• Caracas (Venezuela)

Valentina Issa Castrillo

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Carta a Leopoldo López

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Caracas, 13 de septiembre de 2015

 

Querido Leo,

 

Quería escribirte una carta y le consulté a un amigo que tenemos en común si podría hacértela llegar de alguna forma. Me sugirió hacerla pública, pues así tendría más chance de llegar a tus ojos, y le tomé la palabra.

Nunca te dije cómo llegué a tenerte el enorme respeto que te tengo. Fue en nuestro tiempo trabajando juntos. Estábamos en la recta final de las primarias y los equipos de trabajo de tu campaña y la de Henrique se fusionaron a raíz de la alianza. En ese momento comenzó lo que sería una enriquecedora integración de intelectos, experiencias, visiones y expectativas. Siendo la seguridad ciudadana mi tema de coordinación y el tuyo de especialidad, comenzamos a trabajar juntos semana a semana por lograr un programa de gobierno capaz de abordar y solucionar todas las aristas de un problema tan dramático y complejo. Me impresionó que a pesar de tu apretada agenda, siempre encontraras tiempo para participar en los debates, desde los más concretos hasta los más abstractos, desde las formas para materializar el desarme, hasta el papel y la importancia de la prevención de la violencia.

Hablabas con pasión de los temas, y hacías parecer que lograr un país seguro y en paz era posible, factible, incluso cuando nos encontrábamos en algún laberinto. Si me preguntas, quizás esa es en mi opinión la marca distintiva de un líder: instalar en otros la fe y la certeza de que los objetivos y aspiraciones pueden alcanzarse, que los problemas pueden solucionarse. En definitiva, para mí y otros miembros originarios del comando Tricolor-Venezuela, fue una gratísima experiencia –y en alguna medida una sorpresa– habernos integrado tan bien contigo y tu gente. Probó que los venezolanos somos capaces de echarle pichón a las cosas juntos y sumar, aunque seamos oponentes políticos o tengamos diferencias circunstanciales. Ojalá esa experiencia no hubiese sido solo un momento fugaz y pudiésemos rescatar un poco de ese espíritu hoy en todos los planos de la vida.

Para ser sincera, nunca estuve de acuerdo con que te entregaras. No mereces estar preso, Leo, y la naturaleza de los ocupantes actuales del gobierno en Venezuela da para que le saquen provecho estratégico a un preso político, y más a uno como tú. Me conmueven mucho los dulces Manuela y Leosan que, aunque pequeñitos y motivados a diario por su mamá, no pueden estar cerca de su papá. Me duelen también tus condiciones de reclusión y los maltratos que has sufrido. Pero en todo caso, respeto lo que hiciste, entiendo tus motivaciones, y sé que tus hijos también entenderán todo más adelante.

No estoy muy segura de que el país aprecie o entienda por completo lo que hiciste ni tus circunstancias actuales. Sí creo que impresiona e indigna a muchos, pero no a los suficientes. Quisiera que más gente pudiese entender el valor de “el que no la debe, no la teme” que está en el centro de tu injusta prisión. Que te entregaste porque no tenías nada de qué huir y que ahora estás siendo víctima, una vez más porque no es la primera vez, de la injusticia burda del cobarde que pisa a otros solo porque puede.

Cobardía es lo que está detrás de quien te aísla porque no puede contener tu influencia ni mucho menos competir por ella. Porque lo que hace quien no duda de su capacidad y liderazgo es competir en igualdad de condiciones por apoyo, seguidores y partidarios de su ideal en el libre mercado de las ideas. A ti necesitan ponerte lejos y usarte como ejemplo del poder de su bota. Pero insisto, lamento que más gente no sepa esto.

Cuenta conmigo para contar tu historia. Y sigue esforzándote por mantener tu espíritu inquebrantable como lo has hecho este año y medio, aunque a veces la desesperación amenace con invadirte. Apóyate en la idea de que el mundo necesita “factores de empatía y sensibilización” como tú que vivan, y así hagan evidente el drama de la injusticia para movilizarse y actuar para que otros no tengan que vivirla en el futuro. No desmayes, mejores días vendrán.

Comparto contigo un pensamiento del papa Francisco que resonó dentro de mí cuando lo leí: “No le temas al tiempo, nadie es eterno; no temas a las heridas, te hacen más fuerte; no temas al llanto, te limpia el alma; no le temas a los retos, te hacen más ágil; no temas equivocarte, te hace más sabio, y no le temas a la soledad, Dios está contigo siempre”.

Tu amiga,

Valentina