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Colombia abre sus haciendas al turismo cafetero

Colombia abre sus haciendas al turismo cafetero

Colombia abre sus haciendas al turismo cafetero

Diecinueve fincas abren sus puertas a los viajeros para que aprendan a recolectar los granos, oler los aromas y cómo degustarlo

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En lo alto de las montañas del departamento colombiano de Antioquia se alza imponente una finca aromatizada por los olores del campo que luce como en tiempos coloniales, engalanada por sus aires de gran hacienda y adornada con colores cálidos y alegres, en donde el café es más que una bebida, es una experiencia que acerca a los turistas a la esencia de este grano.

La hacienda lleva por nombre La Sierra y es una de las 19 fincas abiertas a los turistas con el objetivo de que conozcan la producción del café y vivan directamente lo que es estar detrás de la siembra y recolección de este producto. El lugar está a dos horas de Medellín y tiene una temperatura de 18 grados centígrados.

Al llegar los visitantes disfrutan un desayuno que incluye huevos, panes de queso, café y las infaltables arepas. Luego se emprende el recorrido a caballo por entre los cerros, siguiendo un camino empedrado desde el que se divisa a los recolectores que trabajan, como hormigas, al ritmo de canciones, algarabía y chistes para que la jornada sea más placentera.

A lo largo del recorrido se hacen escalas en las diferentes estaciones o pasos de producción, primero por el germinador, en donde crecen las semillas y nacen las chapolas (plantas del café), luego por el almácigo, lugar donde se trasplanta el cafetal en bolsas negras hasta su crecimiento y, finalmente, por la plantación en terreno.

En este lugar se puede ver también el proceso industrial, que consiste en despulpar el grano, que luego se lava y pasa por un mecanismo de secado en el que el café toma el aspecto del “pergamino”, llamado así porque obtiene un cascarón de color crema similar a la textura del papel.

Este grano es trillado para eliminar la cáscara y dejar solo el fruto, que después se tuesta hasta obtener el polvo de color oscuro y aroma característicos.

Luego de observar el paso a paso de la producción, el turista puede tomar el café recién salido de la tostadora, un artefacto rudimentario que pita como una tetera, al ritmo del crujido del café que revienta en su interior.

 

Inversión

Las autoridades pretenden complementar esta actividad con el turismo y otros proyectos paralelos, con inversiones cercanas a los 4,5 millones de dólares anuales, anunció el secretario de Productividad y Competitividad de la Gobernación de Antioquia, Jaime Velilla.

“Este proyecto pretende posicionar el café en el mundo y generar riqueza económica y social a las familias cafeteras”, explica Velilla, un objetivo que se construye con esfuerzo y que ha atraído la atención de empresarios extranjeros que encuentran en Antioquia un buen mercado para comprar café.

El turismo ha resultado ser una fórmula efectiva para atraer viajeros que pueden ir a las fincas, dormir allá, madrugar para recolectar, hacer todo el proceso que hace un caficultor en el día y conocer su experiencia en el campo para que aprendamos más sobre café, explica Camilo Monroy, miembro del departamento de Cafés Especiales de la Gobernación.

 

Leyenda:

Una turista conoce de primera mano cómo reconocer las fragancias del café/Foto EFE