• Caracas (Venezuela)

Valentina Quintero

Al instante

En Margarita quieren playas temáticas

Puerto Cruz puede ser la playa del silencio, de los solitarios | Foto: Pablo Krisch

Puerto Cruz puede ser la playa del silencio, de los solitarios | Foto: Pablo Krisch

El Yaque es famoso en el mundo por sus vientos perfectos para practicar windsurf y kitesurf. Pues El Yaque quiere ser decretado "Playa deportista". Manzanillo pudiera ser "Playa de pescadores", Parguito de "surfistas", La Restinga de "Ostreras", abrir espacios para el kayak, decretar La Caracola también para deportistas y Juan Griego para "mirar"

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En una visita reciente a El Yaque supimos de un grupo que ha enviado propuestas a los Ministerios del Ambiente y de Turismo, y a la gente de turismo de Nueva Esparta para solicitar ser declarados "Playa deportista". "Sobran los motivos ­asegura Luis Daniel Núñez, que tiene una agencia dedicada a promover El Yaque (www.vivaelyaque.com, @vivaelyaque)­. De aquí salieron los campeones mundiales, hasta les hicieron una película, les lanzan alfombra roja en todas las competencias donde llegan, nadie logra repetir sus piruetas". Se refiere a Ricardo Campello, Gollito Estredo, Yoli de Brendt y Douglas Cheo Díaz, protagonistas de la producción venezolana El Yaque pueblo de campeones.

Durante los años noventa, llegaban a esta comunidad frente al mar deportistas del mundo entero llamados por esa voz de los vientos perfectos durante todo el año, la temperatura ideal, el sol radiante, el Caribe para ellos. Empezaron a construirse hoteles, se instalaron escuelas con excelentes equipos, abrieron restaurancitos, los jóvenes del pueblo aprendieron el deporte y se hicieron campeones, trabajan en las escuelas, son instructores. Windsurf y kitesurf se instalaron en El Yaque y le dieron fama mundial.

No obstante, entre la eliminación de todos los vuelos directos del exterior, la inseguridad y el control de cambio que obliga a acudir al mercado negro, los deportistas cambiaron de playa. Tuvieron que prescindir de todas nuestras ventajas ante la montaña de calamidades.

Ahora son los visitantes venezolanos quienes acuden a El Yaque. Pero no les interesa el deporte. Copian lo mismo que hacen en cualquier otro sitio.

La cava, las sillas y a echarse todo el día. Si se les acercan a proponerles un curso, cuando les dicen el precio contestan: "Con eso me compro una caja de whisky". Las escuelas están vacías y los kioscos han copado todos los espacios. Ya no queda sitio para que los deportistas despeguen. Porque todavía los hay, insisten, aman estos vientos perfectos, siguen entrenando, sueñan con imitar el buen modelo de los protagonistas de la película.

Adriana Ayala redactó la propuesta. Es kitesurfista, tiene su tiendita la "Kinkaya", una marca de trajes de baño especiales para los deportistas y se ocupa con esmero de la limpieza de la playa. Me mostró los papeles firmados como recibidos.

Deben prepararse para ser sede del Tour Mundial de Windsurf 2014.

Les concedo toda la razón.

Sería muy motivador llegar a El Yaque y conseguir fotografías en todos los hoteles y restaurantes con las piruetas de los campeones, carteles con su historia, las casas de sus familias señalizadas. Que todo El Yaque fuera una oda a este deporte para el que tenemos condiciones privilegiadas.

Que al entrar provocara intentarlo. Que los instructores fueran respetados, admirados y recibieran recursos para adquirir los equipos. Que continúe la visita que no practica el deporte ­está bien­, pero que sea respetuosa de los espacios.

Los kitesurfistas y windsurfistas requieren un área para volar, practicar, intentar nuevos retos. No pueden andar con la angustia de llevarse a alguien por delante. Se trata de especializarnos, profesionalizarnos, estimular este deporte para el cual tenemos condiciones envidiables.

Otras playas pueden sumarse. A partir de esta idea, se nos ocurren otras. Manzanillo ha sido siempre una bahía de pescadores. Al entrar o desde la carretera vemos los peñeros, las redes y las boyas con las nasas. Los margariteños son los mejores pescadores del Caribe.

Sus técnicas se copian en toda la región. Los peñeros son una creación nuestra. Basta visitar el Museo Marino en Boca del Río para entender este mérito.

Sería regio si la visita pudiera salir en jornadas de pesca, aprender algunas técnicas, convivir en la faena con estos pescadores. Admiraríamos su trabajo, los respetaríamos más y apreciaríamos lo que vale cada filete. Sería un ingreso extra para algunos y un atractivo diferente, genuino, que enaltece lo nuestro. Pienso en Manzanillo, pero seguramente pudiera sumarse Boca del Río.

Ya existe en Margarita una empresa llamada Arenas Tropicales, con Alfredo Lemoine a la cabeza, que se ha dedicado a promover la práctica del kayak, este deporte sereno, ecológico y feliz. Ofrecen un paseo precioso por los canales de La Restinga y en algunas lagunas.

Sería magnífico si esta práctica se extendiera a otras bahías tranquilas. Pienso en Guaraguao, por los predios del Concorde, Porlamar, Pampatar. Zonas que no son muy utilizadas por los bañistas, que tienen aguas tranquilas y que permitirían ir de una playa a otra a puro remo. Desde Manzanillo pudiéramos ir a La Propia o hasta el faro de Cabo Negro.

Distintas rutas según la capacidad de cada quien. Solamente requieren una regulación para que nadie nos lleve por delante. Ya hay gente capacitada en la misma isla. Pudieran solicitar el apoyo de Aramis Mateo, de Biotrek, quien ha remado con su kayak todas las costas venezolanas y se conoce cualquier recoveco feliz.

En el caso de la península de Macanao sería estupendo fomentar el ciclismo bastante más que los rustiqueros. Que lleguen a las playas solitarias y tengan hidratación, dónde parar sus bicicletas sin la angustia de que se las roben, algunos servicios básicos. Otro plan son las cabalgatas a orilla del mar en esa playa gigante que llega hasta La Restinga.

Surfear, caminar, contemplar. En el caso de Parguito puede pensarse en un área para practicar surf. No son compatibles los bañistas con las tablas. Puede ser hacia el centro de la playa. La Caracola es la zona donde van margariteños, navegados, anclados y de paso a caminar o trotar cada mañana. Muchos agradecerían buenos baños para salir directo al trabajo, con duchas y vestuarios, pulcros, un sitio para comer sano, pues provoca fruticas, yogurt y granola en lugar de fritangas, además de espacios para estirar. Que esa playa sea para la vida sana, con el aire de mar, el viento sabroso, las palmeras. Oficializar lo que ya se hace.

En Juan Griego necesitaríamos espacios para mirar. Que se decreten los atardeceres como un patrimonio. Habría que obligar a los restaurantes a prestar un buen servicio. Son una deshonra para esa visual.

Toda la visita se queja de la pésima comida y la terrible atención, pero vamos porque el sitio es privilegiado. A lo mejor se podría montar algo bien bonito en el propio castillo.

Puerto Cruz pudiera promoverse como el destino de los solitarios. No se permite la música, tampoco los rustiqueros. Ni siquiera los tarantines. Mucho menos los buhoneros. Es una playa para quienes quieren oír el mar, leer y estar en paz.

Sería muy triste que toda Margarita se convirtiera en la anarquía de playa El Agua. Fíjense lo que ya sucede en playa Caribe, con ese abusador que puso las cornetas de su casa dando al mar y obliga a quien vaya a escuchar ese tormento.

Lo que quisiera dejar como espíritu de esta propuesta es que tenemos mucho por hacer. Vamos a ser creativos.

Quien quiera la playa para echarse y ya, perfecto. Esos espacios abundan. Pero vamos a especializarnos. Vamos a diversificarnos. Vamos a promover lo nuestro. Margarita es el más extraordinario destino en el Caribe.