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El Camino del Inca trekking cerca de los dioses

La antesala a la ciudadela de Machu Picchu  | Foto: Eduardo Salazar y Alessandro Beloli

La antesala a la ciudadela de Machu Picchu | Foto: Eduardo Salazar y Alessandro Beloli

Cuzco es un gusto, pero al emprender marcha hasta Aguas Calientes todos los sentidos se ponen a flor de piel. Un sendero de varios kilómetros que puede volverse un pequeño camino cuando no solo se hace con los pies sino con el alma

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Desde La Paz, en Bolivia, hasta el pueblo de Cuzco, en Perú, son unas 6 horas por carretera, pero con las malas condiciones de la vía, así como la burocracia de ambos países para pasar las fronteras, el viaje durar hasta 10 horas.

El recorrido muestra pueblos símiles entre Bolivia y Perú; mujeres con polleras; niños jugando al ras de las vías; hombres bañándose en riachuelos; llamas a sus anchas, y al final, después de tantas horas, se llega a Cuzco. Es un pueblo grande decorado con una plaza imperial que, junto a su casco histórico, vuelven vistoso y agradable el lugar. Se come de lujo, eso sí. La gastronomía peruana de fusión –y bien hecha– puede llegar a ser una exquisitez inolvidable.

Capital histórica. Cuzco es Patrimonio de la Humanidad, y es considerada la capital histórica de Perú. Fue la metrópoli principal del Imperio Inca y después de la época de la Colonia quedó llena de plazas, palacios e iglesias de estilo barroco que cautivan a propios y a extraños. La Capilla de la Sagrada Familia, el Convento Santo Domingo, el Santuario Coricancha, la Catedral y la plaza principal son algunos de sus atractivos.

Sin embargo, y hay que advertirlo, aunque el centro es realmente encantador, el resto de la villa está lleno de callejones en mal estado, sin señalización y de poco ver.

En ruta. La mayoría de los turistas –unos 3 millones solo en 2015­– elige ir en tren de Cuzco hasta Aguascalientes y desde allí se sube al Machu Picchu. Pero otros más deportistas; los que no tienen tanto dinero; o “más aventureros” deciden andar. Sí, caminar durante horas y horas para llegar al maravilloso templo inca. Es una ruta que lleva por distintos pueblos que esconden bellezas inigualables.

También hay un bus que brinda un paseo por Ollantaytambo, de gran valor arqueológico. Allí llama la atención la puerta de entrada conocida como Punku Punku. Antes se puede visitar Sansacyhuaman colmado de rocas calizas.

Otros poblados que se atraviesan en el camino son Santa María y Santa Teresa. A diferencia de Cuzco, donde es un deleite los platos de mar y del altiplano, y muy especialmente el queque de higos (inolvidable), en el Camino del Inca no se puede decir lo mismo: la prueba es una milanesa de pollo con sabor a pescado (fatal). En este lugar no abundan los intentos para que el peregrino deguste platos bien elaborados.

Regocijo del alma. Eso sí,  por este valle bendito a la falda de la cordillera de los Andes se admiran con facilidad paisajes naturales como montañas sobre montañas, riachuelos y cielos que inspiran al viajante al regocijo del alma.

El clímax se alcanza después de la zona conocida como Hidroeléctrica, 11 kilómetros de senderos verdes, frescos y tranquilos que dan una tregua al caos de la ciudad para adentrarse en una aventura tan agreste como fascinante en la que sucumbe la mirada ante lo mayestático de la sustancia terrenal, el oído se extasía con la melodía de las aves silvestres, y el olfato se enamora de los olores campestres. En fin, se aguzan los sentidos logrando conectar el cuerpo con el alma.

Al llegar a Aguascalientes, el preámbulo a Machu Picchu, cobra sentido el término indígena con que se define esta ruta: QhapaqÑan (Camino del Poderoso). Quizá uno no sea un rey inca pero se siente como tal.

Para tomar en cuenta

- Este trecho pertenece al Tahuantinsuyu, un extenso sistema de caminos de la civilización incaica que une a Ecuador, Perú, Chile y Argentina.

- Ir caminando hacia Machu Picchu es más económico que ir en tren. Aparte de ser una experiencia increíble, el costo no supera los  100 dólares.

- Por más extraño que parezca un camino lleno de paz también puede estar lleno de adrenalina. Nosotros, inventando un poco, pasamos por un puente de trenes, pero no por el paso peatonal si no saltando sus separaciones de madera –desvencijadas– que nos dejaban, entre salto y salto, a unos 10 metros de altura del río.

En busca de sabores

- ¿El sabor de este viaje? Sin duda el queque de higos, imperdible en el restaurante Baco en Cuzco.

- El mejor plan por la noche: el casco colonial cuzqueño cobra mucha vida, existen numerosos pubs para divertirse, conocer gente de otras culturas y picar ceviche, cacerolas de camarones y hamburguesitas de llama.