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Ciudad del Cabo: Un safari vestido de modernidad

Ciudad del Cabo: Un safari vestido de modernidad

Ciudad del Cabo: Un safari vestido de modernidad

La playa, la confluencia de la cultura xhosa y el influjo holandés, la posibilidad de mirar animales salvajes, el sonido del steel band y el legado de Mandela. Todo confluye en ese paraje ubicado casi en el punto más austral de África

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Las repúblicas de Suráfrica y Venezuela comparten la edad. Lograron librarse del mandato de sus colonizadores europeos exactamente el mismo año. Los independentistas de la patria de Bolívar firmaron el acta el 19 de abril de 1810 y su compañera generacional lo hizo del otro lado del Atlántico un mes después. Pero su gran prócer no es un hombre que nació hace 200 y tantos años. No pertenece a la época de los daguerrotipos y las morocotas. Quien destaca en sus billetes es un líder que murió hace cuatro meses.

Ciudad del Cabo, ubicada al sureste –casi en el punto más austral del continente africano–, fue el escenario de varios de los hitos en la vida de Nelson Mandela. En una pequeña isla, que se ve perfectamente desde la ciudad, vivió cautivo en 18 de los 25 años que duró su condena. En esos tiempos, que a muchos niños les tomó nacer y hacerse mayores de edad, el político, uno de los más influyentes del siglo XX, meditó las soluciones pacíficas para su país en una celda de 2 metros cuadrados.

La ciudad es luminosa, especialmente en el verano –que va de noviembre a febrero–, de calles limpias y rostros sonrientes. Pareciera, al menos desde la mirada inocente del turista, que la sombra de la discriminación se ha estado desvaneciendo paulatinamente para cederle su espacio al brillo de un país pujante que le dio vuelco a su propia historia. Lo que se respira en la superficie es el encuentro entre la cultura xhosa y el influjo holandés.

Robben Island es uno de los sitios turísticos predilectos, por lo que es necesario hacer reservaciones para el tour que sale desde el Victoria & Alfred Waterfront, un muelle repleto de locales que funcionan como restaurantes en el día y se convierten en bares cuando cae la noche.

Mientras el sol está presente, actúan en la marina ejecutantes del steel band, instrumento que conocemos a través de Trinidad y Tobago, y cultores del baláfono, una especie de xilófono artesanal a través del cual es posible generar un ritmo embriagante. Luego lo autóctono le abre paso a la globalización: la escena se va ocupando con bandas de pop que reinterpretan con ánimo festivo hits del mainstream mundial que no representan ninguna novedad ante el oído de un visitante europeo, estadounidense o latinoamericano.

 

Frutos de 2010 y 2011. Al norte de la ciudad, en Greenpoint, está ubicado el estadio en el que se jugaron partidos decisivos del Mundial de Fútbol que se realizó en Suráfrica en 2010. Allí, en el lugar por el cual el mundo conoció las vuvuzelas y donde tocó U2 al año siguiente frente a 72.000 personas, juegan los equipos locales, que cubren el calendario con masivas citas deportivas.

En noviembre de 2011 el suizo Bernard Weber y su empresa New Open World Corporation organizaron la elección de las 7 Maravillas Naturales del Mundo Moderno. A partir de la votación popular y la decisión de un panel de expertos, se discriminó entre 454 postuladas. Entre las ganadoras, destacó la Montaña de la Mesa (Table Mountain), una meseta con una extensión de unos 3 kilómetros ubicada a un costado de la urbe, donde puede verse desde cualquier punto.

Para subir se organizan excursiones. Esa opción tiene como requisito una excelente condición física. De otra forma, un paseo concebido para el placer se puede convertir en un drama. Para los otros, los que prefieren sentarse y disfrutar del paisaje, siempre está la opción del teleférico.

 

La vida salvaje. Hay quien asocia el continente africano con los safaris. Y las autoridades de Ciudad del Cabo comprendieron el potencial turístico de sus tierras hace más de una década, sobre todo al considerar que Suráfrica se encuentra entre los países más ricos en diversidad biológica. El sitio www.capetownsafaris.com es uno de los caminos. Es posible escoger un paquete como quien pasa por un buffet y completa su plato decidiendo entre opciones de proteínas, contornos y postres. Se puede participar en caminatas selváticas, aproximarse a reservorios de felinos y otras criaturas, o acercarse a riachuelos y jardines. También se ofrecen recorridos en rústicos. Algunos prefieren viajar desde la ciudad y volver de inmediato a la modernidad. Otros escogerían recrear la experiencia de un avezado explorador. Para todos, existe una especie de combo, que puede incluir una siesta en un palacio y una cena con vino francés.

En su verano largo y caliente, Ciudad del Cabo tiene un as bajo la manga. En Clifton, Camps Bay y False Bay, tres puntos ubicados en las adyacencias, están ubicadas algunas de las playas más hermosas del mundo. No se trata únicamente de la arena blanca y del mar limpio y cristalino. Broncearse allí es distinto porque al voltear, no importa el lugar, la fotografía siempre va a incluir montañas inmensas y paisajes que han sido comidilla para las postales más tentadoras y también para este texto publicado a más de 10.000 kilómetros de la tierra de Mandela.