• Caracas (Venezuela)

Valentina Quintero

Al instante

Un spa que alivia los pesares de los larenses

Inmensa piscina con su Puente | Foto Pisapasito

Inmensa piscina con su Puente | Foto Pisapasito

Víctor Sosa se había dedicado a la cría de pollos, pero un día convenció a la familia de hacer una posada spa en los terrenos de Duaca. Fruto Vivas fue el arquitecto, Dilcia - su esposa médico fisiatra- entrenó a las terapistas. Víctor hijo aprendió todos los oficios para mantener Encuentro Spa en perfectas condiciones y su esposa Sofía reconoce que hasta le mejoró el carácter al dedicarse a sanar con masajes

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Víctor Sosa padre asegura que  por los predios de Duaca la gente vive más. Es ahí donde las cuencas hidrográficas de Venezuela se lanzan una para cada lado, el clima es perfecto, la humedad ideal, el sol calienta sin aturdir y la brisa sopla.

Así es de peculiar esta zona larense, que junto a Encuentro Spa queda el único garcero fuera del llano venezolano. Hicieron una laguna artificial para colocar botecitos de remo y que sirviera de riego si hacía falta. Pues las garzas fueron llegando y armaron su hogar en el árbol. Aparecen al final de la tarde con su alboroto, se duermen y alegran a la visita con el escándalo matutino.

Con esa amabilidad transcurre la vida de la familia Sosa. Si antes solo criaban pollos, el patriarca entendió que había que diversificar la economía familiar. Con esas tierras y ese clima, el turismo era la opción. Había que hacer una posada spa.

Un proyecto inmenso. La primera llamada fue a Fruto Vivas, arquitecto de los espacios abiertos y amigo de la familia. El proyecto es muy ambicioso, inmenso, con salones de conferencia, un gran hotel, restaurantes y fuente de soda. Ignoro si alguna vez lo concluirán, pero por los momentos adoro lo que existe.

Hay seis suites muy cómodas, con los techos altos, grandes ventanales, un baño por partes cuya ducha deja mirar el cielo y frondosísima vegetación en los alrededores. La piscina es inmensa, con un puente y espacio de sobra para ver el cielo y la laguna abajo. Al lado queda la fuente de soda que es el restaurante. Completamente abierta para que jamás pierdas la noción de donde te encuentras. Rica y sana comida a la hora precisa. Muchos vegetales.

Cerca de las habitaciones, por una caminería entre jardines y flores, queda el spa. Asombroso. Cuadrado, con un patio interior lleno de helechos apabullantes, corredores a los lados, muchos cubículos para masajes y terapias, unos baños enormes con su clóset para guardar los macundales y un salón maravilloso con piso de madera para hacer yoga, taichi o meditación.

Pero lo que nos paraliza es la piscina hacia un lado, helada y con un chorro divino que te da masajes de ideas y un jacuzzi grandote que se llena de agua muy caliente y espuma para que vivan el contraste entre ambas temperaturas. Si bien son posada y mucha gente se queda fines de semana o largas temporadas, el énfasis está en el spa. Fue lo que el público determinó. Llegan desde Barquisimeto, Acarigua, Valencia, Maracay o Caracas.

El spa. Dilcia -la madre de esta familia- es médico fisiatra. Todos la aman en la zona porque es generosa, sabia, dulce y serena. Encontró en el yoga el remedio a todos los males de espalda que nacieron con ella. Lo practica a diario y se lo recomienda a quien llegue. Ella y su marido han pasado largas temporadas en la India para perfeccionar la técnica y entender la filosofía.

Todas las mañanas Víctor padre da clases en el salón de piso de madera. Dilcia ha ido introduciendo novedades en las terapias. Si bien se aplican los masajes relajantes, las envolturas y las famosas terapias de pareja en un módulo con dos camillas y su jacuzzi privado, ya se han ido entrenando terapistas para trabajar los masajes orientales: ayurvédico tailandés, tuinai chino, shiatsu japonés y chiro dara.  Nos dimos un masaje relajante con envoltura de chocolate y baño en jacuzzi. Una divinidad.

La generación de relevo. Víctor Sosa hijo está en todas partes. Ama y se desvive por este invento de su padre que aceptó desde sus inicios. Ha aprendido cualquier oficio que pueda ser útil. Sabe de electricidad, plomería, albañilería, jardinería, riego, masajes, cocina y es el más gentil y emprendedor. Averiguó qué paseos podían hacerse por la zona, compró bicicletas para dos y uno y los acompaña, pero casi todos desisten en la primera subida. Los lleva a visitar el pueblo y conversar con la gente. Atiende todos los antojos. Recibe a los huéspedes, les carga las maletas, echa los cuentos, sugiere masajes y se mete en la cocina a supervisar. Es el alma del lugar. Igualito a las especias en la comida.

Su esposa, Sofía Rodríguez, es maestra en Duaca, ama a sus alumnos pero reconoce que cada día se dedica más al spa. Descubrió el masaje, las terapias, la meditación y se reconoce más apacible, con un carácter feliz, una sonrisa fresca, una calma que no la acompañaba. Es adorable. Su hijito -de nombre Víctor, por supuesto- corre dichoso por caminos y grama, goza la libertad y vivirá mucho, como toda la gente de Duaca. Es un gran lugar. Saldrán renovados, contentos y asombrados con la dedicación, el optimismo y la generosidad de toda esta familia.

Datos vitales

Encuentro Spa

Duaca, a 30 minutos de Barquisimeto.

Web: www.encuentrospa.com y  encuentrospa.net.ve

Teléfono: (0414) 530 3098

Correo: encuentrospa@gmail.com

Instagram y twitter: @encuentrospa