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Aveiro, la "Venecia de Portugal"

Las embarcaciones están decoradas con dibujos tradicionales y figuras de personajes célebres / Foto: EFE

Las embarcaciones están decoradas con dibujos tradicionales y figuras de personajes célebres / Foto: EFE

La ciudad de Aveiro, a medio camino de Oporto y Coimbra, presume de canales, barcos "moliceiros" y de un encanto que atrapa cada año a miles de turistas de todo el mundo

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Hace décadas que la etiqueta de "la Venecia de Portugal" lanzó la proyección turística de Aveiro, ubicada a unos 220 kilómetros al norte de la capital, convirtiéndola con los años en unas de las ciudades más visitadas del país, después de Lisboa y su vecina Oporto, escasamente distante a una hora en auto.

Asentada al margen de su imponente ría, de 11.000 hectáreas de las que más de la mitad están siempre inundadas, su parecido con la ciudad italiana no escapa a los numerosos turistas que, día a día, quedan seducidos por su red de canales y las numerosas embarcaciones a motor, denominadas "moliceiros".

El nombre proviene de que antiguamente con ellas recogían el moliço, un alga marina utilizada para fertilizar los campos de cultivo. Las barcas son típicas y exclusivas de la ría de Aveiro, llevan la proa levantada y recuerdan a las góndolas venecianas y son uno de los emblemas de esta urbe de unos 70.000 habitantes.

Precisamente, estas góndolas portuguesas son uno de los reclamos turísticos de la ciudad. Decoradas con dibujos tradicionales y caracterizados con figuras de personajes célebres del país (alguno lleva la efigie del famoso futbolista Eusebio), una de sus características es su fondo plano debido a la poca profundidad de la ría, escasamente de dos metros.

Playas e iglesias. Subirse a un "moliceiro" es la mejor forma de conocer esta pintoresca urbe. Lo habitual es tomar una de estas embarcaciones en la plaza de Humberto Delgado y recorrer sus cuatro principales canales, llamados: de las Pirámides, Central, de los Santos Mártires y de San Roque, y observar sus emblemáticos edificios y sus puentes tan curiosos, alguno de ellos recuerdan notablemente a los de Venecia.

El "timoneiro" Joao Sepulcre, como aquí se denomina a los guías turísticos que reciben día a día a cientos de turistas en sus "moliceiros", explica entre risas que Aveiro siempre es comparada con Venecia, "pero debe ser Venecia la que se compare con Aveiro".

Con cierta prepotencia Sepulcre va explicando a los turistas el origen de la ciudad y la importancia que tuvo esta urbe en la Edad Media como puerto pesquero. También la idiosincrasia de su ría, fruto de la formación de cordones litorales que, desde el siglo XVI, formaron una laguna que actualmente está considerada como uno de los más importantes y bellos accidentes hidrográficos de la costa portuguesa.

El recorrido a bordo de una de estas barcazas permite conocer el antiguo barrio de pescadores, con sus emblemáticas edificaciones adornadas con los característicos azulejos portugueses y sus antiguas casas de paja para el almacenamiento de la sal, gracias a sus abundantes salinas, otro de los focos económicos de la ciudad.

Pero Aveiro ofrece muchas más cosas en tierra firme, como la visita a su catedral, el Convento de Jesús –hoy en día el segundo museo más visitado de Portugal–, la iglesia de la Misericordia… y sus playas.

Para visitarlas hay que desplazarse unos cinco kilómetros para llegar a lugares como Costa Nova, con sus peculiares "palheiros", casitas de colores pintadas a rayas, o a Praia da Barra, un inmenso cordón litoral reclamado durante todo el año por numerosos surfistas.

La visita a Aveiro y sus alrededores no podía terminar sin degustar su excelente caldereta de anguila, una de las especialidades de la zona, así como sus famosos "ovos moles", dulce que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad y que fueron creados por las monjas del Convento de Jesús en el siglo XVI.