• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

Al instante

El verdadero problema en Venezuela

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Todavía hay gente que no entiende, que escoge vivir en estado de negación. “En Venezuela no tienes problema si te sabes mover”, le escuché decir a un venezolano que vive en Londres. Se lo dijo a un inglés que estuvo dos semanas de paseo en Margarita en enero de este año, disfrutando de las bondades del cambio de monedas duras en el mercado negro. Si vas a Venezuela con algunas libras eres millonario por un par de semanas o un mes. Le gustó tanto, que quiere volver en diciembre.

Confieso que los extranjeros que hacen turismo en Venezuela hoy en día me producen perplejidad. Demuestran un candor que lejos de enternecer, preocupa. Para empezar, no ven el riesgo que corren su vida e integridad personal en el territorio patrio. Y, para continuar, son completamente ignorantes del hecho de que su dinero no está contribuyendo con la economía de nuestro pobre país, sino con un sistema macabro de exclusiones y privilegios. Si vas a Margarita y pasas dos semanas viviendo a cuerpo de rey, 1) no estás realmente experimentando la realidad diaria de Venezuela, 2) los gerentes de ese hotel seguro le pagan no a uno, sino a varios pesados en distintas alcabalas para lograr que haya papel toilet en las habitaciones, y comida en el restaurante todos los días, 3) los empleados de ese hotel, las mucamas, los botones, los jardineros, seguro comen una o dos veces al día, con suerte, y probablemente han perdido peso de forma radical en los últimos meses. La imagen recuerda la película Hotel Rwanda.

Solo por ahora, y para efectos de esta entrega, perdonemos al extranjero que no tiene por qué conocer en detalle las penurias que padece Venezuela, y se sorprende al escuchar que hoy en día solo exportamos petróleo, y a medias. Él solo quiere un lugar bonito donde pasar vacaciones. Quien debe reflexionar acerca de los efectos de su ligereza es el venezolano que dice: “¡No, hombre! Margarita es divina”, o: “Yo tengo un amigo que va a Venezuela todos los meses, y le va más bien que el carajo. Nunca le ha pasado nada”.

El mismo venezolano que no entiende que nuestra aspiración individual y colectiva no puede seguir siendo estar bien conectados y tener privilegios, porque eso significa la supervivencia de unos pocos y la confirmación y validación de los vicios y perversiones que el chavismo practica con tanta maestría.

Venezuela no puede seguir siendo el país en el que a los que tienen real o acceso a dólares les va bien porque pueden hacer mercado en Aruba, comprar medicinas en Miami, o pagarle privilegios a un bachaquero, mientras muchos otros mueren de mengua y comen mango. Esto no puede seguir siendo lo normal, no puede seguir siendo la regla. La tolerancia y enaltecimiento del privilegio solo le dan un espaldarazo al poder impuesto, y lo perpetúan.

En Venezuela hay muchos problemas, la página y el tiempo no dan para enumerarlos. Pero el peor de todos, el medular, es la mentalidad de algunos de nosotros. Hagámosle un favor al país y cambiémosla a una que aspire al bienestar de todos. El problema somos nosotros, vamos a solucionarlo.