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Alcanzar la cima del Roraima

Subir el Roraima es una de esas cosas que hay que hacer por lo menos una vez en la vida. Es inevitable sentir emoción cuando se recorre uno de los lugares más antiguos del planeta

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Gritar “¡Cumbre!” al llegar a uno de los monumentos naturales más extraordinarios del mundo es una experiencia inigualable. Tres días de caminata son necesarios para ascender al mítico tepuy

Subir el Roraima es una de esas cosas que hay que hacer por lo menos una vez en la vida. Es inevitable sentir emoción cuando se recorre uno de los lugares más antiguos del planeta. Ubicada en pleno Macizo Guayanés, en la esquina sureste del Parque Nacional Canaima, esta antigua meseta de más de 2.000 millones años de antigüedad, sobresale del paisaje de la Gran Sabana.

No en vano el escritor británico Arthur Conan Doyle se inspiró en el Roraima para recrear El mundo perdido, novela que más tarde sería adaptada a la gran pantalla y que transcurre en la meseta suramericana. Cualquiera que visite el tepuy termina impregnándose de la energía del ambiente.

Día 1. La caminata comienza desde la comunidad indígena Paraitepuy, último lugar al que llegan vehículos. Allí, se revisa y se pesa el equipaje para verificar que se lleve justo lo necesario. Muchos de los pemones que viven en la zona brindan apoyo a los visitantes para aliviar la carga, por lo que es posible contratar a un “porteador” que llevará no más de 15 kilos de peso.

Desde el Paraitepuy se emprende un recorrido de 13 kilómetros hasta llegar al primer campamento. Cada paso va acompañado de una vista excepcional de la Gran Sabana con dos de los tepuyes más impresionantes de fondo: el Kukenán y el Roraima. En la primera jornada el paseo se desarrolla en los planos de la sabana y si se tiene suerte y el día está despejado, es posible ver cinco tepuyes más: el Tramen, el Ilu, el Karaurin, el Yuruaní y el Guadaca, también conocido como “El dedo de Dios” por su forma alargada. La visuales son puro disfrute.

Para llegar al campamento donde se pasará la primera noche hay que cruzar dos ríos: el Tec y el Kunenán. Dependiendo de la cantidad de agua que tengan, el guía decidirá en qué momento cruzarlos y si debe hacerse a pie o en curiara. Sea cual sea la decisión, es imposible no pensar en darse un baño refrescante en alguno de los torrentes.

La primera noche transcurre en el campamento Kukenán. Las comodidades de la aventura son acordes con la sabana, por lo que es necesario estar dispuesto a dormir en sacos, carpas y quizá entre ronquidos de los compañeros. Sin embargo, operadoras turísticas se esfuerzan por brindar confort, así que ofrecen ricas y completas cenas, ideales para recuperar energías. El cielo estrellado es otro recordatorio de que la aventura vale la pena.

Día 2. El momento de caminar hasta el campamento base ha llegado y para ello, hay que recorrer 9 kilómetros adicionales y comenzar a transitar algunas subidas que permitirán ascender alrededor de 900 metros de altura. El terreno comienza a cambiar y aparece una vegetación que deja ver diversas especies de orquídeas, bromelias y helechos. La meta se hace un poco más cercana y las vistas son todas de postal.

En el campamento base por fin la pared del Roraima luce cercana. Verla desde allí es impresionante: sus colores cambian con la luz del sol y sus formas dan rienda suelta a la imaginación de los viajeros. Si se mira hacia al frente, el tepuy luce próximo y si se mira hacia atrás la Gran Sabana, se muestra infinita. Esta noche es importante descansar y recargar energías, el próximo día se llegará a la cumbre.

Día 3. La última jornada para alcanzar la cima del Roraima exige una caminata de solo 4 kilómetros para subir 1.000 metros más de altura. Es el día más exigente, pero también el más emocionante. La vegetación propia de una escena de Jurassic Park, cambia abruptamente. Helechos cuelgan de los árboles y se mezclan con diferentes tipos de flores y hasta hongos.

La última fase del ascenso exige caminar entre piedras y atravesar el Paso de las Lágrimas, que consiste en dos delgadas cascadas que caen desde la cúspide y se mueven con la brisa, por lo que mojarse quizá es cuestión de azar. La vista que se tiene en esta fase del camino es idílica.

Llegar a la cima del Roraima es una de las mejores experiencias que pueden tenerse en la vida. No sólo por el hermoso paseo, sino también por el reto personal que representa. Una vez alcanzada, es inevitable gritar con emoción “¡Cumbre!”. Allí, todo es diferente. La vegetación boscosa se pierde y de pronto aparece una especie de paisaje lunar.

Arriba todo está en perfecto equilibrio: rocas gigantes, caminos de cuarzo, pasos de arena, flores de aspecto prehistórico, piscinas naturales que reflejan las nubes y hasta árboles que parecen los baobabs de El principito. Estando en la cumbre se pernocta en cuevas que son conocidas como hoteles, ideales para resguardarse de la brisa y el frío.

La visita no estaría completa sin acercarse al borde del Roraima, es necesario asomarse desde allí y ver hacia abajo para comprender la inmensidad de la meseta. El paisaje es tan majestuoso que dan ganas de quedarse allí para siempre.

Coordenadas

Bajando
Toma dos días descender a pie desde el Roraima. También es posible bajar en helicóptero y aprovechar para sobrevolar los tepuyes. Las vistas son inigualables.

¿Cómo llegar?
Operadores turísticos como Akanan Travel & Adventure ofrecen completos paquetes que cubren traslados, comidas, pernocta y guías especializados. Web: www.akanan.com
Teléfonos: (0212) 264 0080/ 2769

¿Qué llevar?
Saco de dormir, aislante térmico, ropa fresca y cómoda, suéter, chaqueta, botas de montaña, zapatos de goma, repelente para los insectos, kit de primeros auxilios, protector solar, traje de baño, impermeables. También es recomendable llevar bastones de trekking.