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Boom turístico pone de cabeza a Lisboa

Torre de Belem en la costa de Lisboa / Foto Pixabay

Torre de Belem en la costa de Lisboa / Foto Pixabay

La cifra de cuatro millones de visitantes extranjeros en 2015, un nuevo récord, contrasta con el poco más de medio millón de vecinos que tiene la capital lusa

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Calles levantadas, edificios antiguos rehabilitados, decenas de nuevos hoteles de cuatro y cinco estrellas. Miles de turistas por las estrechas calles, tuk-tuks que circulan por las empinadas cuestas, tranvías atestados de extranjeros y viejas tascas reconvertidas en locales gourmet.

Éste es el panorama que presenta hoy el centro de Lisboa, una ciudad frecuentemente calificada de decadente y tradicional, muy pegada a sus raíces, con un carácter profundamente ligado a los barrios y cuya fisonomía está cambiando de forma visible debido a su condición de destino turístico de moda.

Los edificios derruidos y en mal estado -frecuentes en pleno casco histórico- son cada vez menos gracias a la rehabilitación, y el turismo se ha convertido en una actividad económica clave para la ciudad. Sin embargo, un creciente número de voces alertan de las consecuencias de este fenómeno y reclaman poner límites para que la capital lusa no pierda su esencia.

La cifra de cuatro millones de visitantes extranjeros en 2015, un nuevo récord -y subiendo-, contrasta con el poco más de medio millón de vecinos que tiene Lisboa como tal, número que sube a un millón y medio si se incluye el área metropolitana.

Esta tendencia ha supuesto también una revolución en el mundo inmobiliario, que vive un boom prácticamente inaudito, en contraste con el letargo de la construcción en los años de crisis.

Al calor de la explosión de lisboetas que alquilan habitaciones en sus propios pisos a través de nuevas plataformas de internet específicas para este tipo de alojamiento, los precios han tendido a subir de forma exponencial y las inmobiliarias ya estiman un aumento del alquiler de entre el 30 y el 40% solo desde 2014.

Detrás del boom del sector inmobiliario se encuentra fundamentalmente la inversión extranjera, responsable de cerca de un 80 % de toda la actividad. Según datos de un informe de PWC, las cifras son “impresionantes para el contexto portugués, que nunca antes había recibido” tantos fondos procedentes del extranjero.

El propio Ayuntamiento de Lisboa calcula que un apartamento de una habitación por el centro ronda ahora los 800 euros, un valor que prácticamente coincide con el salario neto medio de Portugal.

Esta presión alcista de precios ha agravado la fuga de vecinos del casco histórico, totalmente volcado en atender a los turistas.

Las mercerías, los bares clásicos y las carnicerías han dejado sitio a las tiendas de conveniencia, los “gastrobares” y comercios de las grandes marcas de ropa a nivel mundial.

“Estamos convirtiendo Lisboa en un parque temático, una especie de Disneyworld”, alerta el investigador urbano Luís Mendes, docente en el Instituto de Geografía y Regulación del Territorio de la Universidad de Lisboa.

Mendes habla de una “turistificación” de la ciudad que “está acelerando el proceso de expulsión de antiguos moradores de los barrios históricos para zonas periféricas”.

En su opinión, una ley de rentas antiguas que permite a los propietarios cesar el contrato con el inquilino con relativa facilidad y una normativa sobre alojamientos turísticos informales demasiado laxa son dos de los factores claves en este proceso.

“La mayor parte de los desalojos no son directos, sí indirectos, ya que a medida que la zona se revaloriza, desaparecen las tiendas de barrio. Y así queda una población pobre, con poca movilidad, sin servicios cerca y cuya red social de amigos estaba en el barrio y ya se han ido”, lamenta.

Tanto en Bairro Alto como en Alfama, dos de los barrios más típicos de la ciudad, cada vez es más difícil oír hablar portugués, según denuncian los presidentes de sus juntas de distrito.

La multiplicación de rutas con aerolíneas de bajo coste, la llegada masiva de cruceros, el refuerzo de su estrategia de promoción internacional, precios competitivos en comparación con otra partes de Europa y la crisis que viven destinos como Túnez o Egipto son algunas de las razones del éxito turístico luso.

Una encuesta realizada en 2014 por el Observatorio de Turismo de Lisboa a los visitantes extranjeros concluía que la característica que más destacaban de la ciudad era, lejos del resto, la “autenticidad”, una seña de identidad que ahora, dos años después, se encuentra en peligro de extinción.