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El Amazonas sigue virgen aunque vayan al conuco en moto

Atardecer en Boca de Autana / Pisapasito

Atardecer en Boca de Autana / Pisapasito

Volvimos al Autana, pasamos una noche en la comunidad de Boca de Autana  y otra en Ceguera, recorrimos los ríos encaramadas en un bongo con un chinchorro que se mecía al ritmo del agua, coincidimos con visitantes poco amables con el entorno y supimos que los trabajadores turísticos están sometidos a múltiples penurias en Puerto Ayacucho

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En sus 180.000 kms2 se respira el aire puro que debemos conservar para el resto del planeta. Por eso, gran parte del estado Amazonas ha sido decretado parque nacional o monumento natural, vivienda de miles de especies de plantas y una riquísima variedad de fauna. La fascinación mayor es remontar sus ríos en curiaras, hospedarse en las comunidades indígenas e internarse en su selva por días enteros para aprender a sobrevivir en la espesura sin sol y en la humedad sin consuelo. Cada travesía por el Amazonas confirma mi amor por la naturaleza y consolida mi certeza de que todas las respuestas están en los ríos. Adoro conversar con los indígenas mientras comparto un ajicero y me asombra cómo saben dónde están las piedras de los ríos para esquivarlas al navegar en las curiaras.

Puerto Ayacucho es la iniciación y el punto de salida para conocer lo más fascinante en los viajes largos al Cuao, el Autana, Caño Negro, el lago Leopoldo y el Ventuari, o volar a campamentos cercanos con paseos a caños y caminatas de selva.

La confrontación se instaló

En este estado que describimos como territorio feliz para internarse en la naturaleza, donde los visitantes hemos sido dichosos en cada recorrido, en el cual el turismo creció por años con viajeros de Venezuela y del mundo, se instaló con fuerza la confrontación política que reina en el país. Hay una especie de gobernación paralela. Se dice que la 52 Brigada de Infantería de Selva, a cargo del general Zambrano Mata, es la que manda. Todo lo que sale por el puerto de Samariapo a los 6 municipios restantes es controlado por esa brigada. Nos contaban los indígenas de las comunidades que visitamos que cada vez que van a buscar combustible a Samariapo, aun cuando tienen sus cupos, deben esperar días o semanas hasta que el general firme la orden. Si se alteran o reclaman sus derechos no reciben el combustible. Esas familias deben cubrir sus gastos en la capital, trasladarse desde el puerto para hacer la cola y no se pueden regresar sin combustible a no ser que lo hagan nadando durante una semana o más. Entre el puerto de Samariapo y Puerto Ayacucho hay 60 kilómetros. Antes los permisos se sacaban en el puerto. La única forma de comunicación entre esas comunidades y la capital es por río, en curiaras o voladoras, para lo cual requieren combustible. Las operadoras turísticas deben enviar sus listas de pasajeros con una semana de anticipación. No niegan el permiso, pero hay que esperar. No era así, y me consta. Si son viajes al alto Orinoco difícilmente permitirán que pase un extranjero. El argumento es que la Ley de Seguridad y Defensa está sobre todas las leyes. El capítulo más reciente fue la toma del hotel Amazonas, liderada por el ministro de Turismo, Andrés Izarra. Este lugar ha sido siempre propiedad de la Gobernación de Amazonas. En una ocasión se le entregó en concesión a Benjamín Rausseo –el Conde del Guácharo– y cuando él se retiró se llevó todo lo que había colocado. El actual gobernador, Liborio Guarulla, lo recuperó y lo puso en servicio. El 11 de septiembre ocurrió la toma y hasta ahora que escribo esta nota –24 de septiembre– no hay quien dé la cara ni explique cuándo lo abren. Está acordonado por la Guardia Nacional, no dejan pasar y nada parece indicar que se estén haciendo trabajos para mejorar las instalaciones. Lo que llama la atención es que todos sabemos –y lo confirmó el ministro Izarra en entrevista concedida al programa La Guarandinga– que los hoteles de la cadena Venetur están todos en rojo. ¿Para qué sumar hospedajes si no pueden con los que tienen? ¿Qué tal si en lugar de tomar el hotel Amazonas se ocupan de autorizar más vuelos para que la visita pueda llegar, de eliminar tanta traba para el combustible, de facilitarle la vida a los indígenas para que puedan buscar combustible y alimentos, de ayudar a la Iglesia para que muden el Museo del Amazonas a la nueva sede? Sería bastante más útil para el turismo y el crecimiento del estado como extraordinario y privilegiado destino de naturaleza.

Una dicha ir al Autana

He viajado al Autana unas cinco veces. Adoro encaramarme en esos bongos largos y lentos, guindar el chinchorro, mecerme levemente y dejar las penurias en la corriente para que se diluyan en el mar.  En esta ocasión fuimos con Miguel Ángel Navarro como guía y Armando Yavinape de motorista, ambos trabajadores de Tadae, la empresa de Javier Vielma. Me fascina la comida que hace su esposa y la atención tan especial y personalizada que prestan.

Arrancamos desde ese desastre que es el puerto de Samariapo –sucio y desordenado– para entrar al universo de la naturaleza sana y radiante. La primera parada la hicimos en el raudal de Caldero,  una poza exquisita con cascaditas a un borde del río Autana. Navegamos serenitos hasta la comunidad de Boca de Autana, donde vive un grupo de piaroas que resolvió ocuparse del turismo desde hace más de 15 años. Tienen 2 churuatas para guindar chinchorros, una letrina que deben acomodar, hay un panel de energía solar pero las baterías se dañaron, una planta que también se echó a perder, así que ya no hay luz y tampoco energía para utilizar la bomba de agua. Pero tienen una moto para ir al conuco.

Ramona Morillo, piaroa de la comunidad, nos explica que tienen un cupo de gasolina de 900 litros por mes. Los niños van a la escuela de Mavaco –comunidad cercana– los de básica se llegan hasta isla de Ratón y el bachillerato lo hacen en Puerto Ayacucho. Los atardeceres son preciosos. Nos instalamos en la gramita luego de un buen baño de río, esperamos a que el sol desapareciera en medio del silencio más intenso, dormimos en chinchorros y en la mañana navegamos hasta la comunidad de Ceguera, justo frente al sagrado Tepui Autana. Ahí viven unos 60 piaroas, cada quien tiene su conuco. Han instalado churuatas para guindar chinchorros y colocar las cocinas, hay unos baños muy precarios –antes estaban bastante mejores– y algunos son guías y porteadores en los paseos hasta el Guahari para ver el Autana de cerca.

Nos tocó un grupo insensible que no merece estar frente a esta montaña porque no la entienden. Se tomaron cuatro mazzinger de ron, pusieron música a volúmenes de playa Pantaleta en Semana Santa y no hubo persuasión ni diálogo posible. Los viajeros de naturaleza queremos escuchar el río, el viento, los animales. Para oír reguetón quédense en su casa.

Puerto Ayacucho y sus alrededores

En la capital de Amazonas hay que visitar el mercado indígena y la catedral María Auxiliadora. Antes recomendaba el Museo Monseñor Enzo Ceccarelli, pero su director –Alejandro Signi– murió el 10 de marzo de este año sin lograr que le dieran los recursos para la mudanza a la nueva sede. Muchos dicen que la tristeza lo mató. Da dolor recorrer el museo. Lo conocí en su esplendor. Se robaron las piezas más valiosas. El padre Ramón Irribaren aseguró que se están mandando a hacer otra vez las figuras robadas.

En otra época era sabroso salir a caminar de nochecita por el pueblo para comer en los tarantines de los árabes. Con todo y la 52 Brigada de Infantería de Selva, la inseguridad es tan alarmante como en el resto del país. Me impactó ver muros y cercos eléctricos en las casas. Aseguran que a diario asaltan entre 2 y 3 casas. No se ve un alma en la calle después de las 8:00 pm. En el restaurante del hotel Amazonas se comía sabroso, pero eso era cuando lo tenían Pedro Cáceres y Nelson Méndez, el chef del Amazonas. Los sacaron cuando tomaron el hotel y siguen sin saber cuál será su destino. No los han dejado mover nada. Hasta la comida sigue presa.

El gran sitio para hospedarse sigue siendo el Campamento Orinoquia, junto al río, sobre las lajas de piedra del Orinoco, en churuaticas de varios niveles. Sin embargo, hasta ahí ha llegado el deterioro. Son tan pocos los visitantes que es difícil mantenerlo. En este viaje visitamos el restaurante Las Topias, en la calle principal del barrio Simón Rodríguez. Su dueño es Adrián Bolívar. Lo fundó en 1996. La peculiaridad es que queda en una cueva entre piedras gigantes y negras. Se camina entre ellas por recovecos; hay mesitas y luego se abre un buen patio con palmas. Sirve pescado frito, sopas y parrillas. Ni siquiera tiene puertas. No hay forma de ponerlas. Abre sólo los fines de semana desde el mediodía hasta las 3:00 am. En las noches hay música. Suponemos que lo protege Santa Bárbara, porque tiene su altar.

Datos vitales

Guías confiables

Tadae. Turismo de Aventura

Avenida Río Negro, detrás de la plaza Indígena

Teléfonos (0248) 521 4882 / (0414) 486 5923

tadaevenezuela@hotmail.com

Para dormir

Campamento Orinoquia Lodge

En la vía hacia el Tobogán de la Selva, a orillas del Orinoco, sector Las Garcitas

Teléfonos (0212) 977 1234

ventas@casatropical.com.ve

www.casatropical.com.ve

Gran Hotel Amazonas

Avenida Amazonas, cruce con Evelio Roa

Teléfonos (0248) 521 5633

granhotelamazonas2010@yahoo.es