• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

Al instante

El mensaje de la revuelta

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Maduro como representante de la revuelta les está enviando a los venezolanos todos un mensaje que más claro no puede ser. La Asamblea Nacional que apruebe todas las leyes que quiera aprobar, pero que el régimen las cumpla es otra cosa. Pueden reunirse, tomar acuerdos en nombre del pueblo venezolano pero que un Ejecutivo autocrático los cumpla  es diferente. Si se sienten bien aprobando leyes que después no se cumplirán, sigan haciéndolo. Sigan creyendo que están en una democracia participativa.

Este es un mensaje cargado de sinceridad que, además, pone de manifiesto que el régimen que dice gobernar es una autocracia que no cree en la división y autonomía de los poderes sino en la dependencia de todos ellos del Poder Único que es el Poder Ejecutivo. Los demás son “oficinas” de este manejadas por un personal designado por el presidente siempre en la mejor disposición para cumplir sus instrucciones porque ellos saben bien que están ahí para eso. Portarse bien y cumplir instrucciones les garantiza la permanencia en el cargo.

La Asamblea Nacional elegida el 6 de diciembre por el pueblo soberano está integrada en su mayoría por ciudadanos que quieren vivir en democracia, pero eso no sucede en quienes heredaron el sistema autocrático que fue el que impusieron al tomar el poder y le llamaron, para confundir, “democracia participativa”, que nada tiene por supuesto de democracia y mucho menos de participativa, porque todos los poderes los ejerce uno solo: el autócrata.

Ahora, como en las elecciones para la Asamblea del 6 de diciembre el soberano votó por un cambio para regresar a la verdadera democracia, se confirmó que la mayoría del pueblo venezolano rechaza el vivir en una dictadura que es contraria a la cultura democrática que disfrutó durante cuatro décadas. La valoró, le cogió el gusto a la democracia y no quiere perderla nunca más y menos por la vía del engaño. Lo que está sucediendo justifica la reacción del pueblo.

La Asamblea en uso de sus atribuciones constitucionales aprueba leyes, o sea, cumple su labor legislando, y el Ejecutivo consecuente con su carácter autocrático se niega a darle cumplimiento burlando de esta manera no a los diputados sino al pueblo que fue el que los eligió. Así la Sala Constitucional, oficina del Ejecutivo encargada de hacer la justicia que este quiera, privó a la Asamblea Nacional de sus poderes constitucionales para controlar sus propios actos y redujo sus potestades de control político sobre el gobierno y la administración pública (decisión N° 9 del 01-03-2016). Y así un poder viciado funciona como una oficina más del Poder Ejecutivo, el único poder que existe en revolución. Los demás poderes, todos, pasan a ser oficinas del Ejecutivo.

De esta manera se mantiene la estructura política  propia de una democracia cuando en la práctica es un régimen autocrático para no llamarlo dictadura. Cuándo despertará el pueblo de este engaño-pesadilla que trató de venderle como democracia participativa lo que en la práctica funciona como la autocracia que es.