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Barquisimeto quiere entrar en la era verde

Piscina del Biotel/Cortesía Pisapasito

Piscina del Biotel/Cortesía Pisapasito

En una visita a la capital larense hicimos un recorrido por el bosque Macuto, conocimos su historia, supimos que hay jóvenes empeñados en protegerlo y que bajo sus árboles está un importante reservorio de agua

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Un hotel amable con el planeta. Sorprende la calidez de Biotel Suites, a pesar de su ubicación hacia el otro extremo de Barquisimeto, pues queda frente al Obelisco. Al entrar la luz natural da la bienvenida.

Techos altos, una barra y elementos en verde menta, la recepción, al fondo el restaurante, un grupo de música en vivo tan sutil que se puede conversar, y como telón un ventanal inmenso, la piscina temperada con jardines y una pared vegetal cuyo mayor mérito es su aroma y sabor. Está sembrada de hierbas para uso del chef.

Este primer espacio es indicativo del aprovechamiento de la luz solar en un país tropical y de la amplitud del venezolano, la confianza, las ganas de ver a todo el mundo sin encierros.

De inmediato se aprecia el ambiente grato del nuevo hotel.

Al subir a las habitaciones, el asombro continúa. Son 153 en 8 pisos con un mobiliario útil, sobrio, perfecto. Imposible sentirse agobiado. Las camas sabrosas, Internet inalámbrico, televisión por cable con 80 canales, mesa de planchar y plancha y la posibilidad de pedir habitaciones junior interconectadas.

El diseño arquitectónico es de Erickú Shell, una joven venezolana. Me hubiera encantado conocerla. Darle un proyecto de esta magnitud a una persona tan joven dice mucho de sus dueños larenses. Me contaban que el plan inicial era hacer un hotel tres o cuatro estrellas, sencillo y práctico, pero se fueron entusiasmando ­a pesar de no tener experiencia en hotelería­ y en diciembre de 2011 culminaron Biotel.

El plan es hacer un gran complejo con otro hotel y un grandioso salón de convenciones.

Actualmente están aplicando por la certificación mundial Leed como hotel ecológico. Entre sus haberes para solicitarlo: 70% de ahorro energético por uso de iluminación LED y por el sistema eléctrico automatizado; sistemas ahorradores de agua; las alfombras de habitaciones, salones y pasillos tienen certificación internacional Leed; almacenamiento y uso del agua de lluvias y de los aires acondicionados para riego de áreas verdes; papeleras con identificación para separación y reciclaje de desechos; manejo de desechos para producir abono y uso de detergentes ecológicos y certificados a nivel mundial. Visiten su página para que les provoque hospedarse. Es cinco estrellas.

Un bosque. Por una llamada de Imarú Lameda Camacaro nos fuimos a visitar el bosque Macuto, justo enfrente de Barquisimeto, en la zona de Cabudare, al pasar el mítico puente Macuto. Imarú es investigadora licenciada en Estudios Ambientales, creadora de la Red Oso Andino @redosoandino, egresada de la Universidad Yacambú. Durante los últimos años se ha dedicado a seguirle la pista al oso frontino en Argentina y Venezuela, y aunque lo más cerca que ha estado de verlo ha sido presenciar un pupú aún tibio, por nada desiste de su empeño en proteger al oso andino, Tremarctos ornatus , único úrsido de Suramérica. Ahora es la coordinadora de Gestión Ambiental de la Fundación Bosque Macuto, cuyo presidente es Oswaldo Castellanos.

Confieso que casi me devolví al llegar. Iba con la idea de conseguir un bosque y lo que vimos fue un parque repleto de kioscos, columpios, animales de metal y caminerías de cemento. Eso hubiera sido comprensible. Más desconcertante fue ver las vallas con la cara de los gobernantes actuales que colocan para que nadie dude que son obras suyas.

El entusiasmo de Imarú y sus compañeros nos estimularon a seguir. Pasamos ese desaguisado intervenido y llegamos finalmente al auténtico bosque Macuto, el espacio que la fundación quiere rescatar y promover.

La historia. Sucede que este bosque de 203 hectáreas de vegetación es el primer reservorio acuífero de Barquisimeto. Produce 30% del agua que se consume en la capital de Lara. Es, además, el único bosque perimetral de Latinoamérica y el principal pulmón vegetal de la ciudad. Inconcebible que destruyeran un área de 7 hectáreas para hacer este parque infantil que ahora luce tan abandonado. El nuevo atractivo es otro espacio de atracciones y agua a pocos kilómetros de distancia, con tantos avisos de la alcaldesa de turno que no queda claro si lo que hay es un parque o su casa.

Caminamos más de una hora por este bosque, en muchas áreas por casi una carretera de tierra, pero en otras con caminitos bajo la sombra. Sorprendente el cambio de vegetación y de clima. Hay zonas semiáridas con bosque frondoso. Actualmente se hace el levantamiento de fauna, pues el objetivo es convertir este espacio en un auténtico refugio para seres sensibles que quieran caminar bajo los árboles, observar animales, entender la importancia de conservar los acuíferos a cinco metros de profundidad, creación de un vivero agro ecológico donde se utilice el desecho animal con bagazo de caña para el abono. Si bien están apenas en los inicios son notorios el entusiasmo y la claridad en los objetivos. Procuran el menor impacto en las labores de limpieza. Quieren dejar el bosque en su estado originario a pesar de los embates sufridos. Debo decir que el momento más impactante del recorrido es cuando se llega a la vieja piscina abandonada. Tiene forma de guitarra y está rodeada de chaguaramos con más de 100 años, los más altos y flaquitos que haya visto en toda Venezuela. Así será que se pueden ver desde la plaza Bolívar, la Ribereña y el puente Macuto.

Nos cuentan que en los años cuarenta y cincuenta los barquisimetanos se instalaban bajo ese bosque a tomar fresco, pues era tan denso que ni siquiera entraba la luz solar. En 1936 fue construida la primera piscina pública del país ­esta, cuyas ruinas aún se mantienen­ y en los alrededores había una pista de baile en la que se organizaban tremendos saraos. Hay que ver las fotos en la web: www.parquebosquemacuto.com. El agua entraba y salía permanentemente y llegaba hasta el río Turbio. Era escenario de domingos familiares.

Hasta Benito Quiroz le escribió una canción. Pero el funcionamiento de esa estructura no se puede recuperar, pues ya no existe el caudal de agua. Valdría la pena acomodarla como homenaje a la época.

Imarú Lameda y sus compañeros dicen que el bosque Macuto se mantiene gracias a las visitas guiadas y el vivero. La alcaldía paga los sueldos de los 60 obreros. Apoyamos esta nueva propuesta de biodiversidad urbana, con criterio ecológico y respetuosa del verdadero sentido del bosque como protector de los acuíferos. Sería un atroz ecocidio continuar con la tala de árboles para hacer un Disney guaro.