• Caracas (Venezuela)

Valentín Arenas Amigó

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Valentín Arenas Amigó

La democracia participativa está escondida

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Las elecciones municipales en San Diego y el Táchira pretenden confirmar que vivimos en una democracia participativa y protagónica. ¿Quién puede dudarlo después de haber reconocido el CNE la aplastante victoria de las esposas de los dos alcaldes de esos municipios que fueron destituidos por demócratas y están presos? Vale la pena recordar los antecedentes de estos dos casos.

Estos alcaldes fueron ambos elegidos con una amplia mayoría de votos por el soberano pueblo de sus respectivos municipios, pero, al permitir que ese pueblo protestara ejerciendo un derecho constitucional, la soberanía popular le fue desconocida por el único soberano en una autocracia: el autócrata. Y para confirmarlo ambos alcaldes fueron condenados por la Secretaría Judicial del Ejecutivo, anterior TSJ, despojados de sus cargos de elección popular y, además, encarcelados.
Todo esto en nombre de la democracia “participativa y protagónica” usurpando la soberanía popular. El CNE convocó, después de esta violación de la Constitución, a nuevas elecciones para reemplazar “democráticamente” a ambos alcaldes. Sus respectivas esposas se presentaron entonces como candidatas y los electores de ambos municipios se pronunciaron y arrasaron en número de votos. Esta vez el régimen, dada la poca trascendencia de una elección municipal para su estabilidad política, accedió a reconocer la voluntad popular, pues no estaba en peligro que el Ejecutivo perdiera el control de sus secretarías, o sea, de los que antes fueron poderes del Estado.

Tres cosas hay que hacer notar en estas elecciones municipales consecuencias de un verdadero atropello a la soberanía popular de los habitantes de ambos municipios. La primera es que ese día había también elecciones presidenciales en Colombia, a las que acudieron millones de electores y, a pesar del alto volumen de participantes, el resultado fue dado por lo menos dos horas antes de los resultados en San Cristóbal y San Diego, luciéndose así el CNE no por la velocidad, sino por la lentitud con que actuó para dar el resultado de la votación. De nuevo la desconfianza en el árbitro quedó comprobada. Si la elección hubiera sido para presidente habrían actuado con mayor rapidez. ¿O acaso será que les costó a los rectores reconocer tremenda paliza? Seleccione usted la respuesta que le parezca mejor.

Este resultado sirvió también para demostrar la imparcialidad del árbitro y acreditarlo (?) para cuando haya elecciones regionales, a diputados o presidenciales. El CNE piensa que ganó así el crédito que necesita recuperar después de un historial tan negativo como el que acumuló durante estos quince años. La tercera consecuencia es que celebrar elecciones no es tener democracia si se vive en una autocracia donde la soberanía le fue secuestrada al pueblo, único soberano, manipulando el voto popular.

*Profesor de Instituciones Políticas de la UCAB.