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Cholula ofrece un viaje al pasado

El volcán Popocatépetl desde el poblado de San Andrés Cholula, en una foto de 2013 / Foto EFE/Francisco Guasco

El volcán Popocatépetl desde el poblado de San Andrés Cholula, en una foto de 2013 / Foto EFE/Francisco Guasco

Considerada la ciudad viva más antigua de América, San Pedro de Cholula, en el estado mexicano de Puebla, cuenta con la pirámide de mayor base en el mundo

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San Pedro de Cholula, un municipio situado a 125 kilómetros de Ciudad de México y que cuenta apenas con 20.000 habitantes, reúne muchos atractivos para un turista ávido de historia, entre ellos una pirámide, considerada la de mayor base en el mundo.

"El origen de lo que hoy es San Pedro Cholula, en el estado mexicano de Puebla, se remonta a 500 años antes de Cristo y, a diferencia de otras ciudades prehispánicas que fueron desocupadas, Cholula siempre ha mantenido ocupación humana", explica la subtitular (encargada) de Turismo del municipio, Graciela Herrera.

De allí que la localidad reciba el calificativo de “ciudad viva más antigua de América”. Su nombre original deriva de la palabra “chololan”, que significa “agua que corre en el lugar de huida” en náhuatl, la lengua precolombina que todavía hablan algunos de sus habitantes y unas de las principales herencias idiomáticas prehispánicas del México actual.

Originalmente fue habitada por la cultura olmeca-xicalanca, un grupo indígena que vivió en el litoral del Golfo de México y el altiplano, y que se desarrolló después del año 600 d.C., después de la decadencia de Teotihuacán como centro económico-político de las culturas prehispánicas.

“La segunda etapa importante de la historia de Cholula es con la cultura tolteca-chichimeca, la civilización que estaba cuando llegaron los españoles”, detalló Herrera.

Los pobladores de la cultura olmeca-xicalanca son los responsables de la construcción de la Gran Pirámide de Cholula, también llamada Tlachihualtepec, que significa “cerro hecho a mano” o “montaña construida”.

"Por el colosal tamaño de su base cuadrada, de 400 metros por lado, es considerada la más grande del mundo si se toma en cuenta solamente ese aspecto, y tiene una altura aproximada de 65 metros", relata Herrera.

En realidad, es el resultado de la superposición de siete pirámides. Cada una de ellas cubrían la totalidad de la pirámide anterior, según los expertos.

“Lo que recomendamos para un buen recorrido turístico de la ciudad es que se inicie la visita en la zona arqueológica”, que cuenta con “un museo de sitio con tres salas: una con una maqueta de las distintas etapas de edificación de la pirámide, la segunda con elementos arqueológicos y la tercera con réplicas del Mural de Bebedores y el Mural de Chapulines (saltamontes), que se encuentran dentro de la pirámide”, detalla la representante de Turismo en el municipio.

Lo que se aconseja después es recorrer la parte del interior de la muralla accesible al público, un túnel que la cruza por debajo y que tiene dos kilómetros de distancia.

La experiencia, única, no resulta tan claustrofóbica como uno podría imaginar por la buena iluminación y las indicaciones que lo guían a uno por el recorrido.

Desde que se iniciaron las excavaciones hace décadas (los primeros trabajos corrieron a cargo del arqueólogo Ignacio Marquina en 1931) se han abierto túneles con una extensión total de 8 kilómetros en el interior de la edificación que, por el paso de los años y el crecimiento de la vegetación en su parte externa, tiene la apariencia de una montaña cualquiera con forma cónica.

El túnel de acceso público desemboca en el llamado Patio de los Altares, la zona arqueológica externa, en el extremo sur de la pirámide, donde es posible observar los trabajos de recuperación de varias construcciones de menor tamaño y alguna estela grabada, pues allí estaba el área donde antiguamente llevaban a cabo sus ceremonias político-religiosas los pueblos originarios.