• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

Al instante

Trampas y tentaciones en la nueva AN

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No hay duda de que los resultados aplanadores del 6-D han llevado al chavismo a replantear su juego. Se observan dos tipos de conducta: una claramente peleonera y de choque que parte de la negación del propio fracaso, con amenazas, insultos, gritos, detonaciones, y procuramiento de “bajas” en la nueva mayoría. Otra, que combinada con la anterior que es apabullante y ruidosa, busca recobrar algo del terreno y la popularidad perdidos, por la vía de la “propuesta de soluciones a la crisis”; sí, como si tuviesen dos meses en el gobierno, como si no la hubiesen ocasionado ellos. Dentro de esta última entran los cambios ministeriales; los decretos de emergencia, sobre la emergencia, de la emergencia; y los sempiternos llamados a “diálogo” con diversos sectores.

La idea detrás de la estrategia chavista es algo como esto: mientras gritamos y amenazamos, distraemos y dispersamos la atención, le hacemos creer a la ciudadanía que seguimos siendo poderosos, que tenemos cómo pisotear todavía, o en el peor de los casos, que nos hicieron trampa, y que todavía somos mayoría. Simultáneamente, reconocemos que hay una crisis –que continuamos atribuyendo a enemigos internos y externos, porque a pesar de que manejamos todo el dinero de este país, todavía nos friegan los grandes capitales... que realmente están en nuestras manos, pero shhhhh– y proponemos soluciones inviables. Si nos las niegan en la AN o en el resto de los sectores, entonces nos victimizamos y decimos por los medios que aún controlamos, que son ellos quienes no quieren solucionar los problemas.

El viejo truco de: “El presidente tiene un decreto bien chévere de emergencia económica para solucionar las colas y la escasez de medicinas, pero la oposición golpista no quiere colaborar. No lo dejan trabajar”.

Ahí está la trampa. Si los nuevos diputados no acceden a los decretos absurdos, no dejan trabajar, no quieren solucionar. Si acceden, cuando el decreto falle porque es un disparate, entonces la responsabilidad es de todos.

El caso es que se puede predecir con alguna certeza adónde llevará el debate el chavismo en su nuevo papel minoritario: 1) a apoyos que necesita el Ejecutivo, 2) a lamentos por falta de apoyos en el pasado al Ejecutivo y sus inventos, 3) al litigio y defensa permanentes a favor de sus íconos, de sus “logros”, de cosas que hicieron alguna vez pero que fueron insostenibles con el paso del tiempo o sencillamente insuficientes.

Pero no se puede caer en la tentación de entrar en un peloteo en ese terreno, porque eso solo les conviene a ellos; ni de intervenciones excesivamente largas, desordenadas y enfocadas en lo que queremos escucharnos decir, y no en lo que realmente necesita decirse. No hay tiempo para eso, aunque sean muchas las ganas de denunciar, argumentar, gritar verdades que existen en la calle y que se padecen a diario.

Sí, necesitamos que nuestros diputados hablen por nosotros y denuncien, pero que lo hagan con eficiencia y economía, optimizando el tiempo de micrófono, siendo concretos en cuanto a sus propuestas y, sobre todo, utilizando todos los recursos que ofrecen la Constitución y la ley, y las herramientas que tienen a su disposición para difundir su narrativa masivamente. Se observa un esfuerzo por balancear y planificar las intervenciones, pero no basta.

Necesitamos más coordinación, que trabajen en estrategias claras para cada sesión con tareas definidas, vocerías repartidas, escenarios dibujados. Cada intervención y oportunidad de discurso debe tratarse como un recurso precioso que debe aprovecharse y nunca desperdiciarse, ni por un minuto, porque la atención de la gente no es continua ni absoluta, y porque la expectativa es muy alta. La tarea que arrancó el 6-D implica un esfuerzo extraordinario: la coordinación de 112 voces. Si lo logran, harán más de la mitad del trabajo.