• Caracas (Venezuela)

Viajes

Al instante

Ciudad de México es un collage de historia

La Catedral Metropolitana de Ciudad de México / Andreína Monasterios

La Catedral Metropolitana de Ciudad de México / Andreína Monasterios

El arte, la gastronomía e idiosincrasia de los mexicanos se percibe en cada rincón de la capital como si se tratase de un mosaico

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

A la Ciudad de México no se le visita. Se recorre junto a ella. Se sienta con el viajero a comer chile en nogada, a darle de probar moles y le alegra el espíritu –y el corazón– con un buen tequila al pie de la plaza Garibaldi. Le da un poco de envidia mostrándole cómo el pasado aún se percibe en sus calles y se da la mano con la modernidad.

Garibaldi tiene corazón de charro. Banderines multicolores colocados en lo alto de sus postes y árboles advierten el espíritu fiestero del lugar, que históricamente estuvo rodeado de licorerías. En 1909 la Plazuela del Jardín –como era llamada– se reinauguró y recibió el nombre de plaza Garibaldi, en honor al libertador de Italia Giuseppe Garibaldi.

El canto de los mariachis es la banda sonora, así como los ofrecimientos para interpretar cualquier tema para alegrar el corazón. Los más despechados llaman a su pareja por teléfono y le dedican canciones para implorar perdón.

El Paseo de las Luminarias permite caminar junto a figuras como José Alberto Jiménez, Lola Beltrán, Agustín Lara y Juan Gabriel, inmortalizadas en estatuas. Al costado izquierdo, el mercado San Camilito espera con fonditas que ofrecen arracheras y suaderas, platos típicos a base de distintos cortes de carne de res.

El limón y la sal son los compañeros perfectos del espíritu de Garibaldi. Descúbralo en el Museo del Tequila y el Mezcal (www.mutemgaribaldi.mx), donde se rinde homenaje a estos brebajes que son sello de identidad de México. Su moderna fachada hace alusión al magüey, planta de cuyos tallos se destila el mezcal.

Adentro, la historia de ambos aguardientes se entrelaza con el origen del mariachi y de otros géneros musicales derivados. La entrada cuesta 50 pesos. Si después de la visita se abre su apetito, suba hasta la terraza. Allí encontrará un restaurante con una romántica vista a la plaza que, de noche, arranca más de un suspiro.

La fe se hizo basílica. El relato de cómo la Virgen de Guadalupe se le apareció al indígena Juan Diego en el cerro de Tepeyac se hace palpable en la devoción del pueblo mexicano. Recorrer la Calzada de Guadalupe, avenida que comunica el centro con la plaza Mariana, es formar parte de la tradición que los fieles cumplen a diario.

En la explanada, la mirada se tropieza con el Carrillón, un monumento que es, a la vez, campanario y reloj múltiple. La Nueva Basílica de Guadalupe, principal recinto religioso de América, sobrecoge por sus detalles. La techumbre inclinada de esta edificación circular simula el ayate extendido de Juan Diego. Desde él, descienden lámparas geométricas que simbolizan las rosas que cayeron del manto indígena.

La forma de este templo, cuya construcción se inició en 1974, fue pensada para que la imagen sagrada pueda ser vista desde cualquier punto de la iglesia. La antigua basílica se resiste a su propio peso y se yergue orgullosa, sin perder su esplendor. Su construcción terminó en 1709 e incluyó detalles ornamentales como cúpulas pintadas. Al entrar se hace notoria la inclinación producida por el hundimiento.

A la derecha se encuentran el antiguo Convento y Capilla de las Madres Capuchinas, erigido a finales del siglo XVIII. Sobre el Tepeyac se observa la Capilla del Cerrito, levantada en el sitio en que la Virgen se apareció. Otras paradas de contenido antropológico, religioso y artístico son el Museo de la Basílica de Guadalupe, el Cementerio del Tepeyac, la Capilla del Pocito, el Jardín de las Rosas y la Parroquia de Indios.

Escalones a los astros. A 45 minutos del D. F. y dentro del estado de México, Teotihuacán resiste el paso de los siglos. La llamada ciudad de los dioses conserva los monumentos arqueológicos que sus habitantes originales dejaron en una suerte de acertijo.

La construcción más grande y antigua de la ciudad es la Pirámide del Sol. Tiene 1.900 años de antigüedad y, para levantarla, se utilizaron un millón de metros cúbicos de piedra. Subirla es un reto a la resistencia física, pero eso no amilana a los visitantes. Personas mayores y turistas de todas partes del mundo suben sus empinados escalones con la ambición de llegar a la cima.

La Calzada de los Muertos, eje norte-sur de la ciudad, posee ruinas de escaleras que llevaban a las viviendas de los gobernantes. El segundo monumento en importancia, la Pirámide de la Luna, se encuentra en el límite norte de la calzada. 700.000 metros cúbicos de piedra le dan forma y tiene 42 metros de altura. Se desconoce el motivo de construcción de estas pirámides, pero las excavaciones continúan para conocer datos sobre la vida cotidiana de sus antiguos moradores.

Cerca se encuentra un taller de obsidiana donde se conoce el origen de esta piedra volcánica. Allí, algunos artesanos dan pistas sobre las tradiciones de los pueblos prehispánicos. Sebastiana Martín, descendiente de la etnia otomí, habla con cariño de su trabajo con la fibra del magüey. Teje pequeños tapices, esponjas y estropajos que prometen remover células muertas de la piel y activar la circulación.

La urbe que se niega a hundirse. El centro histórico de Ciudad de México es testimonio infranqueable de un pasado de conquistas, revoluciones e independencia. La Plaza de la Constitución –conocida como zócalo– podría decepcionar a algunos por ser, a primera vista, una gran explanada sin ningún monumento. Pero el enorme tricolor mexicano que ondea en el centro deja claro que es el punto de encuentro de sus habitantes.

Desde el zócalo se observan edificios patrimoniales como el Palacio Nacional, sede del Poder Ejecutivo; el antiguo Palacio del Ayuntamiento, sede del Gobierno del Distrito Federal; el Portal de Mercaderes, donde funcionan diversos comercios y oficinas de diputados locales; y la Catedral Metropolitana.

Visitar la Catedral vale la pena. Posee 5 naves y 16 capillas laterales que compiten en majestuosidad. Al caminar por la nave central se siente la inclinación provocada por el hundimiento de la ciudad. En el perímetro de la Catedral se observan, bajo láminas transparentes, los 12,5 metros que ha descendido la estructura debido a las contracciones de los suelos arcillosos.

La calzada México-Tacuba, que parte del Zócalo y llega hasta el barrio de Tacuba, es una de las cuatro que fueron construidas por los mexicas. Visite el Museo Nacional del Arte (www.munal.mx), ubicado en el antiguo edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

Pies por alas. Coyoacán fue el primer asentamiento español, un hecho que le dejó como legado monumentos históricos y una rica herencia cultural. Su nombre significa lugar de coyotes en lengua náhuatl. La plaza Centenario, en cuya fuente se encuentra la figura de dos de estos animales, es un lugar propicio para ver pasar el día en este recodo colonial.

Muy cerca, en la plaza Hidalgo, los puestos con globos de colores y músicos le dan un toque casi cinematográfico. Pero el mayor atractivo de Coyoacán es su vida artística: museos y centros culturales esperan por ser visitados en las calles empedradas. Uno de los más famosos en el itinerario es La Casa Azul, antigua residencia de los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera.

Impresiona la cotidianidad esparcida en las estancias de la casa. El corsé de Frida y su máscara mortuoria; sus pinceles y el cuaderno de dibujos. Todo se funde con pinturas en las que plasmó sus sueños, dolores e ideales políticos.

El azul de las paredes, que se intensifica y se hace más puro gracias a la generosidad del sol que las baña, deja claro que la casa fue su refugio, un intento de escapar al cielo antes de tiempo. Así lo ilustró en uno de sus dibujos, acompañado de una frase que mostró la riqueza de su universo interno y que dejó de regalo a los mexicanos: “Pies, pa’ qué los quiero si tengo alas para volar”.

En Cifras
Más de 1.400 edificios coloniales posee el centro histórico del D. F.

Hasta 44 centímetros anuales se hunde la urbe según la Comisión Nacional del Agua en México

Cómo llegar
Aeroméxico (www.aeromexico.com) vuela todos los días de Caracas a Ciudad de México con salida a las 8:30 am. Para información y reservas, llame al 0800-1627351.

Dónde hospedarse
El hotel Las Alcobas (www.lasalcobas.com), situado en la exclusiva colonia Polanco, es una buena opción para alojarse si se quiere un trato distinguido que lo haga sentir en casa. Está cerca de restaurantes que ofrecen lo mejor de la gastronomía mexicana como Dulce Patria y Barroco. Otra opción es el restaurante Villa María.

De interés
El Turibus es un servicio turístico que ofrece distintos circuitos a través de la Ciudad de México y otras ciudades de las provincias. Funciona durante todo el año de 9:00 am a 9:00 pm. Para más información, visite www.turibus.com.mx.