, lo que les da un aspecto más atemorizante. De hierro son los que cuidan los portones del castillo de la ciudad, asentado en una colina, y los de los escalones que guían hasta la torre. En la calle, los dragones están grabados sobre las tapas de las alcantarillas, sobre los escudos y las banderas de Liubliana. La leyenda eslovena dice que el dragón duerme desde hace siglos bajo el castillo.

 

De héroes y monstruos. En Inglaterra abundan las historias de caballeros, magos y animales fantásticos. Por eso no sorprende que 13 dragones hayan sido escogidos para marcar los límites de Londres. Resguardan la ciudad desde el siglo XX, cuando dos de ellos, originalmente dispuestos en el edificio de comercio de carbón (construido a mediados del siglo XIX), fueron trasladados al muelle Victoria. Luego, en la década de 1960, la ciudad decidió replicar ese modelo de dragón plateado sosteniendo el escudo de la ciudad y colocarlo en los antiguos linderos. El décimo tercer dragón es de aspecto más gótico y vigila la frontera entre Londres y la localidad de Westminster.

Worms es quizás la ciudad más antigua de Alemania, con iglesias que datan del siglo VIII. A 60 kilómetros de Fráncfort del Meno, la localidad es el hogar de los Nibelungos. En este pequeño pueblo, según el poema, Sigfrido dio muerte al dragón que custodiaba el fastuoso tesoro y se bañó en su sangre para hacerse invulnerable. En el presente, el monstruo se muestra en antiguas esculturas, fuentes, en los relieves externos de los edificios, el escudo de armas de la ciudad y, más recientemente, en estatuas multicolores patrocinadas por empresas privadas.

Y aunque difícil de creer, quien dé un paseo por el norte de África se topará con cuatro de ellos posados sobre un espectacular edificio en Ceuta (territorio español), construido entre finales del siglo XIX y principios del XX. Fabricados en bronce, “desaparecidos” durante la década de 1920, hace aproximadamente 8 años, regresaron fabricados de resina y fibra de vidrio y, tal como los originales, con las alas desplegadas prestos a emprender el vuelo. Otrora un casino, la “Casa de los Dragones” (que es como se le conoce) alberga tiendas y oficinas.


En Gales, las criaturas aparecen en castillos, en las farolas de la calle y hasta sobre las tumbas. El dragón rojo es el símbolo nacional. La tradición proviene de la leyenda de que un dragón rojo y otro blanco fueron liberados por Merlín de su cárcel en una colina, y al enfrentarse ambos monstruos el colorado triunfa. Uther Pendragon, padre del rey Arturo, llevaba uno en su escudo. Ahora los galeses aspiran a construir la más grande efigie de dragón sobre pedestal del mundo: más de 60 metros.