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Copenhague asombra a cada paso

Christiansborg es la sede del Parlamento y la oficina del primer ministro | Foto Pixabay

Christiansborg es la sede del Parlamento y la oficina del primer ministro | Foto Pixabay

La capital danesa deja a los visitantes sorprendidos con su carácter cosmopolita y su orgullo por el pasado. ¿Lo mejor? Se puede recorrer a pie

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Copenhague es una ciudad para caminar. Las distancias son relativamente cortas y es una formidable opción para apreciar la capital. Hospedarse por la zona del Town Hall Square es lo mejor, por tratarse de un lugar céntrico.

Así que ningún visitante debe temer de pasear y conocer los íconos arquitectónicos y la cultura de esta localidad. Al momento del recorrido Oscar de León sonaba en las calles de Copenhague. Era un soleado día de junio y cientos de personas se aglomeraban en las vías para degustar cerveza. Se entiende: el sol es un privilegio en Dinamarca.

Se acercaba el verano. Un grupo de mujeres lucían vestimentas que el guía nos indicó eran de “sufragistas”. Se cumplían 100 años (5 de junio de 1915) de cuando Dinamarca le dio el derecho de sufragar a las damas, y se convertía en la quinta nación del mundo en otorgarlo. No era para menos el entusiasmo femenino por conmemorar la fecha. Fue una acción progresista.

Pero no era lo único que ocurría ese día en Copenhague. También se realizaba el festival Distorxion, un evento en donde los ciudadanos toman las calles y las llenan de música y cultura.

 

Castillos de poder. Christiansborg es la sede del Parlamento y la oficina del primer ministro. Se puede llegar a pie desde el Town Hall Square, el centro de la ciudad. Es la edificación más alta de Copenhague con solo 106 metros (y es que los rascacielos no son algo común en la capital). Es un recinto imponente, con las estatuas del rey Frederick VII en una entrada y la de Christian IX en la otra.

En los últimos años se ha hecho famoso más allá de sus fronteras gracias a la serie danesa Borgen (El castillo, en danés), que narra el día a día de la ficticia primera ministra de Dinamarca, Birgitte Nyborg.

Era víspera de las elecciones generales. Cientos de fotografías de personas que podían ser confundidas con modelos “adornaban” las calles: eran los candidatos al Parlamento.

En el recorrido por la capital se debe hacer una parada en Amalienborg, hogar de la monarca Margarita II, una reina con tendencias artísticas que hizo las ilustraciones de la versión danesa de El Señor de los Anillos, confecciona los trajes del Ballet de Copenhague y ocasionalmente es traductora de textos.

Amalienborg no es un castillo ostentoso y no tan diferente en el exterior del Chistiansborg. Los guardias que custodian la morada de la soberana son muy jóvenes y se asemejan a los de la realeza británica, excepto que están vestidos de azul y blanco. Al igual que en la tierra de Isabel II, el cambio de guardia es un acontecimiento esperado por todos los turistas, los niños imitan el paso de los soldados detrás de ellos.

Paraíso hippie. Una visita en Copenhague no es completa si no se va a Christiania. Es donde los hippies del siglo XXI viven y donde hay más permisividad con la venta y consumo de drogas como la marihuana. Un mundo aparte.

En la entrada un cartel advierte: “Usted ha salido de la Unión Europea”. El uso de celulares y cámaras no está permitido para evitar exponer a los que venden droga, ya que en Dinamarca es ilegal. El lugar parece sacado de la fantasía de un hippie de los sesenta: jóvenes con cabellos rastas pateando una pelota, tiendas con venta de artesanía, kioscos de venta de marihuana diseñados para ocultar la identidad de sus vendedores y un escenario con un festival de reggae.

 

Cosmopolita. La población turca residente en Dinamarca es de alrededor de 29.000 personas, de acuerdo con el Anuario Estadístico de 2015. En el recorrido por la capital danesa nos tropezamos con una gran fiesta turca en el Town Hall Square de Copenhague (casualidad o no, era el 7 de junio, día de elecciones en Turquía). Kioscos con comida típica y conciertos con artistas turcos recibían a los paseantes por el lugar.

Copenhague sorprende con su carácter cosmopolita, abierta a otras culturas y costumbres. Mientras uno pasea por la ciudad puede encontrarse con la escena de algún musulmán que de repente estaciona su carro para cumplir con sus rezos del día. No es lo único. Cerca del Meat Packing District, en una feria de comida, un hombre con aspecto de local hace arepas para la venta y muestra en su mesa el famoso paquete de harina P.A.N.

La mayoría de los daneses habla inglés y algunos jóvenes pueden hablar algo de español o tienen intenciones de aprenderlo. Parece ser una sociedad hambrienta de conocer más allá de lo que está en sus fronteras.

Herencia vikinga

- Los canales son una de las mayores atracciones. Hay muchas actividades que se pueden hacer en ellos. Las aguas fueron saneadas totalmente en el año 2002 y son aptas para realizar actividades acuáticas como kayak e incluso nadar. “A los daneses les encantan las actividades en el agua, debe ser por la herencia vikinga”, comentó la guía turística, una chica proveniente de Perú casada con un danés.

- La entrada al Museo Nacional de Dinamarca es gratuita y es un lugar ideal para visitar y conocer más sobre la herencia vikinga: las armas, la vestimenta y sus barcos.