• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

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El efectismo como táctica

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La semana comenzó llena de noticias de “hora cero” en cuanto a la existencia y producción de alimentos, medicamentos básicos como el acetaminofén, y licores. Las colas se acentúan y se hacen dramáticamente visibles. Nada se consigue, y lo que hay sube de precio con el paso de los días. Por supuesto, los estudios de opinión ofrecen panoramas aplastantes de impopularidad y atribución de los problemas al gobierno, y todo en un año electoral…

Sin embargo, es un error pensar y asumir que el descontento y el padecimiento diarios se traducen automáticamente en voto castigo para el gobierno. Cuántas veces no hemos estado aquí en el pasado contando con los efectos de un cataclismo evidente, creyendo que el pueblo pondrá en su sitio al gobierno irresponsable aprovechando la oportunidad de una nueva fiesta democrática.

Y cuántas veces no nos ha agarrado con los pantalones abajo un gobierno hábil, efectista y experto en proveerse de victorias momentáneas en momentos de crisis. Nos han dejado con los ojos claros y sin vista con Dakazos y espasmos de precios justos, lamentándonos de su inmoralidad y ventajismo.

Hemos sido incapaces de anticipar patrones claritos de juego y nos hemos dormido en laureles de necesidad y miseria. Y ya va siendo hora de jugar con un poco más de sagacidad, de adelantar posibles escenarios y de prepararnos para responder con inteligencia al ventajismo, si es que queremos una oportunidad de cambio y oxígeno para este país.

El efectismo como táctica que emplea este gobierno incluye escándalos y trapos rojos, internos y externos; movidas bruscas y radicales de “nacionalismo” que apelan a identidades perdidas o inexistentes; movidas bruscas por “interés nacional” para empujar o modificar fechas inconvenientes; creación y alimentación de atmósferas de violencia capaces de alimentar el escenario anterior; y por supuesto, medidas económicas convulsivas y cercanas a eventos electorales que puestas en la perspectiva de la escasez y la miseria los dejan como héroes vencedores de enemigos externos y malvados, acaparadores y subidores de precios, responsables, incluso después de 18 años de revolución y control, de todos nuestros males.

No debe extrañarnos una aparición “sorpresiva” de aquí a diciembre de productos y provisiones suficientes para dos o tres meses, o capaces de arreglar navidades, aunque nos matemos en las colas por obtenerlos, y aunque en enero nos estemos comiendo un cable otra vez, pero milagrosas en medio del hambre y la imposibilidad de lavar la ropa.

Se supone que guerra avisada no mata soldado, y no es muy difícil predecir algunas tácticas. Dar en el clavo requiere estar preparados y salir al paso con unidad, organización e inteligencia.