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Ahora le toca al turismo

Los piaroas aprendieron a vivir del turismo en la comunidad de Ceguera | Foto: Pisapasito

Los piaroas aprendieron a vivir del turismo en la comunidad de Ceguera | Foto: Pisapasito

Jamás en la historia un gobierno venezolano ha tomado la firme decisión de convertir el turismo en una fuente de ingreso importante para el país. Siempre hubo petróleo. Pues ahora está a locha y nada indica que vaya a subir. Es el momento para aprovechar nuestras fortalezas y hacer de Venezuela un extraordinario destino para viajeros locales y del mundo. Aquí analizamos las tareas pendientes y lo que tenemos listo

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Vivir del turismo es una decisión política. Jamás se ha tomado.

Quienes creemos en el turismo como una extraordinaria fuente de ingresos para el país tenemos muchísimos años fajados trabajando en fortalecer sus bondades, apoyar sus fortalezas, formar gente, crear infraestructura, mejorar servicios, promover destinos poco frecuentes, mostrar su naturaleza.

La empresa privada ha creado una variadísima red de posadas en todo el territorio nacional, ubicadas en sitios estratégicos, muchas veces en parques nacionales porque se trata de casas que estaban ahí antes de los decretos. Ya existen asociaciones de posaderos con criterios de calidad: el Circuito de la Excelencia y Sitios WAO.

Las operadoras que trabajan con el turismo de naturaleza han crecido mucho. Ofrecen planes impensables hace apenas 15 años. El desarrollo de este turismo es sostenido y en muchos casos se hace con una enorme responsabilidad y pericia. Se ha formado personal para ser guías de montaña, observación de aves, rafting, canyoning, escalada o surf. Cada vez son más variados los destinos. Varias etnias indígenas se han sumado al turismo. Los pemones son los únicos que pueden operar en la Gran Sabana. Los piaroas reciben en sus campamentos en la zona del Autana. Ya hay unos pocos waraos que ofrecen sencillos campamentos en el delta del Orinoco. Los yekuanas empezaron muy bien en el Caura pero ya cambiaron el turismo por la minería. La ventajosa cartera de créditos al turismo ha promovido la construcción de buenos hoteles, excelentes posadas y al mejoramiento de infraestructura existente.

Tenemos una naturaleza más que privilegiada. 46% de nuestro territorio está protegido por alguna figura, 16% son parques nacionales. Ningún país en el mundo tiene tantos y tan variados tepuyes. Se extienden por los estados Bolívar y Amazonas y muchos de ellos son absolutamente vírgenes y así deben conservarse. Nuestra costa es inmensa y diversa. Playas transparentes sin una matica y otras con un bosque tupido como en la zona de Paria. En los llanos tenemos magníficas reservas de fauna. Los Andes son gloriosos con sus montañas altas y sus frailejones. Aquí ha hecho un trabajo magnífico la gente de Andes Tropicales al desarrollar rutas preciosas y genuinas de contacto directo con campesinos y naturaleza. Aún tenemos islas completamente vírgenes, como La Blanquilla, La Tortuga, Las Aves y hasta La Orchila. No hay necesidad de usarlas todavía. Pueden ser refugios para más adelante.

Encima tenemos la gasolina más barata del planeta, aún cuando suban el precio. Tendríamos que ser el mejor país de la tierra para recorrerlo en carro, casas rodantes o autobuses. Pero cada día tenemos una flota más precaria. Las casas de alquiler de carros a duras penas pueden sacar uno que otro carrito. Es desolador.

Hay que reconocer el esfuerzo, la constancia y la mística del sector privado que trabaja con turismo en Venezuela. Lo hacen en contra de un Estado que no cree en el oficio. Pero ha llegado el momento de cosechar. Al Estado no le va a quedar más remedio que tomarnos en cuenta. Vamos a exigir lo que nos hace falta.


Nuestras debilidades. La inseguridad nos está matando literalmente. A nadie en su sano juicio le va a provocar visitar un país –por más primoroso y exótico que sea– si asesinan a esa muchedumbre todos los meses. Los asaltos a hoteles y posadas se convierten en noticia mundial muy rápidamente. Las posadas han tenido que convertirse en una especie de búnker con rejas, cercos eléctricos y hasta muros que les quitan la vista de playa. No hay sino que ir a Boca de Uchire para constatar con tristeza como se acabó la emoción de la posada con vista al mar. El asalto en Arapito causó estupor. Los veleristas no se atreven a andar por Mochima. Ni hablar de la costa de Paria tomada por el narcotráfico.

El desabastecimiento es patético. Posaderos pidiendo a los huéspedes que lleven su papel toillete o su jabón de baño. No se les puede exigir que hagan cola por dos paqueticos de harina si en un desayuno se va un bulto. Tienen que caer en el mercado negro para resolver y servir arepas o empanadas. Lavar las sábanas es una odisea.

La interconexión aérea es una desgracia. No hay otra palabra. La gente no puede venir desde afuera. Si llegan no tenemos cómo sacarlos. Y cuando están aquí jamás saben si llegarán a su destino porque los vuelos se atrasan o no salen. Los aviones están hechos una ruina porque no les dan divisas para comprar repuestos. Margarita deja de recibir cientos de turistas por falta de vuelos y de ferry. Y si es por carretera, hay que admitir que han mejorado algunas vías, especialmente en el llano, pero la Autopista Regional del Centro sigue siendo una troncal y la vía a oriente ya quisiera ser autopista siquiera los domingos. Y eso que han abierto alguito más.

El cuidado del medio ambiente no existe. El nuevo ministerio con su nombre pomposo se quedó en eso. La minería está acabando con el Parque Nacional Canaima. Se tomaron medidas en Campo Carrao, pero los límites del parque siguen destruidos por este desastre. En la Gran Sabana ya es notoria la presencia de las minas. Hay pemones que lo denuncian. En el río Caura se acabó el turismo. El Playón –antes con churuatas para recibir a la visita– es ahora un campamento minero con prostitución e inseguridad. Supe que existen guías que ofrecen cacería por Nichare. En la temporada de diciembre cuentan que cazaron un jaguar. En el Parque Nacional Morrocoy es tanta la construcción que los movimientos ambientalistas le dan pocos años de vida. Se han tomado algunas medidas –como paralizar un desarrollo gigante–, pero no es suficiente.

Nos falta muchísimo en atención al visitante. La Ley del Trabajo, con su empeño en mantener la inamovilidad laboral, apoya y defiende la flojera, la irresponsabilidad y especialmente la impunidad. Los trabajadores pueden hacer lo que se les ocurra porque no hay forma de prescindir de sus servicios. Se le ha solicitado el gobierno que permita mantener la nómina pero cambiar el personal que no funciona, y nada. Se premia la vagabundería.


La euforia del turismo. Ser un país que recibe visitas crea orgullo y sentimiento de arraigo. Emoción al compartir nuestros paisajes, atender con cortesía, explicar adónde ir y por qué, demostrar nuestros conocimientos de la geografía. Hemos hecho de nuestra gastronomía una fortaleza. Se han formado cocineros por todo el país. Muchos se han ido a cocinar nuestros sabores por el mundo. Eso es bueno. Es otra forma de promover Venezuela. Pero muchos están aquí y sirven con orgullo nuestras cocinas regionales. Tenemos el mejor cacao del mundo. Lo reconocen en cualquier parte. Nadie lo discute. Los venezolanos nos sentimos mucho más cerca del chocolate que del petróleo. El primero es untuoso, goloso, suculento, amoroso. El segundo es pegostoso, hediondo, contaminante. Jamás ofreceríamos un barrilito de petróleo porque nadie va a hacer nada con eso. Pero si podemos ofrecerle un chocolate a todo el que entre al país, visite una posada o un restaurante. Los recibiremos en cada aeropuerto con un bombón. En todos debe decir: “Tenemos el mejor cacao del mundo”. Que esa sea nuestra marca. Nuestra echonería. Porque, además, es verdad.

Nos mortifica que tantos venezolanos se hayan ido al exterior. Pero les aseguro que muchos  padecen de inmensa nostalgia. Todos estarán dispuestos a convertirse en los más fajados embajadores de Venezuela a la hora de convencer a sus vecinos de venir a gozar de nuestras bondades. Jamás hemos tenido tantos voceros en el mundo entero. Y créanme que serán gratis. Los venezolanos nos desmoñamos por apoyar el país cuando hace falta.

Es nuestro momento. Ahora le toca al turismo. Hay mucho por resolver, pero lo haremos.