• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

Al instante

La destrucción del país es el objetivo

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Esta afirmación parece audaz. Invitamos al lector a que nos siga para que se dé cuenta de que no lo es. Después de la decisión del TSJ y el Poder Moral en el caso Miquilena y del fraude electoral de julio no queda otra alternativa que hablar bien claro y llamar las cosas por su nombre y apellido.

La destrucción del capitalismo como estructura, que fue la meta del comunismo marxista después de 1918, pasaba sobre las ruinas del primero para construir después una nueva y más feliz sociedad. El odio social y el enfrentamiento de clases fue el instrumento de lucha que se utilizó. Destruir el puntofijismo, o sea, la vieja sociedad feudal venezolana, es hoy la meta del chavismo a través de una revolución que se niega a revelar su contenido doctrinario para “no asustar” al venezolano, impulsada también a través del resentimiento social. Se habla de “el proyecto” pero no se le ha dicho todavía al pueblo en qué consiste. ¿Por qué ese misterio? Chávez es el comunicador carismático de este “proyecto” oculto, lo mismo hizo Fidel durante dos años, pero los verdaderos estrategas que lo manejan todo son Luis Miquilena y José V. Rangel y utilizan a un comunicador social estrella para satisfacer una frustración de vieja data sin importarles para nada que el comunicador y el país fracasen.

La destrucción de este país, para que pueda nacer “el otro”, el paraíso proletario, pasa por lo siguiente:

1.- Desacreditar a la Iglesia y dividirla, pues es una institución muy sólida con fuerte raíces populares. Se está intentando hacerlo. No tendrán éxito. No lo tuvo Fidel en 42 años.

2.- Destruir la economía privada para que la actividad económica prioritariamente quede en manos del Estado, a lo que ayuda esa potencia que es la industria petrolera. La desactivación de la economía, que ha signado estos quince meses de gobierno, y no casualmente, continuará así después de las elecciones, aunque ahora nos den a todos una “chupeta económica poselectoral” y de moderación en los medios para abrir un horizonte que está bien cerrado. Un empresariado fuerte es una resistencia al poder total. Se prefieren a las multinacionales porque ni les duele el país ni se pueden inmiscuir tampoco en la política interna venezolana. Un aliado perfecto y además un saludo amistoso al capitalismo salvaje.

3.- Destruir los sindicatos porque un sector laboral organizado es otra fuerte resistencia al poder total. Sindicatos oficiales, sí; sindicatos libres, NO. La corrupción se utiliza como pretexto para lograrlo, sin que un sindicalismo oficial sea ninguna garantía de mayor honestidad.

4.- Destruir a los medios de comunicación social amenazándoles su libertad. Primero con el artículo 58 de la Constitución y ahora con la Ley de Telecomunicaciones. Se trata de someterlos, pues son un peligro para cualquier autocracia.

5.- Destruir las instituciones públicas independientes, o sea, los poderes del Estado, lo que sucede cuando una sola persona los controla a todos. Se pierde la institucionalidad democrática, que implica el control legal del poder, y se sustituye por la institucionalidad autocrática, donde la voluntad del autócrata no se somete a la ley, sino esta a aquella. No es esto ningún  invento novedoso, más bien es la “contrarrevolución en marcha” porque se retrocede a tiempos anteriores a la Revolución Francesa (1789). El centralismo de la nueva Constitución, la designación a dedo de los poderes públicos, las decisiones complacientes del TSJ, las leyes que pasó por debajo de la mesa un Congresillo que a nadie representó sino al propio presidente, son apenas algunas muestras de la destrucción institucional del país que se está ejecutando. Y, para no dejar cabos sueltos y conscientes de la “aldea  global”, se buscó apoyo externo afiliándose al Foro de Sao Paulo, una organización subversiva de la izquierda guerrillera, de ideología marxista, a la que está afiliado el MBR-200 desde el 30 de mayo de 1995. Castro la preside. La FARC y el ELN, entre otros muchos grupos, forman parte de esta organización subversiva continental.

Frente a esta estrategia que busca destruir este país para, sobre sus ruinas,   edificar uno mejor –eso lo prometió también Castro y vean dónde está Cuba– la sociedad civil venezolana tiene que reaccionar, con la valentía y la contundencia que las circunstancias están exigiendo en forma concertada  a través de un frente civil para ejercer acciones pacíficas pero masivas.

La reacción civil ya se está motorizando, pero es necesario ampliar su base y profundizarla. Las elecciones pudieron y debieron ser la salida pacífica  y, sin duda, la más deseable, pero como decidió la empresa española Indra por el pueblo y se manipuló al CNE, la respuesta debe ser un paro cívico  nacional no para realizar manifestaciones de calle, ni para quemar cauchos o alterar el orden público, sino para que un país paralizado, muerto, le indique al gobierno que la sociedad civil es la que tiene la mayor fuerza social y el mayor número de ciudadanos en sus filas y que exige más respeto.

La actuación de la Fuerza Armada institucional debiera ser la última alternativa para defender al país de la destrucción a la que se lo somete. No es la mejor vía, pero aun en tal caso siempre será necesario una sociedad civil, organizada y poderosa, con la capacidad de darle su respaldo a quien impida con su actuación que el país de nuestros hijos y nietos sea destruido  tras la búsqueda de promesas e ilusiones que lo único que logran es poder y más poder. (Ya Miquilena tiene bastante poder sin ninguna credibilidad pública).

Respaldo al CNE para que gane, cualquiera sea el vencedor, con votos. Y, llegado el caso extremo, respaldo a la institución FAN garante por tradición de la institucionalidad democrática venezolana, de la cual ellos y sus familias forman con, orgullo militar, una parte muy importante.

Nada se pierde y es mucho lo que se puede ganar montando este aparato ciudadano.

 

NOTA: Este artículo fue  publicado el 18-06-2000 en El Globo; reproducido días después por Omar Lares en El Universal el 22 de junio de 2000, y en el 2001 el 20 de abril del 2007.

 

*Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB

alenri@gmail.com