• Caracas (Venezuela)

Valentina Quintero

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Valentina Quintero

Un recorrido lento y feliz por Paraguaná

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El Imponente cerro Santa Aana / Pisapasito

El Imponente cerro Santa Aana / Pisapasito

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pocas veces tomo el rumbo de Punto Fijo cuando mi vida feliz y trashumante me conduce a Paraguaná. Prefiero dar la vuelta por Santa Ana, Moruy, Pueblo Nuevo, Buena Vista y El Hato para continuar hasta Las Cumaraguas, el cabo San Román y el Médano Blanco. Cada pueblo tiene su iglesia, su plaza, calles angostas, casas con ventanas grandotas, techos de tejas y gente que anda tranquila. Hay que andar despacio para ver y para sortear a los chivos, "el ganado" de Paraguaná.

También abundan los burros, pero estos se concentran en el istmo. Por eso es que debemos cruzarlo con sigilo aunque sea una recta que induce a la velocidad. Por andar despacio descubrimos unos sitios bien ricos para comer.

Comer suculento. El sitio mejor dotado para hacer feliz al paladar es Pueblo Nuevo. Diagonal a la plaza no hay forma de obviar la pastelería La Dulce Esquina. Una casita fucsia con sillas enfrente y el local con aroma a tortas caseras, arabescos en blanco y un toldo. Las hace Siria, una señora maravillosa que aprendió repostería con Arianni en La Casa del Aljibe. Cuenta su orgulloso marido José Luis Grimán, que desde que abrieron en 2010, vuela todo lo que hacen a diario. Un gringo que recorría el mundo buscando chesse cakes aseguró que esta se llevaba todos los honores. Nosotros probamos unos panes rellenos con dulce de leche. Estaban recién hechos. El dulce salía a chorros con cada bocado. Memorable instante. Volvería cada semana solo para repetir el placer goloso. Son extraordinarias sus tortas con las ruedas de piña por encima, la milhoja con crema pastelera batida a paleta y los suspiros. Imprescindible visita.

Cada vez que regreso, el aroma me conduce directo como en las comiquitas. Mantienen su calidad y todo el mundo lo sabe.

Más suculencias. En la calle Bolívar queda la casita del Dulce de Leche Extra. Es propiedad de las hermanas Osorio, quienes venden el dulce de leche más famoso y delicioso desde que lo empezaron a fabricar en 1931. Se llaman Dexi y Marbella Osorio, jamás se han movido de su mostrador, atienden personalmente, no se caracterizan por su encanto personal, son más bien serias y precisas, pero la verdad es que no compiten por el Miss Simpatía, sino por la calidad de su receta ancestral. Las visito desde hace más de 20 años y siempre deliro. Han incursionado en nuevos empaques con los íconos de Paraguaná como para llevar de regalo de viaje. También venden dulces típicos como las catalinas y los besitos de coco.

En una bodega que queda en la esquina de la calle Bolívar, al lado de la farmacia San José, es posible conseguir un dulce de leche de cabra maravilloso y artesanal, caserito, en barritas, con un troquel de florecitas.

Lo hace una señora en Jadacaquiva con la poca leche que le da su rebaño y lo lleva hasta Pueblo Nuevo. Hay que tener suerte para conseguirlo. En esa misma calle Bolívar, número 23, pregunten por Carmen Ramona Primera. Hace suculentas arepas peladas desde las 10:00 am de lunes a viernes y sábado y domingo desde las 7:00 am. Son excelentes. También ofrece la nata y el queso de Cumarebo y El Vínculo. Si tienen alguna dolencia, su papá cura sobando.

En el pueblo de Moruy, justo después de la estación de servicio que está en toda la entrada, nos detuvimos en Los Cujices de Leonardo José. ¡Qué maravilla de sitio! Bajo la sombra de los cujíes hay mesas y sillas Manaplas, un chinchorro de nylon por cada puesto para que los comensales reposen después de haber comido una bandeja donde colocan en torre ovejo, marrano, pollo, carne, queso y arepa pelada; todo asado. En un vasito plástico sirven la nata. La ración individual cuesta Bs 80, para 2 son Bs 150, y para 3 Bs 200. Es muy resuelto y bien sabroso. Para tomar ofrecen refrescos, cerveza y agua. Ves el asador bajo otro cují y de ahí sale todo.

Si llueve, el dueño ha tomado la previsión de colocar plástico sobre las ramas. La brisa es constante. Jamás hace calor.

Los baños quedan atrás. Son más bien precarios. Empiezan a asar a las 11:00 am de lunes a domingo y no paran hasta las 9:00 pm. Los fines de semana colocan inflables para los niños. Desde aquí sube el sendero hasta el cerro Santa Ana.

Subir al Santa Ana. Antes de instalarse a comer, pueden hacer la atómica y fascinante excursión al cerro Santa Ana.

Deben tener un guía confiable y salir tempranito en la mañana con muy poco equipaje. Lo más asombroso de este Monumento Natural, con 830 msnm, es su diversidad biológica, porque si en las zonas más bajas su vegetación es absolutamente desértica o xerófita, al iniciar el ascenso va variando a hidrófita, luego se entra en una selva nublada muy húmeda y en la cima casi parece páramo. Suban siempre viendo el paisaje, descansen, lleven mandarinas, naranjas o toronjas para que les alivien la sed y también agua, aunque existe un río. Unas buenas botas son vitales y una ropita bien esperrujía. Hay una cascada hermosa que parece lluvia. Báñense. Ya aquí están mucho más cerca de la cumbre. Al final el camino se hace más angosto, un poco más difícil, bastantes piedras y con algo de frío.

Al llegar a la cumbre pídanle al cielo que se aparte para que puedan ver toda la península, la sierra de San Luis, los médanos y hasta las vecinas islas de Aruba y Curazao. Agárrense duro porque los vientos huracanados los pueden poner a volar igualito que los gavilanes.

Lleven su comidita y siéntense a devorarla con esa naturaleza virgen y ese orgullo de la coronación. No dejen basura regada y si pueden, llévense la que encuentren. La naturaleza se los agradece. Son entre tres y cuatro horas sin mucho agite y con disfrute pleno. Al bajar, comen en el asadero y reposan en los chinchorros.

Ojalá la gobernadora hiciera cumplir la ley que prohíbe las bolsas plásticas en esta región; dejarían de ser los "adornos" de cactus y cujíes. Esta zona es área prioritaria para desarrollar el turismo.

Un grato hallazgo. Insisto en las bondades de andar despacio. Así fue como vimos unos letreros muy lindos que decían Hato Aguaque. La gráfica era tan delicada que decidimos buscarlo. ¡Gran idea! Se trata de la casa natal de Josefa Camejo, heroína paraguanera, defensora a ultranza de la causa patriótica. Se recuerda su valiente evacuación de Paraguaná cuando fue atacada por el realista José Antonio Puy.

Aún se conserva un frondoso cují de más de 400 años. Se mide su vida por los centímetros de su tronco. Bajo su sombra se reunía Josefa con su tropa.

Al lugar se le llama la plaza El Encuentro. La casa natal, con más de 250 años, es lindísima, con sus paredes de barro, los techos de tejas, los pisos originales, la troja un poco más allá donde se guardaban las cosechas, las puertas hechas de cardón o curarí y el fogón de Juliana, que así se llamaba la nana de esta heroína. Aquí nació Josefa Camejo, el 18 de mayo de 1791. Alcaldía y gobernación adquirieron la casa, la restauraron y la abrieron al público en 2010. Lo mantienen pulcro, la casa en medio de un inmenso patio de arena, muchos cujíes que dan sombra y un cerco de cactus que resguarda a los chivos. La información sobre Josefa Camejo es breve, pero emociona recorrer esta vieja casona paraguanera.

Notorio que estas construcciones respetaban el clima. Jamás se siente calor.