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"En Canaima el tiempo se detiene"

Benjamín Rausseo, humorista y empresario, aseguró que una vez trató de imitar a Tarzán agarrando un bejuco y cuando iba por la mitad el bejuco se partió. "Rompí dos piedras y dos matas con mi espalda"

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Una vez más Benjamín Rausseo –mejor conocido como El Conde del Guácharo– recorrió uno de los lugares más exóticos de Venezuela: Canaima. En esta oportunidad, el humorista venezolano viajó con su familia y algunos actores de su reciente película llamada Er Conde Bond 007 y pico. Cada año busca la manera de explorar y reencontrarse con este maravilloso destino.

Lo mejor

El Salto del Sapo. Uno atraviesa la cascada por la parte de adentro entre rocas y el agua. Eso es como entrar a otro mundo. Hay que caminar bastante y al final uno llega muy cansado, pero vale la pena el viaje.

Lo peor

Podría decirse que los mosquitos que son parte del paisaje. Son unos helicópteros.

Para comer

Puede hacerse en los mismos restaurantes de la posada donde uno se hospeda. También en el pueblo hay varios locales donde se prueba un pollo asado muy bueno.

¿Dónde alojarse?

Existen dos sitios: uno se llama Waku Lodge y el otro es el hotel de Venetur. Están exactamente al frente de la laguna de Canaima.

¿Qué probar?

Pescados de la misma zona, específicamente los aymara.

¿Qué tomar?

Un buen vino tinto o blanco. No recomiendo las bebidas espirituosas porque el momento es tan sublime, el paisaje es tan hermoso que con una buena copa de vino se va bien.

Para salir de noche

Es más que todo un sitio de descanso, relajación, de pensamiento. Canaima es un lugar para encontrarse con uno mismo o si no con alguien que haya ido para allá.

Para pasear

Todos los días se emprenden a sitios en el río. El regreso es en la tarde y las personas se pueden bañar donde cae el Salto Ángel.

¿Qué adquirir?

Collares y piedras. Claro, hay muchos otros objetos. Uno se puede traer una maleta de tantas cosas bonitas que se elaboran allá.

¿Caro o barato?

Para lo que uno vive ahí es barato. Caro es algo que no vale lo cuesta, pero Canaima vale lo que cuesta. Cada centavo que uno gasta ahí vale la pena.

¿Cómo sus habitantes?

Son gente muy amable. Siempre están pendientes de atender a los visitantes. El trato es espectacular.

Una anécdota

Una vez traté de imitar a Tarzán. Agarré un bejuco y me tiré. Cuando iba por la mitad el bejuco se partió. Rompí dos piedras, dos matas con mi espalda. En conclusión: hice un desastre. Sólo tengo que decir que cuando esté viejito –como dentro de 40 años– me iré a vivir para allá porque ese es un lugar donde el tiempo se detiene y conserva a la gente.