• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

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Valentín Arenas Amigó

El rescate de los valores

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Después de haber vivido la experiencia, bien dura por cierto, de dos regímenes comunistas –Cuba primero y Venezuela ahora–, y con edad suficiente, quiero hacer partícipes a mis fieles lectores de la tesis de grado de quien en 1950 era un estudiante de Derecho, y que, de haber sido aplicada la medida que en ella se proponía, Cuba no habría caído en eso que llaman “revolución” y Venezuela no tendría ahora de quién copiarse como sucede para desgracia de los venezolanos.

Los valores humanos no solo hay que enseñarlos sino practicarlos como lo único que garantiza que sean respetados. Estos valores, como la libertad y la justicia, se hacen sólidos cuando se le reconoce a la persona humana su condición de ser racional e “hijo de Dios”. Sin este reconocimiento previo, trabajar por el bien común, que es la meta de cualquier sociedad, constituida o no en Estado, no es posible. Cuando esto ocurre los actores de la economía que tienen el capital solo buscan su propio beneficio y los actores políticos hacen exactamente lo mismo, pero utilizando el poder como instrumento por la vía de la corrupción. En ambos casos, los valores dignidad humana, bien común y justicia social quedan excluidos o es muy poca su influencia en el bienestar de la sociedad.

Cuando aún no tenía 20 años de edad, ya pensaba así como consecuencia de formar parte de una familia con sólidos valores cristianos, de haber sido adicto a leer sobre la doctrina social de la Iglesia predicada tanto por mi padre como por el sacerdote jesuita Manuel Foyaca de la Concha. Fue esta prédica la que me permitió ver con lentes cristianos lo que podía suceder en Cuba si no se cambiaba el rumbo para tener una sociedad más justa y un Estado cuyo norte fuera el bienestar de todos y no el de unos pocos. Fue esto lo que me motivó a hacer la tesis de grado de abogado sobre este tema: “Ensayo sobre un nuevo concepto de la empresa”, que obtuvo la máxima calificación. La tesis se inspiró en estas dos frases del Papa: “No puede existir capital sin trabajo, ni trabajo sin capital” (León XIII), y esta otra: “El capital y el trabajo debieran unirse en una empresa común, pues el uno sin el otro son completamente ineficaces” (Pío XII).

Transcribo ahora solo algunos párrafos:

“Un temor colectivo parece proyectar su sombra sobre el futuro de los pueblos libres del mundo. Hambre, malestar social, guerras, esclavitud (…) y detrás de este telón no palpita más que la misma verdad: la mala distribución de las riquezas ha sido la causa de este instante crítico por el cual atraviesa la historia de la humanidad.

(...)

“Contra el comunismo no vale la bomba atómica, ni la propaganda del salvajismo soviético, contra el comunismo solo puede la justicia social. Cuando todos los hombres sean propietarios nadie será comunista, por la sencillísima razón de que nadie se pone la soga al cuello con sus propias manos. La grave situación internacional exige que se le haga la guerra al comunismo, pero en la única forma en que puede ser efectiva: nivelar un poco las riquezas, es decir, haciendo que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres. Y esa, precisamente, es la finalidad de esta tesis sobre la repartición de utilidades en las empresas.

“El tema que vamos a tratar busca la paz mediante la justicia social, porque tenemos que convencernos de que mientras haya hambre habrá guerra. Mientras una o dos naciones absorban el comercio y la banca mundial habrá guerra. Mientras las ansias desmedidas de lucro no sean sustituidas por la justicia social y la caridad cristiana, la situación del mundo seguirá siendo grave pues los males o se atacan en sus causas o no se acaban.

(...)

“Si los patronos fueran un poco más generosos y los obreros más pacientes y confiados, la repartición de utilidades en las empresa cubanas abriría una nueva era de paz social, aumentaría la producción y, como consecuencia, los empleos y el bienestar nacional. Creemos que ha llegado la hora de decir con León XIII que las riquezas tienen una función social que cumplir y que es mucho mejor satisfacer este mandato de la moral por iniciativa propia que por la imposición de un Estado comunista. Los ricos de Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, etc. fueron todos víctimas del comunismo. Ya no pueden repartir utilidades. (...) Empresas donde los trabajadores sean propietarios de un porcentaje de las acciones y participen de sus utilidades quedan blindadas contra el comunismo porque serán los trabajadores sus principales defensores.

“Dios quiera que los hombres de negocios cubanos sean más inteligentes y más generosos, y prefieran dar por las buenas lo que de otra forma podrían algún día perder por las malas” (La Habana, 25 de septiembre de 1950).

Fidel tomó el poder diez años después.