• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

Al instante

Lo que hicimos el 6-D

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El 6-D alcanzamos lo imposible. Y lo hicimos contra todos los pronósticos, en las condiciones más desventajosas: sin televisión, sin radio, sin dinero ni recursos, a patica, cara a cara, tocando puertas, conversando en la calle, pasando mensajes de boca en boca, por Internet malo, bajo las reglas macabras de la Ley de Procesos Electorales hecha a la medida de seguridades chavistas, ya perdidas y desmontadas, pero ahí para beneficiarlos a ellos, para darles más peso aún sin votos suficientes. Su viveza de 2009 no contó con los efectos corrosivos de su propia negligencia, ni con el pie de plomo de 8 millones de venezolanos hartos en 2015.

Les callamos la boca a los pesimistas y desertores con incredulidad y desprecio por el compatriota “acomodado”, “cómodo”, “flojo”, o “ignorante”, a esos que les encanta decir “este gobierno no sale con votos”, ¡ja! qué alivio descubrirlos equivocados. Demostramos que estamos despiertos, aunque a veces no parezca.

Comprobamos que la información y los mensajes buscan la forma de llegar, y alcanzan al destinatario, que las colas nefastas que todos hemos hecho por meses también fueron un foro de intercambio y debate, un hervidero, un miniparlamento. Ahí nos vimos la cara a diario y compartimos la inconformidad, pero también nos motivamos mutuamente a hacer uso de las herramientas que tenemos para cambiar las cosas.

Perdimos el miedo. A la violencia, a la represalia, a perder. Con aplomo lapidario, sin pelear con nadie, hicimos acto de presencia en todos los centros de votación, los urbanos, los rurales, los cercanos, los apartados, los peligrosos, los presumiblemente dominados por tiranos y sus malandros aliados, y votamos, nos quedamos, fuimos testigos, aguantamos atropellos con calma y sin perder el objetivo. “No me voy de aquí sin el acta”, me dijo una testigo de 22 años en un centro de votación en cualquier parte de Monagas que tuvo que calarse amenazas y empujones de fiscales y otros actores del proceso electoral cuando pidió el cierre del centro a las 7:20 pm y sin electores en cola. Al salir la recibió una masa de abrazos y agradecimientos de los ciudadanos de la localidad, “como si fuera Miss Venezuela”. Esto también lo hicimos, nos quisimos como hermanos.

Recuperamos el poder sobre nuestro destino, y lo hicimos unidos. Como un gran equipo, cada quien hizo su parte. Y en las horas más inciertas del 6-D, cuando el poder sin arraigo se procuraba márgenes de maniobra y tiempo, en unidad y sincronía, con inteligencia y eficiencia, se posicionó y regó como pólvora la mejor convicción de todas, el rumor más certero y real de todos, el número 113 se hizo popular e innegable. Increíble, pero cierto. Irreversible.

Pero lo más grande de todo lo que hicimos el 6-D fue alcanzar un consenso. Nos pusimos de acuerdo por primera vez. Nos reencontramos, queridos compatriotas, ¡qué sabroso! Nos hacíamos demasiada falta. 

Esta oda a lo imposible, no es –nada más– para elogiarnos, es para que después de la hazaña tengamos claro de qué somos capaces. Esta no es cualquier Victoria, es una llena de aprendizajes, mucho esfuerzo, mucho trabajo, y voluntad excepcional. Ya no hay nada que no podamos hacer, Venezuela.

La contundencia, tamaño y representatividad de lo que hicimos son mayores de lo que creemos. Imagino a Maduro preguntándose si todavía es presidente. A lo mejor se lo repite en el espejo cada mañana.