• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

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Valentina Issa Castrillo

Percepción es todo

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Lo que no se comunica, no existe. Esta, junto con la de “lo malo se comunica solo” son máximas que le aprendí a un equipo talentosísimo de expertos en comunicación estratégica que tuve el honor de conocer en un momento de la vida. Y los estrategas detrás de la gente que ocupa hoy el gobierno parecen comprenderlas y dominarlas con habilidad y torpeza simultáneamente.

Cuando retrasan la publicación de los índices de inflación y escasez mensuales y se esconden debajo de las piedras al ser increpados sobre ellos, deben creer que como no los comunican, no existen. Aunque los ciudadanos los padezcamos día a día. La movida estratégica es aguantar, y maquillar en el ínterin, las alarmantes cifras que lo que van es a contribuir con la “sensación de inflación y escasez” que ya se siente en el bolsillo y el vacío de lo que no se consigue. Esta movida, compra tiempo para estrategizar un poco más.

Y es que este gobierno es experto en sobrevivir a punta de bocanadas de oxígeno extendidas y meticulosamente procuradas. El inexorable paso del tiempo y las consecuencias de sus ineptitudes y modeluchos vencidos, hipócritas, y mal implementados los ponen contra la pared, calientan los ánimos, cuecen impopularidades. Pero es entonces, cuando parecen tener la soga al cuello, cuando además empiezan a cantar pajaritos redimidos y explotan escándalos en su contra, justo cuando “lo malo se comunica solo”, que toman la crisis, le dan la vuelta, y la convierten en una oportunidad de construir, posicionar y enquistar percepciones.

¿Hay colas muy notorias y visibles? ¿Nos están achacando el muerto a nosotros? Vámonos contra el vendedor que tiene más colas fuera de sus tiendas –casi 200 a escala nacional, 200 multiplicado por igual número de colas, ¡qué feo!–. Así, 1) creamos la sensación de que estamos haciendo algo, tomando el toro por los cachos, que llaman, 2) forzamos a las tiendas a meterse las colas donde mejor les quepa –dentro de la tienda, por lo menos–, 3) colocamos la idea de que los vendedores son unos delincuentes, 4) nos las ingeniamos para que las tiendas sigan abiertas y además vendan más cosas después de nuestras acciones de justicia, 5) quitamos la atención de la gente de esos escándalos que cantó hace poco algún traidor. Redondito.

“Parece que funcionó lo que hizo el gobierno, porque esta semana sacaron bastantes cosas, papel, champú”. Fue la respuesta que me dio una muchacha que trabaja cerca de un Farmatodo cuando le pregunté cómo había estado la tienda esa semana después de que detuvieron y llamaron criminales a los titulares de la cadena.

En esa muchacha quedó fija impecablemente la percepción de que la culpa de la escasez, las colas y el malestar la tiene Farmatodo y no el destrozo monumental que el gobierno ocupante ha hecho del aparato productivo y del sector privado, después de que el gobierno hizo “algo” ella vio productos –necesarios o no– en su tienda de confianza. Completemos con las declaraciones del vicepresidente acerca de cómo el gobierno “respeta la propiedad privada y el comercio”, pero no permitirá que los empresarios frieguen al pueblo. Las respeta tanto que las somete a procedimientos fiscalizadores excesivos y en algunos casos absurdos, toma por la fuerza empresas enteras, se hace de ellas y aprovecha su posición en el mercado, y así va ganando tiempo a punta de percepciones, y solo eso, para sobrevivir y avanzar. Conveniente, finalmente también estamos en año de elecciones.

Para este gobierno las percepciones son todo. Y para quien pretenda ser exitoso oponiéndose a él, el reto está en adelantarse a ellas y en desmontarlas.