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Cartagena entre piratas, lluvia y el escenario de un amor colérico

Expedicionarios visitan el Castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena de Indias / Foto EFE/Concepción M. Moreno

Expedicionarios visitan el Castillo de San Felipe de Barajas, en Cartagena de Indias / Foto EFE/Concepción M. Moreno

Los expedicionarios de la Ruta BBVA recorrieron el centro histórico de esta linda ciudad colombiana, en una excursión que lleva por lema “Aventura en el país de las esmeraldas. La ruta mágica de las piedras verdes”

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No queda claro si es una clásica ciudad colonial, un parque temático para turistas o un escenario creado por un genial autor. Cartagena de Indias es eso y más, como históricos asedios de piratas y lluvia caribeña, lo que han podido comprobar los expedicionarios de la Ruta BBVA.

La primera jornada de los ruteros en la segunda parte de su periplo -el viernes 7 concluyeron la expedición que iniciaron en tierras españolas el pasado 25 de julio- les ha llevado a recorrer el centro histórico de esta linda ciudad colombiana, en la que, a buen seguro, se habrán tropezado con alguno de los inmortales personajes de Gabriel García Márquez si han agudizado la vista.

Mujeres ataviadas con coloridos vestidos para despachar frutas variadas en la acera, caleseros que ofrecen paseos por el casco antiguo, vendedores ambulantes que muestran joyas y bisuterías diversas, guías turísticos que explican a sus babelianos clientes las claves de los aldabones o de los enormes portones de la ciudad.

Todos ellos cotidianos personajes en una ciudad extraordinaria. Y si, además de a los datos ofrecidos por sus cicerones, los 174 estudiantes de 21 países iberoamericanos que participan en la trigésima edición de la Ruta BBVA han abierto sus ojos a la magia habrán podido observar los pasos de Florentino Ariza persiguiendo a Fermina Daza.

Mientras atienden a dichas explicaciones, más de un ojo avizor habrá podido adivinar a los protagonistas de una de las grandes novelas del nobel colombiano, El amor en los tiempos del cólera, bajo la arcada del Portal de los Dulces, clara inspiración para el Portal de los Escribanos, escenario de un momento cumbre de la obra.

La jornada se inició en el Castillo de San Felipe de Barajas, fortificación que comenzó a construirse en el cerro de San Lázaro en 1657 para la defensa de la entonces colonia española de los frecuentes ataques de piratas, entre ellos el tan famoso como temido Francis Drake.

Pero, sin duda, el momento más relevante en la historia de este fuerte ocurrió en 1741, cuando tuvo lugar el Sitio de Cartagena, por parte de las tropas inglesas enviadas por el rey Jorge II y comandadas por Edward Vernon.

“Gracias a los mosquitos hoy hablo español. Si no, estaría hablando inglés”, resumía el guía Sigfrido Garistizábalo a uno de los grupos en que se organizaron los expedicionarios durante la visita, para explicar las adversidades sufridas por los más de 31.000 ingleses que asediaron la ciudad caribeña.

La derrota que, según los ingleses, jamás existió tuvo en la persona del almirante Blas de Lezo, que comandó a los apenas 3.000 combatientes españoles, a su mayor baluarte.

Por ello, la estatua de Mediohombre, apodo por el que se le conocía a causa de las múltiples heridas sufridas en su vida, preside el acceso a la fortificación y, por este motivo, los ruteros recibieron ante ella las primeras explicaciones por parte de Andrés Ciudad, subdirector de la Ruta BBVA.

El Sitio de Cartagena “logró retrasar los procesos de independencia de las comunidades americanas unos 40 o 50 años más. (España) Logró retener su imperio. Si hubieran ganado los ingleses habría sido muy diferente”, comentó a los estudiantes.

La expedición se trasladó después al casco antiguo, donde, tras traspasar la Torre del Reloj, accedió al mencionado Portal de los Dulces, antesala de esa cuadrícula colonial de inmensas casas con portones y balcones de madera y calles coloreadas por las fachadas y sus flores colgantes.

En ese tiempo detenido que suele adormecer el día en el Caribe lo que no podía faltar es su impetuosa lluvia, tan pertinaz como inoportuna. Y esta asaltó a la expedición en pleno paseo por el casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1984.

“La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos” y gracias “a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”, escribió Gabo en El amor en los tiempos del cólera. A buen seguro, la jornada vivida en Cartagena será de las que los expedicionarios agranden en el futuro.